The Boys o se han vuelto locos Superman y sus amigos

Autor: 

Por Enio Echezábal Acosta
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03 Noviembre 2019
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fueradeseries.com

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¿Qué es un superhéroe? La respuesta “por defecto” a la pregunta bien podría ser “una persona con traje vistoso y nombre comercial, que se dedica a usar sus habilidades especiales para salvar a aquellos que no tienen  — o no saben — cómo defenderse”. Sin embargo, más allá de ese improvisado concepto, hay un elemento que caracteriza a los súpers, una suerte de piedra angular que rige sus acciones: ellos sabrian diferenciar el bien del mal.

Este tipo de personaje suele tener muchas variantes, que se mueven entre los “buenos” arquetípicos y los cínicos antihéroes, todos con el denominador común de tener una brújula moral que les guía durante sus aventuras, y que les hace padecer duros traumas cada vez que dañan o no consiguen salvar a un inocente.

Precisamente ese sentido de lo que es correcto es lo que los diferencia de los villanos, quienes tal ve no han sabido lidiar con sus conflictos y sencillamente han terminado cayendo en el “lado oscuro”. Esto podríamos explicarlo con una frase del Joker, que dice más o menos así: “solo hace falta un mal día para sumir al hombre más cuerdo del mundo en la locura”.

Ahora bien, preguntémonos entonces: ¿qué pasaría si esos paladines de la justicia perdieran el rumbo? ¿Cómo controlaríamos a unos súpers que han sido torcidos por el sistema? Más o menos eso es lo que intenta explicar The Boys, un cómic de Garth Ennis y Darick Robertson que hace poco vio la luz como serie en la plataforma Amazon Prime Video.

Imaginemos por un momento a Superman como un sociópata y depredador sexual, a la Mujer Maravilla como una alcohólica y a Batman como un asesino — literalmente —  silencioso que cumple órdenes ciegamente. Pues así es como nos retratan a sus oscuros reflejos, que esta vez llevan el nombre código de Vengador (Anthony Starr), Reina Maeve (Dominique McElligott) y Black Noir (Nathan Mitchell).

 

 

Este texto contine spoilers

Claro que el “fantástico” trío no está sólo, sino que se hace acompañar por los igualmente “torcidos” A-Train (Jesse T. Usher), Profundo (Chace Crawford), Translúcido (Alex Hassell) y la chica nueva, Starlight (Erin Moriarty), una noble muchacha pueblerina que todavía cree en los superhéroes como salvadores del mundo.

En el mundo de The Boys, los poderosos, que aquí se llaman “Los Siete” (The Seven) trabajan para la multinacional Vought, una especie de Marvel/DC corrupta que trabaja vendiendo sus servicios al mundo entero. Como resulta que la empresa tiene recursos ilimitados para hacer “lo que necesite ser hecho”, sus “sùperempleados” hacen básicamente lo que quieren, cuando y como lo quieren, siempre y cuando ello no signifique un problema para su jefa Madelyn Stillwell (Elizabeth Shue), vicepresidenta de la gran “V”.

Todo se empieza complicar cuando A-Train, algo así como un Flash con adicción a los esteroides, destroza a la novia de Hughie (Jack Quaid) durante una frenética carrera. Tras el horrendo suceso, la compañía ofrece unas mínimas disculpas, hace pasar todo como un simple accidente, y acto seguido intentan sobornar al joven para callarle la boca.

Sediento de venganza, en lo adelante Hughie, dubitativo al principio, se unirá a otros “ciudadanos preocupados” en una cruzada por desmontar el enorme circo que tienen montado Vought y sus “dotados” amigos. Así conoceremos a Billy Butcher (Karl Urban), un veterano resentido porque Vengador ha violado y embarazado a su esposa; Frenchie (Tomer Kapon), un “franchute” experto en demoler y reparar casi cualquier cosa; Mother’s Milk (Laz Alonso), músculo y razón del grupo, y Kimiko (Karen Fukuhara), una misteriosa adolescente con la brutal capacidad de hacer sangrar a cualquiera.

Por el camino, Huguie y sus nuevos colegas  — a quienes se sumará Starlight, eventualmente —  descubrirán el enorme secreto detrás de Vought: el denominado “compuesto V”, una sustancia que al inicio parece ser solo una droga para dopar súpers, pero que termina expuesta como un preparado que se usa para inyectar bebés a lo largo de todo Estados Unidos, para convertirlos en futuros trabajadores asalariados del sector “heroico”.

Además de presentar a paradigmas de toda la vida como sujetos rotos y pervertidos, la producción de Eric Kripke (Supernatural), Evan Goldberg y Seth Rogen (ambos detrás de la genial Pineapple Express) aprovechan el material de base para generar una poco ortodoxa mezcla de ingredientes tan lejanos entre sí como Breaking Bad, Smallville y Juego de Tronos.

Escenas como la muerte de Robin, prometida de Huguie que es convertida en plasma por un mensajero demasiado apurado; o aquella en la cual Butcher usa un bebé para defenderse de unos guardias de Vought, bien pudieran ilustrar lo que queremos decir.

Igualmente son muy destacables las sutiles pero certeras críticas que se observan durante la primera temporada en torno a temas de actualidad y vigencia. De esta forma, son señalados el masivo negocio belicista y armamentístico, la constante manipulación mediática, la hipersexualización de las figuras públicas y los aún críticos índices de criminalidad en urbes norteamericanas, asunto en el que se usan los ejemplos  — reales —  de Detroit y Baltimore.

En resumen, el gran mérito de los creadores de la serie es haber sabido plasmar en pantalla el espíritu descarnado y sarcástico del cómic. The Boys resulta inquietante, incómoda y excesivamente realista, tres razones que perfectamente pudieran sacar de quicio a muchos, acostumbrados a las “normales” películas y shows de televisión que por estos tiempos abundan en los diferentes medios de comunicación.

Esperamos que cuando vea The Boys la disfrute tanto como la mayoría, y le avisamos que vaya preparando el estómago para una segunda temporada llena de momentos inolvidables.

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