El tesoro escondido de la casa azul

Autor: 

Cortesía de la Lenin
|
31 Enero 2018
| |
0 Comentarios

Crédito de fotografía: 

Claudia Alemañy Castilla

Me gusta: 

Una docena de estudiantes de duodécimo grado realizaban su turno de trabajo en el “Bloque Central” cuando vieron las abiertas puertas del local siempre cerrado a la derecha de la escalera. Faltaban pocas semanas para la salida definitiva de aquellos muchachos del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Vladimir Ilich Lenin, y ninguno de ellos había entrado antes a aquella estancia o aquel recinto.

Cierto es que sobre el umbral metálico rezaba el título de Museo de Historia Natural Juan Cristóbal Gundlach. Pero luego de tres años de permanencia en la escuela, aquellos alumnos pensaron que el sitio estaba en desuso y alguien había olvidado quitar el cartel.

Excitados por la intriga, los jóvenes se abalanzaron en tropel sobre la entrada y, al adentrarse en lo desconocido quedaron quietos por la sorpresa. Ninguno de ellos podía haber imaginado que allí se guardaran las riquezas que ahora contemplaban.

En el interior del local un hombre de avanzada edad recogía papeles e intentaba barrer el suelo. Los estudiantes ofrecieron su ayuda a cambio de un recorrido más detallado. El profesor aceptó, aunque no muy conforme.

La faena era sencilla, y al ser un grupo cuantioso terminaron las labores mucho más rápido. El resto de la mañana fue dedicada a conocer cada recóndita esquina del amplio cuarto.

Poco antes del horario de almuerzo, los alumnos abandonaron el ambiente expositivo deseosos de narrar a otros su experiencia. Los compañeros de aula, de albergue y demás amigos escucharon atentos sobre los materiales relacionados con la Física, la Química o la Biología observados por los afortunados jóvenes. Algunos colegas probaron su suerte durante días e intentaron echar un vistazo a las maravillas relatadas. Pero las persianas permanecieron herméticas.

Casi diez años después de este hecho, algunos miembros de aquel grupo conocieron que la realidad del Museo Gundlach, de “la Lenin”, ha cambiado considerablemente.

El profesor Pedro Díaz Suárez, quien asumió el cuidado del recinto desde 2015, ha trazado una estrategia para lograr una mayor vinculación del espacio científico con el proceso de enseñanza y aprendizaje de los estudiantes en el IPVCE.

“Tenemos tres objetivos fundamentales, congeniados con la Dirección General de la escuela. Entre ellos, alentar entre los jóvenes la investigación y protección del medio ambiente”.

Díaz Suárez formó parte durante muchos años del personal docente del IPVCE. Por razones médicas simplificó sus responsabilidades. Todavía ávido por contribuir a la formación de las nacientes generaciones de científicos cubanos encontró en el cuidado y mantenimiento del museo escolar una nueva motivación.

El área expositiva estuvo subutilizada durante algún tiempo. De acuerdo, con las vivencias de antiguos estudiantes apenas era abierta, excepto cuando llegaba una visita importante y el local estaba bien preparado. Poco a poco, esa situación ha cambiado.

“Desde que comencé a trabajar en torno al museo se cumplieron muchos de mis sueños. Los alumnos empezaron a venir aquí a hacer recorridos con sus profesores. Algunos maestros dieron sus clases en este espacio.

“También tengo un grupo de estudiantes a los cuales he preparado para que sean ellos quienes den los recorridos a las visitas que provienen de fuera de la escuela, porque deben perder el miedo escénico desde jóvenes. Dos de ellos hasta hablan inglés de forma fluida y pueden expresarse muy bien”, destacó Díaz Suárez.

La exhibición científica escolar posee implementos didácticos que ayudan a los estudiantes en la comprensión de materias como Biología, Geografía, Física o Química. El profesor Pedro además ha ayudado a coordinar con la dirección del IPVCE la visita a otros espacios científicos como el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), el Centro de Inmunología Molecular (CIM) y el de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

Mercedes Labín Alfonso, actual directora general del IPVCE habanero, advirtió a Juventud Técnica que se implementaron rotaciones para lograr la visita mensual de todos los estudiantes de la escuela, tanto al museo de ciencias como al de historia.

