La resurrección de la papelería oculta de Finlay

Autor: 

Emilio L Herrera Villa
|
15 Abril 2020
| |
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Cerró los párpados para protegerse. Cuando los abrió, tuvo que pestañear en reiteradas ocasiones antes de volver a echar un vistazo a la habitación. Todavía el aire era denso, demasiado tupido para un archivo de mediano tamaño. Las estanterías lucían repletas de folios, documentos, fragmentos amarillentos e ilegibles. Para la técnica de servicios archivísticos Camila Alemán, el olor acre a polvo siempre le pareció un tónico de vida, pero aquella tarde le asfixiaba.

Partículas contaminantes, propias de la suciedad, la incitaron a pensar en un sinnúmero de amenazas. Su cabeza explotó por el desorden: las manchas se esparcían hacia todas direcciones, el moho corroía el metal de los archivadores, y telas de araña entrelazaban espacios donde no corría el aire.

Al tocar la primera manija de un estante, sus guantes se ennegrecieron. Camila sabía que le esperaba un arduo trabajo, aun así dominó su agobio y deslizó la gaveta ferrosa con la ilusión de adentrarse en otra realidad. Quizás, la próxima carpeta le hiciera meditar sobre la relevancia que puede existir en una hoja sepia.

Durante siete años, la sede actual de la Academia permaneció cerrada. Esto significó que gran parte de la documentación se mantuvo en un local clausurado, sin las condiciones necesarias para su conservación. Al abrir las puertas, el primer proceso fue inventariar y limpiar lo posible”, ilustra la Msc. Danays Perera López, directora de Patrimonio y Museología de la Academia de Ciencias de Cuba.

“La mudanza contribuyó al desorden y a acelerar el deterioro”, añade Camila Alemán. “Al regresar a esta sala y observar el entorno de la documentación por poco me echo a llorar. Fue difícil empezar los procesos de identificación, organización, especificación y descripción de todo el archivo. Cuando llegamos a Finlay, reencontramos una papelería en muy mal estado. Algunos manuscritos se podían desvanecer en las manos. Había que trabajar con mucho cuidado para no perderlos”.

La vulnerabilidad de los documentos históricos depende del estado de conservación. Dicho encierro ocasionó fragilidad en muchos sentidos, al incidir de forma directa en niveles de humedad, suciedad y temperatura desencajados de los parámetros aceptables de preservación. El papel puede padecer deterioro físico y químico debido a varios factores. Con frecuencia, estos problemas son resultado de la degradación natural de los ácidos presentes en su composición, así como de la tinta utilizada. Aunque existen otras causas cercanas a la incidencia inmediata del hombre. Entre ellas, se destacan la manipulación, transporte y la ausencia de limpieza, la cual provoca el aumento de polvo y microorganismos, desencadenantes, todos, de la destrucción visible en los documentos.

Nos reencontramos con otros papeles de Carlos J. Finlay. Ahora, contamos con seis nuevas cubiertas con tenedoras de unos mil 500 documentos. No podemos identificarla como un fondo personal, pues este comienza desde la niñez hasta el fallecimiento; sin embargo, es- tos manuscritos abarcan gran parte de su vida. Poseemos un legajo muy completo”, explica Camila Alemán.

Etiología de la fiebre amarilla. Tesis de Finlay sobre la causa de la enfermedad Foto: (Emilio L. Herrera Villa)

La papelería del prominente científico estaba almacenada en simples carpetas. Por suerte o casualidad, quizás por ambas, de todas las malas noticias estas fueron las mejores recibidas.

“Debido al pH neutro de estas carpetas, el proceso de conservación aguantó un poquito más”, comenta Camila mientras se inclina sobre un grupo de escritos amarillentos. “Si se hubiesen guardado en cajas, hoy no tendríamos ninguno de estos documentos de Finlay, cuyo contenido se encuentra aún sin analizar”.

Hoja digitalizada del informe “Aclimatación e Higiene de los Europeos en Cuba”, presentado por el Dr. Carlos J. Finlay con opción a uno de los premios de la Real Academia. (Foto: Cortesía de SOCIT)

Cualquier acervo intelectual contiene un caudal inmenso de saberes. Por lo tanto, resulta una fuente generadora y consumidora de información, lo cual permite, a quienes la examinan, consolidar o reescribir sus criterios. Esta papelería, recién salida a la luz, hace de las anotaciones, de la correspondencia personal y oficial, y demás observaciones de Finlay, un material único e irreemplazable para conformar una historia más completa del científico.

