Retro-otaku revive a retro-futurista

Autor: 

Dariel Pradas
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03 Mayo 2018
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Crédito de fotografía: 

Cortesía del proyecto Dialfa

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“…Antes de que la humanidad hubiera nacido en este mundo, las estrellas ya brillaban en los cielos. Mucho después de que la humanidad haya pasado, las estrellas continuarán brillando. Mientras ellas vivan, la humanidad respetará el Mar de las Estrellas... y valorará su propio destino”, avizora, con tipografía Calibri, una primera diapositiva de las expuestas por Ángel Leandro Gómez, el conferencista invitado esta vez por Proyecto Dialfa.

El proyecto cultural Dialfa organiza en el teatro de la biblioteca Rubén Martínez Villena una conferencia sobre la obra del mangaka Leiji Matsumoto.

Sin embargo, dicha reflexión no pertenece a este joven amante de la ciencia ficción en el manga, considerado por sí mismo como un “retro-otaku”, sino a uno de sus paradigmas narrativos: Leiji Matsumoto, a su vez, un “retro-futurista” por excelencia.

Leiji Matsumto, el padre de la space opera japonesa, nació el 25 de enero de 1938, en la prefectura de Fukuoka, en Kurume. Su obra consta con un total de 35 títulos en manga, 21 de los cuales fueron llevados al anime. (crédito: www.myanimelist.cdn-dena.com)

La comunidad otaku cubana se desvive por (casi) toda la cultura pop japonesa: sus videojuegos, sus dibujos animados (anime) y sus comics (manga), entre otros. Pero Matsumoto, para ellos, parece haber muerto tras un harakiri, camino a Edo.

Así como Gómez disfruta más de los animes ancestrales, Matsumoto se inspira en películas sobre el viejo y lejano oeste. Lo curioso es que este dibujante o mangaka japonés es reverenciado, en la nación nipona, como padre de la space opera, subgénero de la ciencia ficción donde los elementos dramáticos se convierten en el centro de la trama. Matsumoto recrea westerns en desiertos galácticos, peleas de bares con pistolas ultramodernas, una nave espacial con la popa de un galeón español…

En el 2010, miembros de Queen encargaron a Leiji Matsumoto la creación de un videoclip para conmemorar el 18º aniversario de la banda desde la muerte de Freddie Mercury.

En la conferencia, Ángel se emociona con el diseño y la psicología de los personajes del “leijiverso”. Está visiblemente nervioso ante el público de 20 personas que asiste al teatro de la biblioteca Rubén Martínez Villena, en la Plaza de Armas de La Habana colonial.

Es un evento como otros que organiza mensualmente el proyecto cultural Dialfa, promotor en la Isla del arte y la literatura fantásticos.

Dice William Suárez, uno de los directivos de Dialfa, que en el salón de conferencias hormiguean, el último sábado de cada mes, los seguidores de la materia fantástica. La obra de Matsumoto fue una propuesta de Gómez, quien es miembro fundador de otro proyecto llamado Pulp Comic Back, que divulga tanto historietas cubanas como extranjeras.

“Surgió la necesidad del tema por el desconocimiento que se tiene de ese autor”, afirma Ángel. Confiesa, además, que la idea llegó a raíz de un evento nacional: la Convención de Ciencia Ficción y Fantasía Behíque, también gestionado por Dialfa. Una amiga suya cosplayer se había disfrazado de Esmeralda, protagónico femenino de Matsumoto, y al reconocerle el disfraz, la muchacha señaló que él había sido el primero de todos en lograrlo.

No cabía en la mente del conferencista que la propia comunidad otaku ignorara el legado del padre de la space opera japonesa. De ahí que tuviera que rescatar del olvido al pirata espacial Capitán Harlock, a Maetel y Tetsuro, junto al resto de los miembros del leijiverso, para desnudarlos frente al proyector de la biblioteca.

Prácticamente, cada historia del autor confluye en el mismo imaginario: el protagonista de una se transforma en el antagónico de la otra. La cronología de este universo creado por Leiji Matsumoto es tan compleja como la de La guerra de las galaxias o Star Trek, incluso por momentos parece una copia. Por otro lado, los personajes adquieren tanta profundidad psicológica que hasta Yoss, tal vez el escritor cubano de ciencia ficción mejor conocido por el público, acude a la conferencia.

Yoss, el escritor cubano de ciencia ficción, se considera un fanático de la narrativa de Leiji Matsumoto y un seguidor de las actividades del proyecto Dialfa (crédito: Ernesto Eimil Reigosa)

“Siempre es bueno ver reunido todo el cuerpo narrativo de uno de los grandes del manga y el anime en espacios tan breve como este”, celebra Yoss, un joven ya algo crecido, con facha y melena que se antoja como un personaje entre manga y estrella punk.

“Somos en Cuba tres o cuatro autores los que hemos seguido más a Matsumoto. Puedo hablar de Erick Mota y Erick Flores, quienes han tocado más directamente el tema de la space opera; de alguna manera, también lo ha hecho Michel Encinosa. Creo que Matsumoto, incluso para muchos que no son capaces de identificarlo por el nombre, sí ha sido, por el estilo de dibujo y algunas de sus obras, una referencia constante”, valora Yoss.

“Fin”, sentencia la última diapositiva del conferencista.

Los espectadores se dispersan. Algunos se van; otros se acercan a los organizadores a copiar en memorias flash la filmografía del autor en cuestión. Lejos de la efusividad, Ángel, aún nervioso, declara a JT su manifiesto retro-otaku:

“El anime de hoy no es lo que era antes. Antes se hacía por amor al arte. Ahora se hace por consumo, como una cadena de supermercado. Mi interés es que se aprecie lo nuevo, pero no se olvide lo viejo, porque de este surgió todo lo que vino después”.

“El anime de hoy no es lo que era antes. Antes se hacía por amor al arte. Ahora se hace por consumo, como una cadena de supermercado”, dice Ángel Leandro Gómez, un retro-otaku empedernido. (crédito: Ernesto Eimil Reigosa)

 

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