Tras el umbral

El museo Gundlach fue fundado, al igual que “la Lenin”, en enero de 1979. Sus primeras piezas de taxidermia fueron enviadas por la Academia de Ciencias de Cuba en aquellas fechas. Además, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hizo varias donaciones, las cuales incrementaron el muestrario.

Actualmente, la exhibición científica se divide en seis salas donde se posicionan muchos de los contenidos de clases y otras temáticas más generales.

El lugar cuenta con un pequeño pero valioso herbario. Pocos centros expositivos de ese tipo en el país poseen tipos de plantas y hongos conservados a la vista del público.

Otra curiosidad, en la sección de Anatomía comparada, es el conjunto de fetos humanos conservados en formol, de diversos períodos de gestación. Esta es una de las salas que más despierta el interés de los alumnos.

Las colecciones de mariposas, facilitadas por el Instituto de Ecología y Sistemática (IES), y moluscos cuentan como las más prolíferas del museo. Entre los animales disecados, el pájaro paujil y la tortuga Matamata son muy apreciados por su rareza. Ambos especímenes fueron regalados por el gobierno peruano a Cuba en los años 80.

Un área del recinto está dedicada a los trabajos investigativos y ponencias más destacadas de los estudiantes en fórums de ciencia e innovación. De esa manera, los jóvenes ven reflejados sus logros y los de pasadas generaciones.

Numerosos mamíferos, reptiles, anfibios, peces e invertebrados se suman a la vistosidad y singular trascendencia del pequeño museo.

Aun cuando el espacio de exhibición retoma su alcance como sitio para adquirir e intercambiar conocimientos dentro del IPVCE Vladimir Ilich Lenin, no cabe duda que el paso del tiempo y la intermitencia anterior en los cuidados han hecho mella.

En el 2015, cuando el profesor Pedro Díaz comenzó a estar al frente del museo, había muestras muy deterioradas y algunos materiales didácticos estaban tan depauperados que debieron botarse.

“Nosotros le damos conservación a las piezas aquí en la escuela en la medida de nuestras posibilidades. Yo abro las vitrinas y cuido de quitarle el polvo, las telarañas y algunos insectos que puedan tener los animales taxidermiados. Siempre con un paño que cubra mi boca y nariz para también cuidar de mi salud.

“Cuando viene Control de Vectores a fumigar la escuela, le pedimos que entren también al museo. Pero aquí no tenemos recursos que nos permitan dar un tratamiento adecuado y especializado a los materiales de exposición”, comentó el maestro.

Juventud Técnica indagó en el tema de los cuidados hacia las colecciones biológicas años atrás. En aquellos momentos, el doctor Reinaldo Rojas, investigador del MNHN, señaló a esta revista algunos aspectos a tener en cuenta a la hora de preservar un repertorio científico de ese tipo.

“El montaje de las piezas y el método de conservación deben responder al uso que se les vaya a dar. De ahí que se necesiten microscopios, lupas, alfileres, soportes y cajas entomológicas. También hay que atender a las condiciones de almacenaje, la capacidad y hermeticidad del mueble donde se vayan a depositar, y establecer parámetros de temperatura y humedad óptimos, un reto grande en las condiciones climáticas cubanas”.

De acuerdo con la directora general, la escuela, a través del profesor Díaz Suárez, ha dialogado con instituciones como el MNHN para que ayuden a “la Lenin” a mantener los especímenes que necesitan conservación. Sin embargo, son evidentes otras complicaciones.

“Contactamos con el taxidermista del Zoológico Nacional, pero hay que esperar presupuesto”, explicó el responsable del pequeño museo.