“Desde hace un año la dirección de Gestión de Patrimonio y Museología de la Academia tiene como objetivo organizar los procesos de identificación, conservación y promoción de todo este gran patrimonio documental de Finlay. Es prioridad que nuestros originales vuelvan a ser causa de consulta, pero ahora en soportes más benévolos con la papelería de las colecciones. Por desgracia, no tenemos todo el personal capacitado para recortar los tiempos de entrega, ni contamos con el equipamiento necesario para consumar todo el ciclo de la información. No podíamos hacerlo solos, por eso recurrimos a las alianzas estratégicas con otras instituciones”, puntualiza la Msc. Danays Perera López.

La triple alianza

Para garantizar la protección, la disponibilidad y la preservación del legado de Carlos J. Finlay, considerado el más grande científico cubano de todos los tiempos, surge el proyecto Finlay Digital entre la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana (FCOM) y la Sociedad Cubana de Ciencias de la Información (SOCICT).

Asegurar la conservación en las mejores condiciones posibles, es una prioridad para los archiveros cubanos. (Foto: Emilio L. Herrera Villa)

“Comenzamos por el descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla porque él es un símbolo de la ciencia de este país. No va a ser el único, ni el último. Sencillamente será el primero. Decidimos colaborar con el Grupo de Humanidades Digitales de la FCOM pues ellos son idóneos para apoyar el proceso docente-investigativo y a la vez salvaguardar el patrimonio informativo-bibliográfico de la Academia de Ciencias de Cuba, de la cual somos una parte indisoluble”, argumenta la Dra. María A. Soto Balbón, Presidenta de Sociedad Cubana de Ciencias de la Información.

“Los fondos de los archivos representan el caudal de acciones reales, perspectivas y pensamientos de los seres humanos”, señala la Dra. Ania R. Hernández Quintana, jefa de disciplina de Organización del Conocimiento de la FCOM.

Estudiantes y profesores del Grupo de Humanidades Digitales. (Foto: cortesía de la Dra. Sulema Rodríguez Roche)

“La memoria de la nación tiene un derrotero muy importante de sabiduría y a nosotros nos interesa estudiar tanto las particularidades físicas de las colecciones como los contenidos que ellas portan. Estos manuscritos son inéditos en su mayoría. Difícilmente, un investigador de Guantánamo o de Finlandia pueda tener acceso a ese tipo de material. Tenemos un compromiso con la preservación del patrimonio documental del país, por eso ayudamos a proteger esa papelería para las presentes y futuras generaciones”, agrega. A partir de una donación de dos escáneres profesionales de alta resolución a la SOCICT (Kafé y Activista), se acordó juntar esa tecnología con el personal capacitado de la Academia y con un grupo de estudiantes de la Facultad de Comunicación.

En Finlay Digital participan, 12 educandos de primero, segundo y cuarto año: cada uno en distintas fases o procesos. El proyecto, que ya cuenta con un año de trabajo, se diseñó para extenderse todo el curso. No solo durante las prácticas laborales, sino mediante encuentros sistemáticos todas las semanas.

A consideración de Lía González Aranda, estudiante de segundo año de Ciencias de la Información, esta propuesta docente es una escuela en muchos sentidos:

“Recibimos clases-taller de restauración sobre cómo recuperar la información afectada por plagas, huecos y otros daños y cómo utilizar los medios de protección, las formas más eficientes para maniobrar con las herramientas. Era bastante material inédito. En un primer momento nos centramos en todos los manuscritos de puño y letra de Finlay. Los inventariamos y luego lo digitalizamos con los escáneres. Sin dudas, una gran experiencia”.

La Dra. Ania R. Hernández agrega que los alumnos se enfrentan a varios desafíos, para ellos novedosos: “Un estudiante que recién empieza aún desconoce las distintas formas de manipulación, las medidas de protección, la gestión del documento. Ese contacto anticipado es algo muy motivante en su formación, pero no deja de ser un reto por el valor de los fondos”.

Otra de las ganancias del proyecto radica en conectar desde primer año a los futuros profesionales de las Ciencias de la Información con las instituciones que se dedican a preservar la documentación histórica del país. Semejante unión, además de aumentar la experiencia laboral de los educandos, reconoce en estos jóvenes a una fuerza útil, productiva y necesaria.

“A mi consideración, un elemento vital de esta investigación se observa a partir del crecimiento experimentado por los estudiantes”, explica la Dra. Sulema Rodríguez Roche, profesora y codirectora del Grupo de Humanidades Digitales. “Ellos se transformaron en unos ‘bichos multidisciplinares’. Hemos ahondado en conocimientos de lingüística, antologías, taxonomías. Era abarcar muchos saberes, pero trayéndolos a nuestra perspectiva de contenido. Es notable su evolución individual, su progreso como equipo, como ciudadanos con un sentido de responsabilidad creciente. No se queda a nivel de papel, de currículo. Ellos lo hacen, y ese es un efecto muy positivo de esta alianza”.

