Ra Cletara

Autor: 

Carlos Antonio Noda Ávila
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11 Abril 2019
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Crédito de fotografía: 

Ilustraciones Luis E. Aparicio Pérez-Delgado.

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Los jolae, largos tubos de arcilla, se extienden por todo el lugar. La música se eleva suave, triste y desesperada. Alguien cometería el error de compararla con los grandes órganos de las catedrales. Y no estarían más equivocados. Sería comparar el sonido de latas vacías con la majestuosidad de una cascada. Los habitantes de este planeta adoran la música. Le dicen Ra Cletara (Diosa Armonía, Diosa Perfecta, Diosa Sublime, Diosa Maravilla). Los gaissua (palabra con que identifican sus templos), siempre están en construcción, son inmensos socavones que se hunden en la tierra con una paciencia de siglos.

Los bla creen ra, adeptos del culto usan sus manos para romper la roca y hacer agujeros por donde pasar los jolae. Un verdadero devoto jamás utilizaría herramientas de ninguna clase. Su dedicación es absoluta y vigilan sin descanso la perfección acústica. Los bla creen ra parecen insectos, pero ser y parecer son cosas muy distintas. Su piel es gruesa, tan dura que forma alrededor de su cuerpo un exoesqueleto macizo y compacto, capaz de soportar inmensas presiones. Y tiene que ser así, de otro modo no podrían sobrevivir. En los túneles ocurren incontables derrumbes.

Los bla creen ra dedican su vida por entero en horadar la tierra. Creen que algún día llegarán al centro de su planeta, donde vive Ra Cletara. Hasta entonces siguen colocando los jolae con lealtad infinita. No he podido decirles que nunca llegarán; no al menos con su tecnología. Los túneles seguirán derrumbándose por el propio peso de la tierra. Y los jolae, esos tubos de arcilla regurgitada, se harán pedazos.

En la punta más profunda de cada gaissua está el DuanPerel (Portal del Cielo, Puerta del Paraíso, Entrada del Centro). Es el lugar más sagrado y el más peligroso. Los bla creen ra que bajan allí, siempre son los más ancianos, los más enfermos, o moribundos. Van a ofrendarle su último canto a la diosa. Las colonias superan los miles de individuos. Todos ellos trabajan al unísono, guiados por la voz que se escucha por los jolae desde el DuanPerel. Los bla creen ra son sociables, y muy unidos; más de lo que puede esperarse de mamíferos inteligentes.

El concepto de familia se extiende por todo el socavón, incluso a los individuos que atrapan de otros templos. Eso es lo que piensan de mí. ¡Qué vengo de un hueco bajo la tierra…! Aquí me llaman Brein Ra, que significa cantante, adorador, defensor y hasta amante de la diosa. Los bla creen ra no pueden concebir un mundo sin socavones, ni Ra Cletara. Están seguros que si el planeta Tierra escuchara su música, podría salvarse. Gracias al cielo temen salir de sus templos como a la muerte. El riesgo de ser atrapados por la melodía de otros gaissua es muy alto. No logran comprender que existe un universo más allá de ellos. Prefieren creer que vengo de un templo lejano; muy lejano.

A veces cuando trabajo cerca de la superficie y hay silencio logro subir para ver las estrellas. Mi nave espacial continúa dormida como una gigantesca tarántula de cuatro patas.

Cuando llegué a este planeta emití una señal de auxilio. Pero cambié de opinión; les dije:

— Si alguien escucha esta grabación, no vengan a buscarme. Repito, no lo hagan. Yo no puedo volver. Su música; no puedo vivir sin ella, es mi vida, mi alma, mi vicio… Si, aún así, deciden venir, qué Dios se apiade de sus almas y de la mía.

Me llamaba NemoLaudate; soy explorador, o al menos lo era hasta que llegué hasta este lugar. ¡Dios mío, ya comienzan a cantar otra vez…! Tengo las manos y los dedos en carne viva, el dolor es atroz. Debo bajar otra vez. ¡Yo no puedo detenerme…! Bajo otra vez por los túneles oscuros.

Me guía el suave tacto de sus voces. Es el primer canto de la mañana. Las voces del coro aumentan de intensidad y preparan el Aisé (Alabanza Divina, Gloria Majestuosa, Ofrenda Celestial, Canto Primero, Voz Guía), con tantos posibles significados que no podría decirlos todos.

Hoy canta Cheera en el DuanPerel, su voz suena dulce y bella como un violín. El Aisé comienza y de inmediato soy transportado a un mundo maravilloso. Un lugar lleno de luz, arco iris, ángeles, cruces, coronas, trompetas, escudos, espadas. Cheera ha dejado de cantar, empieza el interludio de la sepultura. Ella ahora se encuentra con Ra Cletara.

Ojalá pudiera describirles lo que siento, pero es imposible, solo tengo lágrimas y más lágrimas. El tiempo se ha ido volando, ya debe ser de noche. Tengo el rostro lleno de tierra y las manos son llamaradas de puro dolor. Todas mis uñas están rotas, sangrantes; pero estoy satisfecho con mi trabajo.

Los bla creen ra me llaman. En el DuanPerel esperan por mí. No quiero ir. Sus voces me obligan a obedecer. Las fiebres y el trabajo me tienen por completo agotado. No sé si pueda soportar otro día. Desciendo a una profundidad insoportable. Hay una depresión excavada en el suelo. ¡Dios mío, es una tumba…! Los bla creen ra que mueren allí son apilonados unos sobre otros. Utilizan su dura piel para formar una pared.

Entro en el Dual Perel, el nerviosismo me hace temblar. Ellos desean que cante en mi idioma. Dicen que así Ra Cletara viajará hasta mi planeta y lo salvará. La voz del coro empieza el primer canto de otro día. Sus voces me hacen recordar. Veo una catedral, voces humanas que salmodian. Hablan de un Dios hermoso, humilde, maravilloso, incomparable, sublime. Un Dios en definitiva como Ra Cletara. El coro de los bla creen ra se prepara para el Aisé. A solo unos metros están las bocas de los jolae. La voz estalla en mi garganta; debo cantar o morir:

¡¡GLORIA…!!

¡¡DEO…!!

¡¡MAGNIFICANT…!!

Los bla creen ra no entienden una palabra de lo que digo. Pero no importa, no importa en absoluto. Mis manos se hunden en la tierra. Este dolor es placer para Ra Cletara. Excavo sin premura ni dilación. Mi vida es la ofrenda para mi diosa. Dedico mi voz y mi trabajo para ella. Hoy mismo formaré parte del DuanPerel y llegaré a su presencia. El canto del coro se detiene de imprevisto. Sé lo que significa. Es el interludio de la sepultura. Ya no puedo trabajar; mis manos no me obedecen, tengo fiebre y me retuerzo de dolor como si tuviera fuego en las manos.

— ¡Puedo seguir…! ¡Puedo seguir…! ¡Puedo seguir…! — ruego con desesperación. Los bla creen ra me ofrecen el saoi. El agua del sueño eterno es tibia, y dulce. Me cargan en sus potentes brazos y soy depositado entre los cuerpos que rodean el Dual Perel. Mi corazón comienza a latir despacio, muy despacio. Finalmente dejo de llorar. Ellos no paran de felicitarme y chocan sus tenazas llenos de aprobación. Hoy mismo estaré en presencia de Ra Cletara. El segundo canto de la mañana comienza. La voz potente de Diera es preciosa, grácil, infinita, angelical, poderosa, llena de felicidad, y placer.

Es posible que no pueda volver abrir los ojos, pero no puedo evitarlo. Es demasiado tarde para mí; solo puedo cantar…

 

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