Por otra parte, la adquisición de nuevas piezas es esporádica. Los elementos más recientes del espacio expositivo son principalmente maquetas hechas por los estudiantes y trabajos académicos en folios.

Tras comenzar a trabajar en el local, Díaz Suárez visitó algunos centros de investigación para abordar la situación. En 2016, el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) hizo una donación al IPVCE de cobos y estrellas de mar.

“La conservación, el mantenimiento de este espacio, depende mucho del esfuerzo de los maestros de la escuela y de los estudiantes que participan con nosotros”, expresó el profesor Pedro a Juventud Técnica.

Un mayor apoyo e interés hacia el Museo Gundlach, no solo de parte de los involucrados directamente, pudiera incrementar sus potencialidades para el proceso de enseñanza-aprendizaje de los educandos.

¿Una historia muchas veces contada?

Luis M. Díaz, doctor en ciencias biológicas y especialista del MNHN, mantiene vivos recuerdos de los tiempos en que estudió en “la Lenin”. En la institución, de la cual se graduó en 1990, reforzó sus aspiraciones vocacionales. Curiosamente, la estadía del ahora profesor estuvo ligada en muchos sentidos al área dedicada a la historia natural en ese centro.

“Cuando yo era alumno, el museo estaba totalmente cerrado. Lo limpiaban de vez en cuando y luego lo volvían a cerrar. En aquel tiempo entró a la escuela el profesor Víctor Alfonso Mesa. A él le asignaron la atención el local. Yo indagué sobre aquella área y fui el primero de los estudiantes vinculado a las nuevas actividades”, narró Díaz.

Según el científico, poco a poco más estudiantes se incorporaron a aquel proyecto de revitalización. Alfonso Mesa sabía taxidermia y comenzó a enseñarles el oficio a varios de los alumnos a su cargo. También organizó expediciones para colectar muestras del suelo, la madera y algunos exponentes de la fauna de los alrededores del IPVCE y del colindante Jardín Botánico Nacional (JBN).

“A mí desde entonces me motivaban mucho los reptiles. Si no han cambiado aquellos ejemplares en estos años, deben ser los mismos que yo colecté. Era un trabajo en equipo. Incluso hicimos un catálogo completo de todo lo que teníamos, hasta con la clasificación taxonómica.

“Se repararon los muebles de madera y logramos que por las noches estuviera abierto y lo visitara quien lo deseaba. Creo que con el profesor Víctor fue el momento de más florecimiento del museo, rememoró Luis M. Díaz.

Varios años después, el antiguo estudiante regresó como maestro a su preuniversitario. Al poco tiempo tuvo que asumir él mismo la responsabilidad de cuidar del museo de ciencias de “la Lenin” y mantuvo la instalación funcionando en correspondencia con lo aprendido gracias a su predecesor.

“Yo también tuve un grupo de estudiantes que me apoyaban con el funcionamiento. Uno de ellos llegó a ser alumno mío en la Universidad de La Habana. Fui tutor de su tesis. Hicimos un estudio de los tipos de vertebrados de la escuela y del JBN. Fue muy novedoso en aquel momento”.

Según Luis M. Díaz, otra maestra de biología ocupó la responsabilidad un año después. El profesor Pedro Díaz Suárez afirma que ese fue otro período de buenas atenciones para la exposición, gracias a la ayuda brindada por el IES a la educadora.

Un museo para todos y…

Para quienes pudieron y pueden interactuar con el Museo Juan Cristóbal Gundlach, este tiene un valor muy especial. Durante años, visitantes nacionales e internacionales que llegan hasta el IPVCE Vladimir Ilich Lenin por diversas razones, quedan admirados por el área científica.

Su mantenimiento debe ser especializado y constante, e incluso pudieran replantearse algunos factores relacionados con su estructura.

“El local está rodeado de largos ventanales. Significa que las piezas que abriga se hallan a merced de la fluctuación de condiciones ambientales muy violentas”, enfatizó el biólogo Luis M. Díaz.

 

Galería
0 Comentarios

Añadir nuevo comentario