La valía de un papel deteriorado

Los documentos preservados en los archivos son la memoria viva de nuestro pasado. El conocimiento veraz de los hechos, más allá de su innegable valor y significado, otorga la posibilidad de poder enriquecer y, en algunos casos, reescribir los sucesos. Papelería tan abundante y diversa como la de Carlos J. Finlay facilita una enorme gama de información; no solo de carácter científico, sino también sobre la vida social, cultural y política de las disímiles etapas históricas experimentadas por el sabio cubano.

“Aparecieron cosas que ni imaginábamos. Encontramos su título de medicina y su acta de defunción. Fui una de las primeras en ver esa certificación. Recuerdo que la coloqué en la mesa y me quedé pasmada mirándola. Impresionante e invaluable”, comenta con orgullo la técnica Camila Alemán.

La Dra. María A. Soto Balbón, Presidenta de Sociedad Cubana de Ciencias de la Información (SOCICT), junto a los escáneres de alta resolución que digitalizaron la papelería de Finlay.
(Foto: Emilio L. Herrera Villa)

“Sobre los documentos fundacionales no se tiene conocimiento público. Tampoco sobre los científicos que crearon la Academia de Ciencias. Estas figuras, a pesar de ser grandes estudiosos, eran personas normales: con un proceder propio, familia, amigos. Muchas de sus cartas, de su quehacer investigativo cotidiano, están en esas carpetas almacenadas en el archivo. Sus valores de consulta son enormes”, afirma la Dra. Soto Balbón.

Entre la papelería reencontrada se halla la tesis sobre el agente transmisor de la fiebre amarilla, análisis y anotaciones derivadas de ella, correspondencia dirigida a amigos, a compañeros de la Academia, recetas médicas, recibos, y demás manuscritos.

“Uno de los documentos más interesantes es una especie de registro donde llevaba la evolución de los enfermos”, prosigue la estudiante Lía González Aranda. “En ellos podemos indagar sobre los nombres y apellidos de los pacientes, las causas de ingreso, los síntomas, diagnósticos, tratamientos recomendados por él”.

A criterio de Senen Jonathan Zayas, compañero de estudios de Lía, es un deber mantener a salvo estos escritos para que los interesados conozcan muchas cuestiones inexploradas sobre la vida y obra de Finlay: “Existe un documento que explica un experimento con un perro, porque antes de ensayar en humanos lo hizo primero con animales. ¿Cuántos conocemos hoy esa historia? Y ese es uno de los tantos manuscritos. Tenemos una noción, pero hasta que no analicemos todo no sabremos a plenitud la magnitud de lo reencontrado”.

Debido a la importancia de esta papelería, la ACC prioriza a académicos e investigadores, lo cual no quiere decir que otras personas no puedan revisarlos.

“Todos tienen el privilegio de que se les cuente y enseñe la sabiduría existente en esos documentos. Una de las principales conquistas de nuestro Estado es el derecho a la información. Por eso, no le podemos decir a un pionerito que está investigando sobre la vida de Finlay, que no se le permite revisar esa papelería. Eso jamás. Pero, para poder cumplir con ese derecho, necesitamos inventariar, procesar, clasificar, preservar y representar esa enseñanza en otros medios más asequibles y que a la vez permitan la conservación del original”, declara la directora de Patrimonio y Museología de la Academia de Ciencias de Cuba, Danays Perera López.

Digitalización, ¿única solución para el futuro?

Los soportes clásicos y tradicionales, incluidos los libros, cada año malogran una línea de vida en su batalla contra el tiempo. Nada puede garantizar que no se pierdan manuscritos y demás testimonios que evidencian la evolución de las sociedades y del hombre.

Consciente del peligro que significaría perder la memoria histórica, la humanidad creó métodos de conservación del patrimonio documental que aseguran, al menos, una copia. Las virtudes de esta época electrónica y digitalizada, ayudan a facilitar, y hacer más rápido y eficiente, el acceso a las fuentes de información.

Según Camila Alemán, el proceso de digitalización presenta muchas ventajas inmediatas: “La ganancia está en proteger el original. Evitar el contacto, la manipulación constante, la sudoración y la suciedad. Todo esto maltrata, crea laceraciones, intencionadas o no, en los manuscritos. También, evitamos el robo de piezas únicas. Se acaban los problemas de espacio, de limpieza. Desde mi punto de vista es muy ventajoso”.

La digitalización no es solo un cambio de soporte por otro más factible y benévolo. Eso sería simplista. Su propósito principal, al menos para todas las alianzas que confluyen en Finlay Digital, radica en difundir la información contenida a una mayor cantidad de usuarios mediante mecanismos más eficientes, complejos y completos que los convencionales.

