Saliendo del matraz

Autor: 

Estudiantes de Química
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18 Mayo 2016
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Crédito de fotografía: 

Rolando Padilla Hernández

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Por :Sheila Alfonso Martín, Dunia Delgado Jáuregui, Laura Sofía López Rizo, Greter Morera Ruiz y William E. Cáceres Hernández *

Edición: Daymaris Martínez Rubio

En Cuba, a principios del milenio, el ingreso a la enseñanza superior en carreras como Química, Biología, la punta de una enredada madeja. Física y Matemática exhibía una situación desfavorable. Aunque con probabilidad se debiera a una creciente crisis de percepción de las ciencias, el hecho era apenas la punta de una enredada madeja.

Hacia 2008, un estudio llevado a cabo por el Ministerio de Educación Superior determinó cómo sería cubierta la demanda de licenciados de estas especialidades, teniendo en cuenta la matrícula en aulas de las universidades de La Habana, Las Villas y Oriente. Los resultados fueron elocuentes. Entre ese año y 2013, el mayor déficit se concentraría en la carrera de Química y ascendería a no menos de 746 profesionales. En orden decreciente le seguirían Matemática (555), Física (455) y Biología (233).

La necesidad de revertir la situación en el menor plazo posible era clara. Fue en ese contexto que surgió la idea de un plan de captación para estudiantes de undécimo grado interesados en culminar el preuniversitario en sus futuras casas de altos estudios.

Para el curso 2009-2010 se iniciaba el Proyecto Grado 12, con el propósito de contribuir a la reafirmación de vocaciones por las ciencias exactas y naturales. En un proceso riguroso y selectivo, las facultades rectoras tendrían a su cargo la elaboración de temarios, con la particularidad de ser aplicados y evaluados en las mismas sedes donde un año después un máximo de 30 estudiantes por especialidad obtendría sus títulos.

La arrancada fue estimulante y para el curso 2010-2011, la primera graduación del Proyecto Grado 12, solo en la UH, sumaba un total de 125 nuevos ingresos repartidos como sigue: Química (28), Física (22), Ingeniería Física (20), Biología (30) y Matemática (25). El éxito parecía cuestión de tiempo.

Entre los cursos 1999/2000 y 2008/2009, el comportamiento de los indicadores de nuevo ingreso en carreras de perfil científico reflejaba una situación desfavorable, excepto en Biología donde la mayor dificultad estuvo en la permanencia. (Fuente: Ponencia “Resultados de indicadores docentes de estudiantes en carreras priorizadas del MES”. MES.).


Una historia escrita por cobayas

Renunciar a la zona de confort de un grupo social conocido no es fácil ni habitual entre adolescentes. Lo sabe Yanet García, actual estudiante de Química, aunque no lo pensó dos veces frente a la oportunidad de estudiar en “La Colina”.

Siempre le interesaron las ciencias, la Química en especial, afirmó en entrevista con autores de este estudio, pero fue la idea de realizar el duodécimo grado en la Universidad de La Habana UH uno de los más fuertes atractivos.

Coincidía, además, con una época en que la formación vocacional, las prácticas de laboratorios o las visitas a centros vinculados al desarrollo de la ciencia y la tecnología, eran una deuda para los planes de estudio de los preuniversitarios cubanos, salvo para algunos institutos de ciencias exactas (IPVCE), aunque la prioridad era notablemente escasa.

Así, no parecía complicado atraer a las aulas a jóvenes curiosos e interesados en un proyecto de futuro, basado en una vía expedita de acceso a la universidad. Pese a todo, los criterios para evaluar el cumplimiento de las expectativas iniciales son, en la distancia, diversos, según aseguraron egresados del Proyecto que hoy cursan estudios en la Facultad de Química.
Aunque la mayoría de los encuestados pudo mostrarse satisfecha o, al menos, conforme con la experiencia, una realidad diferente percibieron ex miembros de preselecciones nacionales, para quienes la homogeneidad de los planes de estudio significó una ralentización del ritmo de aprendizaje logrado en sus institutos de origen.

En aspectos como la atención diferenciada a concursos, el Proyecto Grado 12 no pasó el listón de sus aspiraciones, lamenta David Hernández, estudiante del quinto año de Química, egresado del primer curso. (Foto: Rolando Padilla)

David Hernández, egresado del primer curso del Proyecto, lo resumía así: “Siento que tuve una mejor preparación para concurso en mi preuniversitario”, mientras que Alberto Luis Chala era más enfático: “Los conocimientos del duodécimo grado no fueron los que me ayudaron mayormente en el primer año de universidad, sino los que ya traía de la preparación para preselección nacional”.

Era previsible. Las expectativas de alumnos de alto rendimiento, habituados a un riguroso plan de estudios que incluye contenidos de la enseñanza superior, chocaban con la realidad de una propuesta donde, al menos para la carrera de Química de la UH, la atención diferenciada no fue concebida.

No obstante, el propio Chala colocaba entre sus mayores satisfacciones el acceso a “las prácticas de laboratorio, las cuales nunca había visto en mi pre, al igual que los seminarios integradores y las conferencias sobre la especialidad. Desde este punto de vista, sí puedo decir que el Proyecto incentivó mi formación vocacional, pues ya tenía una idea más concreta acerca de la carrera por la cual estaba optando”.

