Samuel Morse, un genio nacido de la desgracia

Autor: 

Ernesto Lahens Soto
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27 Abril 2021
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Crédito de fotografía: 

tomada de Biblio Vasconselos

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Cuando usamos nuestro teléfono celular pocas veces pensamos en la tecnología que esto conlleva, y de hacerlo nos centramos en los últimos avances de la informática y la electrónica, desconociendo que tras ese pequeño dispositivo se haya un invento nacido de la desgracia de uno de los grandes genios del siglo XIX, Samuel Morse.

En 1825 Morse se encontraba en su departamento de Nueva York, cuando recibió una carta que decía que su esposa Lucrecia había dado a luz a su cuarto hijo, pero que, tras el parto, la puérpera se encontraba gravemente enferma. Samuel salió rápidamente para su hogar en Charleston, mas, al llegar se encontró con la nefasta noticia de que no solo su cónyuge había muerto, sino también de que había concluido el entierro.

Ese día cambió, no solo la vida del joven Morse, sino también la historia de las telecomunicaciones a nivel global. El hasta entonces pintor de la alta sociedad norteamericana se convertiría en uno de los principales exponentes de la innovación tecnológica de la Revolución Industrial.

Morse nació en el barrio urbano de Charleston en la Ciudad de Boston el 27 de abril de 1791, hijo del pastor protestante y geógrafo Jedidiah Morse y de Elizabeth Ann Finley Breese. Desde temprana edad, Samuel recibió una estricta educación que, aunque conservadora, desarrollo los conocimientos del joven en áreas como la pintura, la historia y la física natural, conocida hoy como ciencias naturales.

Siendo ya un adolescente ingresó en el colegio de Yale, donde comenzaría sus estudios superiores en pintura, historia y matemáticas los que concluiría años más tarde en Inglaterra. Morse había tenido una educación exquisita, digna de la alta sociedad norteamericana del neoclasicismo. Su posición social y su talento como pintor lo llevaron a ser conocido dentro de las grandes personalidades de la política y los negocios a ambos lados del Atlántico.

Lucrecia Pickering, esposa de Morse. (Foto: tomada de Wikimedia)

Cuando se casó en 1818, era un hombre adinerado y prestigioso, que llevaba una vida acomodada con una bella esposa a la cual quería profundamente. Pero la muerte de esta fracturó su vida para siempre.

Lo que más afectó a Samuel no fue el hecho en sí de la muerte, sino la imposibilidad de darle el último adiós. Profundamente religioso, creyó que esta era una señal de dios, que debía revolucionar las comunicaciones, para que los mensajes pudieran llegar más rápidamente.

Al año siguiente de la desgracia, Morse concluyó su labor en el mundo de las artes plásticas, siendo uno de los fundadores de la Academia Nacional de Dibujo. Con el dinero que ya poseía y las ganancias de dicha academia se dedicaría a perfeccionar un invento francés del siglo anterior, el telégrafo.

A diferencia de lo que se cree popularmente el telégrafo no fue inventado por Samuel Morse, sino que ya existían prototipos con anterioridad. Las primeras referencias al envío de mensajes a distancia se remontan a la Ilíada, donde con movimientos de antorchas se comunicaban los distintos escuadrones dentro del ejército Aqueo; aunque el primer prototipo que puede ser considerado un telégrafo se le atribuye a Arquímedes de Siracusa, quien diseño un sistema de espejos con los cuales se podían enviar mensajes empleando la luz del sol.

El término mismo de telégrafo, que significa escritor a la distancia, fue acuñado por el francés Claude Chappe en 1792, quien creo un sistema de postes con tres varas en la punta, que dependiendo de la posición y el ángulo de estas representaba una letra. Este sistema, a pesar de ser empleado durante las Guerras Napoleónicas, era extremadamente ineficiente. Para recibir un mensaje un vigía apostado junto al poste observaba la señal que se representaba en el poste anterior, para él mismo ponerla entonces en el suyo y que pudiera ser vista en el siguiente.

Morse deseaba conocer más sobre este sistema telegráfico y emprendió un viaje por Europa a partir de 1826. En el viejo continente conoció acerca de los experimentos de la electricidad, los cuales comprendió rápidamente gracias a sus estudios científicos. Vinculando ambas tecnologías desarrolló su telégrafo, el cual patentó al llegar nuevamente a tierras americanas en 1832.

Lograr enviar señales a través de un estímulo eléctrico fue solo el principio de la odisea de Morse. Tendría que idear un código universal para su interpretación. Samuel, conocedor de las matemáticas, creo un sistema basado en el binarismo. Mediante, rayas y puntos, separados o no por espacios podría representar cada una de las letras del abecedario de una forma que fuera fácil de trasmitir por un cableado eléctrico, el conocido como Código Morse, que a la larga sería más trascendental que el propio telégrafo.

Dispositivo para enviar y recibir el código Morse. (Foto: tomada de Pinterest)

Para 1840 tenía listo y patentado el código, así como un dispositivo que pudiera enviar y recibir señales eléctricas. A pesar de las demostraciones publicas exitosas, el inventor se encontró con obstáculos para la aprobación de una red de cableado telegráfico que pudiera trasmitir señales a través de largas distancias. Por fin, tras largas presiones de la comunidad científica y movimientos de influencias entre políticos conocidos de su época de pintor, Morse logró que el Congreso Norteamericano destinara 30 mil dólares para la instalación del primer cableado telegráfico.

El primero de mayo de 1840 Henry Clay enviaría su nominación a presidente de la convención del Partido Wing desde Baltimore al Capitolio de Washington DC. El primer mensaje telegráfico impreso habría recorrido 60 kilómetros. Veinticuatro días más tarde, un orgulloso Morse enviaría el primer telegrama público de la historia, la cita bíblica: “Lo que Dios ha creado”(“What hath God wrought”).

El invento de Morse cambiaría el curso de la humanidad. Fue la base tecnológica para el desarrollo del teléfono por parte del italiano Antonio Meucci en La Habana. Además, su código sería empleado por Guillermo Marconi para la transmisión de señales radiales, y una traducción del mismo es la que se emplea aún hoy para las señales celulares, wifi y datos móviles. Además de eso, el telégrafo propiamente dicho cambió la concepción de la guerra, la política, la economía y el periodismo, al acortar el tiempo de transmisión de un mensaje.

Juventud Técnica en lenguaje Morse

La personalidad de genio y vanguardista tecnológico de Morse, contrastaba fuertemente con su profundo conservadurismo religioso y político. Morse era un anticatólico y antisemita a ultranza. Se oponía a la inmigración en los Estados Unidos; formando parte del movimiento de los Nativos, aquellos norteamericanos descendientes de migrantes llegados antes de la independencia, mayoritariamente ingleses, alemanes y neerlandeses protestantes, en contraposición con los nuevos inmigrantes, mayoritariamente italianos e irlandeses católicos. En una ocasión se presentó a las elecciones para la alcaldía de la ciudad de Nueva York, pero su campaña de conservar los privilegios de la alta burguesía, la cero tolerancia contra los inmigrantes y las deportaciones, provocó que su popularidad fuera escasa y obtuvo menos de 1500 votos.

A pesar de esto, no se puede negar que fue uno de los genios de la vanguardia de la revolución industrial del siglo XIX y que aceleró grandemente el desarrollo tecnológico, económico y social de la humanidad. El 2 de abril de 1872, a los 80 años de edad, fallecía inmensamente rico y famoso en su casa de Nueva York. Había llegado al mundo en una pequeña nación costera y se iba en un imperio continental conectado gracias a su invento.

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