Réquiem para Rosalind

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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16 Abril 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

Tomada de The Conversation

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El campus de la universidad King´s College de Londres abrió sus puertas para Rosalind Franklin en enero de 1951. La joven investigadora acababa de regresar de París tras haber merecido una beca de estudios otorgada por la institución académica.

En la capital francesa, la ya doctora en ciencias había trabajado intensamente en el Laboratorio Central de Servicios Químicos del Estado. Desde la instalación científica comenzó a aprender el manejo de técnicas de difracción de rayos X en cristales. Las experiencias acumuladas en esa entidad se tornarían valiosas solo unos meses después, cuando comenzó a estudiar el ácido desoxirribonucleico (ADN).

John Randall, jefe en la Unidad de Biofísica del Consejo de Investigación Médica asociado al centro universitario británico, consiguió introducir a Franklin en el programa de estudios sobre la molécula. El director quería contar con “ojos atentos” dentro del proyecto iniciado por Murice Wilkins y Raymon Gosling, pioneros de la materia.

La científica trabajó con ambos expertos, aunque era Gosling quien realmente se preocupaba por su desempeño. La actitud de Wilkins hacia la joven de origen judío siempre fue recelosa.

Rosalind no se detuvo a pesar de las tiranteces y dedicó sus conocimientos previos al estudio de la estructura del ADN. Sus armas fueron una reajustada microcámara y un tubo de enfoque fino para rayos X, los cuales aplicó a muestras sobrehidratadas.

Gracias a sus aportes, los especialistas constataron que existían dos formas de la molécula. La fibra se tornaba delgada y larga cuando la humedad era alta (variante A). Sin embargo, en estado seco, adoptaba una figura corta y ancha (variante B).

Las tensiones en el laboratorio se incrementaban. Wilkins creía que Franklin mantenía una postura de superioridad y se irritaba con facilidad ante cualquier comentario de la científica. Randall tomó partido y dividió en dos al equipo de investigación.

La joven especialista y Gosling seleccionaron la variante A, mientras Wilkins se dedicó a la B. Las tecnologías fueron perfeccionadas e incluso el equipo dedicado a la fibra alargada comenzó a aplicar la función de Patterson a las imágenes del ADN.

A principios de 1953, Franklin había rectificado sus datos y superado los conflictos sobre las diferencias entre ambas fibras. Los resultados concluían que ambas variantes de la molécula tenían forma helicoidal. La experta comenzó a escribir una serie de artículos científicos donde se incluía un esqueleto del ADN con una doble cadena.

Al mismo tiempo que avanzaban las pesquisas en el King´s College, otra pareja de estudiosos, radicados en la universidad de Cambridge, se enfrascaba en la misma tarea.

Las contribuciones de James Watson y Francis Crick ayudaron a comprender la copia y trasmisión del ADN de una generación a otra. Años después, Arthur Kornberg desarrollaría las pruebas experimentales que demostrarían la exactitud de los resultados. Los estudiosos fueron premiados con un Nobel de Medicina en 1962.

Sin embargo, es conocido que ambos expertos tomaron como punto de partida los estudios la Unidad de Biofísica del Consejo de Investigación Médica donde trabajaba Franklin.

 

“Foto 51”: imagen de la difracción con Rayos X de una molécula de ADN, realizada en 1951 por Rosalind Franklin y Raymond Gosling.

La foto 51 y la información “robada”

Cerca de febrero de 1953, James Watson viajó al King´s College. Quería poner a prueba las conjeturas de otro investigador de la competencia. Wilkins no se encontraba en el laboratorio y fue Franklin quien se entrevistó con el investigador.

El dialogo fue en extremo adusto. Watson exigía a la muchacha que debía mostrarle sus resultados y sugirió, de forma irrespetuosa, que ella no podría interpretar los datos obtenidos. Franklin se enojó e intentó buscar apoyo en el experto dedicado a la variante B, quien acababa de regresar a las instalaciones.

Las diferencias entre Wilkins y Franklin se evidenciaron una vez más. El investigador del King´s College apoyó al experto de Cambridge en lugar de a su compañera. Deliberadamente, mostró a Watson una de las imágenes obtenidas por la experta y Gosling, la foto 51.

A partir de la foto y los cálculos iniciados en Londres, la pareja de Cambridge consiguió terminar un artículo que la revista Nature sacó a la luz en marzo de 1953. El estudio se convirtió en un punto de referencia para las ciencias biológicas por su detallada descripción del primer modelo correcto de la molécula de ADN como una doble hélice.

El trabajo de la joven y de Gosling fue reconocido en un breve artículo dentro de la publicación periódica. Sin embargo, Franklin ya no pertenecía al equipo del King´s College. La muchacha decidió marcharse del centro académico debido a los desacuerdos con sus colegas.

¿Un icono feminista?

Rosalind falleció en 1958 con solo 37 años. Pasó los últimos meses de su vida postrada por un severo cáncer de ovarios y otras complicaciones asociadas. Todavía pocos sospechaban el alcance de sus pesquisas en las conclusiones publicadas por Watson y Crick.

El par de Cambridge, junto a Wilkins, fue galardonado con el Nobel de Medicina en una fastuosa ceremonia donde solo uno de ellos mencionó brevemente el nombre de Franklin.

Las reglas del lauro no permiten hacer reconocimientos post mortem a los investigadores. Sin embargo, los amigos más íntimos de la muchacha siempre especularon que, de todos modos, el comité de selección no habría decidido agasajarla. En los años 50 y 60 todavía prevalecían actitudes sexistas en el mundo de la ciencia como en el resto de la sociedad.

Poco después, Watson publicó sus memorias en un libro titulado La doble hélice. Curiosamente, no ocultó su animadversión hacia la investigadora que fotografió la molécula de ADN. Durante todo el texto desestimó los aportes de la joven y en el documento se refirió todo el tiempo a ella como “Rosie”, un apodo que la científica detestaba.

Poco a poco, los desprecios sufridos por Franklin fueron saliendo a la luz. A lo largo de casi 60 años, la figura de James Watson ha perdido credibilidad. Sus comentarios racistas y xenófobos han impactado a la opinión pública lo cual le valió el rechazo de la comunidad académica.

 

“Disposición de 3 cadenas implica un giro [por lo tanto] ¡UNA HÉLICE!”. Momento en que Franklin anotó por primera vez su descubrimiento.

Rosalind nunca imaginó convertirse en un estandarte de la lucha por los derechos de la mujer. Su hermana y biógrafa, Anne Sayre, aseguró en una oportunidad que Franklin se veía a sí misma como una científica y no le daba importancia al género. No obstante, su legado ha inspirado a muchas otras investigadoras a lo largo de todo el mundo.

La muchacha era callada, gustaba de mirar a los ojos de las personas cuando hablaba y sus maneras eran hoscas a veces. Nada de eso justifica no haberla tratado el respeto debido. Rosalind no obtuvo la medalla del Nobel, pero no habrá manera de que quede relegada en el olvido.

 

Foto: Tomada de agenciasinc.es

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