“No es solo digitalizar. No es solo manipular. Procesamos los contenidos. Ahora estamos en el momento donde, ya estudiados los software, analizamos, con- formamos las descripciones documentales, generamos bases de datos y creamos un producto web de ac- ceso abierto para cubanos y extranjeros. Los usuarios tendrán la posibilidad de ver los registros históricos de forma íntegra, pero, además, comentada y entrelazada con la obra bibliográfica de Finlay. Esa es la finalidad. Calculamos que para finales del 2020 esté con- sumado”, aclara la Dra. Ania R. Hernández Quintana, jefa de disciplina de Organización del Conocimiento de la FCOM.

Respecto a esta concepción, la también catedrática, Dra. Sulema Rodríguez Roche, indica a Juventud Técnica las ambiciones del Grupo de Humanidades Digitales.

Nosotros vamos más allá. Nos ocupamos de lo que sucede después. Creamos una base de datos. Posibilitamos la pesquisa dentro de los documentos. Se podrá buscar por categorías (lugares, tipos de enfermedades, personas a las que Finlay escribió). Es una forma de potenciar el uso de los saberes de mano con la tecnología. Los expertos de la información existimos para satisfacer esas necesidades de los usuarios. Dejamos de ser intermediarios directos para convertirnos en proveedores. Ese es el futuro. Se digitaliza para el uso, para la difusión. Yo veo este proyecto como un laboratorio para demostrar que las humanidades digitales buscan la transversalización de las ciencias de la información en dos dimensiones esenciales: la formación y la investigación. Las maneras de cómo concebirlo, organizarlo e implementarlo lo confirman”.

Las posibilidades de la digitalización de documentos históricos son generosas y a la vez consecuentes con la política de informatización del país y con los cimientos de un futuro gobierno electrónico. De aprovecharse las bondades de la web, las utilidades crecerían exponencialmente en relación al acceso, la inmediatez, la eficiencia, y la rentabilidad de los procesos archivísticos tradicionales. En cuanto a la difusión, Internet es la red comunicacional idónea para propagar la papelería inédita de Finlay. No obstante, su disfrute no debe ser causa para cerrar los ojos a otros temas aún latentes.

El principal reto para la ACC radica en que no con tamos con todos los recursos humanos ni materiales: dígase equipamiento e insumos necesarios para el procesamiento y la restauración de todo el caudal de saberes guardado en nuestros fondos históricos. Y eso, más que un reto es una gran preocupación”, confiesa la Msc. Danays Perera López.

En tanto, su colega de la Academia, Camila Alemán, refiere que esa dificultad no es exclusiva de la institución, sino de la mayoría de archivos a lo largo y ancho de la nación:

“Eso da al traste que no se pueda conservar la documentación como es debido. Una pequeña restauración lleva un papel especial y una serie de condiciones que ahora mismo no poseemos. Por lo menos la digitalización permite salvaguardar el original sin que el usuario deje de interactuar con la sabiduría que reúne”.

Los especialistas tienen razón: de nada vale digitalizar, si los fondos continúan en creciente deterioro. La preservación requiere un cuidado permanente, así como un entorno de temperatura y humedad adecuado para extender la vida del documento. La restauración también necesita de mimos para salvar el manuscrito de roturas, de la degradación del papel, del amarillamiento, del ataque biológico por microorganismos, insectos y demás animales que pudieran ingresar en los archivos.

“Todavía resta camino en la conservación y rehabilitación de los documentos. No basta con digitalizar el patrimonio. Hay que conservarlo, preservarlo y restaurarlo. Los locales deben tener los niveles de humedad e iluminación adecuados. Que alcancen el instrumental, las estanterías. Eso no es un pensamiento de una so- la institución, eso debe ser un pensamiento de nación porque es la memoria histórica del país la que se pierde”, declara la Dra. María A. Soto Balbón.

Durante el cuarto Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su IX Legislatura, el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, debatió con diputados sobre el programa gubernamental para la conservación de la memoria histórica y la gestión documental. En la sesión expresó que “con sensibilidad y responsabilidad seguiremos aportando a este programa”, lo cual prevé para este 2020 una política de mejorías, que incluya más recursos para rehabilitar las condiciones de los inmuebles que custodian nuestra historia.

En vida, Carlos J. Finlay sufrió el mutismo y el abandono de varios de sus coterráneos. Si bien no se pudo cuestionar su lugar como el primero en tipificar el vector, estudiarlo y crear las principales medidas sanitarias para mitigar su impacto epidemiológico, se le despojó por muchos años del mérito de sus hallazgos. Hoy, un grupo de instituciones y personal de la información, plasman todas sus ganas, todos sus me dios y toda su fe en rescatar la papelería oculta de este gran hombre de ciencia. Quedaron bien lejos los tiempos de desidia. Finlay no está solo. Renace, por ahora, digital.

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