Aunque el plan de estudios del Proyecto Grado 12 es, básicamente, el mismo al aplicado en IPVCE, contempla algunas variaciones en cuanto a actividades enfocadas a consolidar la formación vocacional y de habilidades específicas. Diferencias que para el caso de la Química suponen ventajas en cuanto a prácticas de laboratorio, acceso a conferencias de personalidades científicas de Cuba y el mundo, visitas a centros de investigación y la garantía de un claustro de aguda experiencia.

Por esas y otras razones, a la pregunta acerca de qué factores influyeron en un mejor acomodo al sistema universitario, varios entrevistados respondieron con un compendio de razones subjetivas. “Estar en la universidad” desde un año antes y recibir clases de “los mismos profesores” que volverían a ver el curso siguiente, sirvió de mucho en el “proceso de adaptación” a un sistema de estudio diferente.

 “Convivir con estudiantes de otra formación en el nivel medio superior y participar en la dinámica propia de la vida universitaria ha sido muy enriquecedor. Nos hemos convertido en una familia de amigos”, explicaba Claudia Suárez (graduada del segundo año del Proyecto).


Datos puros y (algunos) duros
Para indagar sobre la eficiencia del Proyecto Grado 12 nada luce mejor que un surtido de estadísticas, hechos y opiniones. Según profesores del primer año de la carrera de Química, las ventajas relacionadas con los conocimientos y la preparación académica son evidentes. Algo muy similar sucede en cuanto a habilidades para la experimentación en una avanzada que, según pudo conocerse, estará mucho más motivada con la carrera y el establecimiento de vínculos tempranos con proyectos de investigación en la universidad y extramuros.
Pero, ¿cómo había variado la eficiencia del experimento hasta el momento de la entrevista? Pedro Ortiz, profesor de Química Inorgánica I, observaba que luego del éxito de sus primeras graduaciones, cada año que pasaba el número de buenos estudiantes decrecía. De hecho, “este curso (2014-2015) casi no puedo distinguir entre los estudiantes provenientes del proyecto y los del preuniversitario”, aseguraba la profesora María del Carmen Rivalda, de Análisis Matemático I.

¿Qué había cambiado entonces? “La preparación”, suponía, debido entre otras causas a inestabilidad con el claustro, que ha llegado a ser frecuente en un mismo curso. “Por otro lado, el número de estudiantes que entra al Proyecto es superior al concebido inicialmente. Esto quiere decir que han disminuido los requisitos básicos con que debe cumplir el nuevo ingreso y también que ha habido descuidos y errores que afectan la preparación de los egresados”.

La pérdida de eficiencia, coincidieron los docentes entrevistados, es innegable comparada con años anteriores, probablemente influenciada por una tendencia a la masividad en la captación de estudiantes que no ha resultado, precisamente, una ganancia.

Con todo, el experimento continúa graduando anualmente un alto número de estudiantes en comparación con aquellos que ingresa, un altísimo por ciento de los cuales llega a las aulas universitarias.

La promoción limpia (PL) alcanzada por los estudiantes del Programa Grado 12 en la Facultad de Química (FQ), fue superior todos los años a la lograda por el total de la matrícula en cada año.

Ello no solo garantiza el cumplimiento del principal objetivo para el cual fue creado, sino la formación de un joven mejor preparado para la vida académica, incluido el tránsito por el exigente régimen universitario.

Sin la efectividad del Proyecto la situación en las aulas universitarias en facultades de ciencias sería con probabilidad muy diferente, pues, pese a aspectos necesitados de urgente mejoría, su aporte es significativamente mayor. Aunque no debería inducir al conformismo.

Partiendo de considerar a la ciencia y la tecnología como procesos sociales, resulta más claro que la solución no es puntual ni pertenece a un segmento específico del Triángulo de Sábato; esto es: no es solo un asunto del gobierno o de la universidad o del sector empresarial. El déficit de profesores, las precarias condiciones materiales y el escaso interés social por el conocimiento es hoy, a todos los niveles de enseñanza, un problema real, un problema de todos.

Así, lo que deriva de este breve análisis situado en el contexto de la Facultad de Química de la UH, es la defensa de una iniciativa que no solo ha significado una mejora en la formación vocacional de sus graduados, sino un aumento del número y la calidad del nuevo ingreso. Aunque este último indicador ha sido insostenible.

Para los egresados del Proyecto Grado 12 de la UH, la posibilidad de graduarse en el Aula Magna es doble. (Foto: cortesía de los autores).


Nuevos aprendizajes y necesidades apuntan hoy al rescate de una idea que demostró potencial para disparar la calidad de los procesos sustantivos de la universidad cubana, un experimento que burbujea en la probeta con un permanente desafío: hacer pensar.

*Los autores cursan actualmente el quinto año en la Facultad de Química de la Universidad de la Habana. El texto es una versión de un trabajo escrito en 2015 para la asignatura Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología, impartida por el Profesor Jorge Núñez Jover, y constituye el primer acercamiento crítico al origen, objetivos, resultados, organización y eficiencia del Proyecto

Grado 12 en el contexto de esa facultad de ciencias.

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