Tabla Periódica de Elementos Químicos: la inconclusa batalla de 150 años

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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06 Marzo 2019
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La comunidad científica permanecía expectante. A lo largo de la primera década del nuevo milenio, diferentes equipos de expertos lograron producir elementos químicos nunca antes apreciados en la naturaleza. Sin embargo, cuatro de ellos permanecían sin nombre.

Muchos expertos supieron identificar la problemática que sucedería al nombramiento oficial del último de ellos. Con el bautizo del elemento 118 quedaría sellada la séptima fila del sistema diseñado por Dmitri Mendeléyev para clasificar y ordenar sustancias.

El suceso abriría una posibilidad nunca antes vivida en el mundo de la química. Los equipos investigativos podrían competir por alcanzar un noble título: ser el descubridor del elemento que encabezará el octavo escaño de la Tabla Periódica.

Oganesón (Og) fue el nombre otorgado al elemento 118. Junto a él estuvieron el Nihonio (Nh), Moscovio (Mc) y Téneso, los cuales asumieron los puestos 113, 115 y 117 respectivamente. La presentación oficial tuvo lugar el mismo año en que la comunidad académica celebraba el 181 cumpleaños de Mendeléyev.

Las nomenclaturas quedaron establecidas de acuerdo con lo pactado por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC, por sus siglas en inglés). Según ese organismo, los elementos químicos deben ser llamados al igual que un científico, región geográfica o un lugar relacionado con su descubrimiento.

 

Al igual que los demás productos del periodo siete, la inestabilidad es un rasgo común entre los cuatro elementos. Ninguno de ellos pudo ser obtenido en grandes cantidades y, a duras penas, se pudieron vislumbrar en simulaciones computarizadas de choques de partículas.

A pesar de ello, Kosuke Morita, uno de los científicos nipones dedicado al descubrimiento del Nh, enfatizó en reiteradas oportunidades que todas las nuevas adquisiciones encierran valiosa información con respecto a la física de los núcleos de los átomos.

“Con los nuevos conocimientos que obtengamos de los últimos elementos de la séptima fila quizás podamos producir otros, más pesados e interesantes”, aseveró el experto en una entrevista.

Precisamente esa premisa promueve la interesante carrera que pudiera desatarse entre químicos de todo el orbe. En enero de 2018, un grupo de investigadores japoneses aseveró que habían iniciado los primeros pasos en la búsqueda del elemento 119.

Hideto Enyo, líder del proyecto orquestado por el Centro de Investigaciones Riken, caracterizó de “sencilla” la hipótesis que sustenta el trabajo de su equipo. Sin embargo, el propio investigador considera que lograr el objetivo no será una tarea fácil.

“Gracias a un acelerador de partículas, ubicado cerca de Tokio, intentaremos disipar haces del metal vanadio contra un objetivo de curio, un elemento más pesado que no existe de manera natural. El núcleo del átomo de vanadio posee 23 protones mientras que el curio 96. Fusionados, crearían una superpesado elemento con 119 protones”, especificó el investigador.

Más de un año después del anuncio, no es posible descartar que otros laboratorios de diferentes países hayan comenzado proyectos similares.

La séptima fila de la Tabla Periódica tardó en completarse. El primer elemento incluido en ese periodo fue el uranio, descubierto en 1789 por el científico alemán Martin Heinrich Klaproth. Sus particulares características propiciaron que Mendeléyev lo ubicara en la posición exclusiva.

Con el paso tiempo y las pesquisas, el séptimo escaño quedó definitivamente reservado para sustancias en extremo inestables, muchas de las cuales son radiactivas. Aquellas con un número atómico superior a 104 son reconocidos como elementos superpesados. Estas no se han encontrado en la naturaleza, pero se pueden reproducir a través de la aceleración de haces de núcleos. Ello supone un importante reto para la física del presente siglo.

Mientras la ciencia celebra el 150 aniversario de la presentación de la Tabla Periódica, muchos se preguntan si la “hipotética” octava fila podría modificar la forma en que se analiza la química hoy en día.

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