La terapéutica de las bajas temperaturas

Autor: 

Flor de Paz
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19 Octubre 2016
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En el ajetreo de su consulta en el hospital Hermanos Ameijeiras, la doctora Marta Ortega entra y sale de los cuatro cubículos de que dispone para este fin con la celeridad de un vuelo de pájaro. El largo nombre de su especialidad: Otorrinolaringología, y los años de experiencia, deben haberle hecho merecer esa presteza en su ansia por atender a cada una de las personas que la requieren.

Casi tres décadas, de un más largo hacer por la salud pública, las ha dedicado Marta a los tratamientos con nitrógeno líquido a menos 196 grados Celsius. Y ha evitado tantas intervenciones quirúrgicas con esta tecnología que acaba de obtener el Premio al Innovador (de la ANIR), por el impacto económico y social de sus terapéuticas.

Solo ha sido por los resultados de este año —aclara mientras argumenta con algunos datos. “A 350 pacientes que necesitaban una amigdalectomía (extirpación quirúrgica de las amígdalas), les practicamos criocirugía. Por cada una de esas intervenciones que evitamos, fueron ahorrados 351.03 pesos, pues la operación con nitrógeno líquido solo cuesta 20,99 pesos”.

Otras cantidades también fueron economizadas al prescindir de la cirugía endoscópica o convencional para la extracción de los pólipos nasales en 25 pacientes, valoradas cada una en 391, 46 y 383, 46 pesos, respectivamente; a la vez que el costo de la criocirugía solo asciende a ocho pesos por individuo.

A estos descuentos se añaden la sustitución de la cirugía endoscópica nasal (118,72 pesos) o con láser (466,74 pesos), indicada en la hipertrofia de cornetes, por la realizada con la tecnología del hidrogeno líquido a 120 pacientes (1,12 pesos cada uno).

Como prerrogativas socioeconómicas, la criocirugía reporta ahorros al país por diferentes vías y no requiere de rebaja laboral.

Pero las ventajas sociales de la técnica trascienden el plano económico. Más allá del ahorro monetario implícito en los procederes que necesitan de un salón de operaciones para su ejecución, y de no precisar de análisis complementarios, la criocirugía “no demanda anestesia (con sus molestias y riesgos) y es ambulatoria; el paciente se dispone mejor al acto quirúrgico, no hay sangramientos, permite operar a los ancianos y a todos aquellos que no pueden someterse a una cirugía clásica ni a la anestesia general debido a enfermedades sistémicas asociadas”.

El proceder se realiza en la consulta externa y consiste en destruir las células y tejidos patológicos del organismo mediante la acción directa de elementos refrigerantes. En el caso de las amígdalas —explica la doctora Ortega— solo eliminamos la parte infecciosa y dejamos todo el tejido de defensa inmunológica.

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