Sombras del pasado

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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05 Agosto 2018
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Crédito de fotografía: 

Claudia Alemañy Castilla

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Los pequeños rostros infantiles permanecen expectantes mientras una joven de pullover azul les conduce a través del laberinto de elevadas vitrinas de cristal. Ninguno de los niños del grupo puede tener más de ocho o nueve años. Visten trajecitos idénticos y alternan las miradas de curiosidad entre la guía y su maestra, quien también los acompaña.

 

De repente todos se detienen en una de las cristaleras más alargadas. La emoción les impide contenerse; se amontonan contra el vidrio y señalan entusiasmados los esqueletos guardados en la repisa.

Los huesos más admirados son los del armadillo, ese exótico animal, cuyo fuerte exoesqueleto le sirve como freno a los depredadores.

Los huesos del cráneo de un mamut permiten apreciar las enormes dimensiones de los colmillos que poseían esos extintos animales.
Los armadillos son mamíferos que, además de los acostumbrados huesos internos, cuentan con un exoesqueleto.

Mientras, en otra sala no muy distante, comienza un debate acerca de las ventajas evolutivas de los reinos animal y vegetal. En ese espacio son adolescentes quienes escuchan a otro mozalbete de pullover azul, quien les explica cuál es el rol de la adaptación y su importancia, desde la visión de Charles Darwin.

Cada pocos metros, niños y muchachos cruzan sus caminos. Pareciera que un mar de uniformes inunda los salones del Museo de Ciencias Naturales de Madrid todos los días. Diversidad de edades, grados y expectativas diferencian a los escolares, variedad que enriquece el ambiente y se convierte en atractivo adicional para el intercambio de conocimientos.

 
En uno de los pabellones del Museo encuentras adecuadamente ubicados los esqueletos de los enormes reptiles del jurásico.

El centro expositivo es de los más antiguos del mundo. Su fundación se remonta a 1771, cuando el rey Carlos III inició las colecciones del Real Gabinete de Historia Natural. Si bien el monarca es recordado como uno de los exponentes de las políticas despóticas, pocos conocen su amor por la naturaleza y las especies desconocidas.

La curiosidad del soberano hizo que invirtiera grandes fondos para adquirir algunas de las piezas más raras, traídas a Europa por Pedro Franco Dávila, un comerciante criollo nacido en el otrora Virreinato del Perú.

Brillantes minerales y piedras preciosas, conchas de caracoles de diferentes tamaños, así como llamativos corales y esponjas, son conservados como herencia del proyecto del rey.

Brillantes minerales y piedras preciosas, conchas de caracoles de diferentes tamaños, así como llamativos corales y esponjas, son conservados como herencia del proyecto del rey. En una habitación circular, ubicada en una de las plantas más bajas del edificio, se pueden observar piezas obtenidas ya en el siglo XVIII.

Aunque el monarca era un ferviente católico, al parecer no era ingenuo. Entre las figuras originales resalta una vitrina con dos esqueletos erguidos: uno de humano y otro de orangután.

A través de novedosos métodos icnográficos, los visitantes pueden aprender sobre el ciclo anual de vida de los insectos en un parque nacional ubicado en la meseta castellana

Según cronistas de la época, la regia figura estuvo siempre muy atento a las similitudes de ambas osamentas. Los curadores agregaron una manzana a la ambientación para inducir a los espectadores a reflexionar en cuanto al tema.

Otros grandes restos óseos, capaces de dejar sin aliento a los visitantes del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, son los de dinosaurios. La sinuosidad de sus formas crea sombras curiosas a lo largo y ancho de las paredes. A veces los transeúntes vuelven sus cabezas, como para intentar determinar si realmente algo se movió o no.

No muy lejos, los restos de un mamut de mediano tamaño y de un tigre dientes de sable sirven de perenne recuerdo acerca de esas edades en las que el hombre todavía no era el peor depredador del planeta Tierra.

Cuando los muchachos abandonan el edificio su conversación siempre es animada. El museo les ha abierto pórticos a un mundo de experiencias, de conocimientos, de posibles carreras a estudiar en el futuro. Se marchan, pero quedan prendidos de las figuras, de los animales, de las rocas, que desde el pasado, les hablan.

 

Los carnívoros disecados, como el león, ayudan a los estudiantes a comprender qué animales se encuentran al frente de la cadena alimenticia.

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