Turismo de naturaleza: la observación de aves

Autor: 

Giraldo Alayón
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05 Enero 2019
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Viaje responsable que conserva el entorno natural y sostiene el bienestar de la población local. Oscila desde pequeños grupos de personas con un eco-interés especial en la naturaleza que puede incluir un estudio serio de un tema concreto, hasta grandes grupos de personas corrientes que, en un lugar de vacaciones, desean incorporar una excursión, hasta de un día, a una Reserva Natural (o lugar semejante) como parte de su entretenimiento o descanso.”

Así se define el eco-turismo en el documentado libro publicado en el año 2004, El turismo de naturaleza en Cuba, de Norman Medina y Jorge Santamarina, donde ambos expertos exponen todos los aspectos concernientes a esa actividad.

En el mismo texto, según los autores, “La definición adoptada en Cuba, aparece en la Resolución conjunta MINTUR-CITMA-MINAG sobre turismo de naturaleza y expresa: Todas las modalidades del turismo en que la motivación del viaje (o excursión) o la selección del Destino, esté determinada por la necesidad del acercamiento y disfrute de la naturaleza, o de los componentes de la misma.

Esa propia obra define y comenta una de las más importantes actividades del turismo de naturaleza, la observación de aves.

Según Medina y Santamarina (op.cit. p. 44), — “…Observación de aves. Su mayor motivación está en la observación de las especies y subespecies endémicas de Cuba, las migratorias y las de difícil localización en otros países. Se practica principalmente en espacios naturales, bosques, humedales y espejos de agua. Requiere de un soporte científico previo –localización de las áreas, determinación de las épocas, etc.- y durante las visitas, de un guía de campo calificado.

Varias interrogantes pueden surgir en las personas que no conocen la actividad: ¿cómo y cuándo surgió?, ¿desde cuándo se practica en Cuba?, ¿qué importancia tiene?

Un poco de historia

El entusiasmo por la observación de las aves, digamos que con fines estéticos, surge a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña por los esfuerzos de varios naturalistas ingleses, destacándose George Montagu y Thomas Bewick, entre otros. Esta costumbre se amplía luego mediante el estudio de la historia natural de las aves durante la época victoriana (siglo XIX).

 
 
George Montagu y Thomas Bewick (Fotos: Wikipedia)

A finales de este siglo la Real Sociedad para la Protección de las Aves de Inglaterra y la Sociedad Audubon de Estados Unidos abogaron por la protección de las aves y propusieron que se las observaran vivas y en sus respectivos hábitats, en vez de ser cazadas. Sin embargo, no es hasta el siglo XX en que se generaliza esta práctica, principalmente por el nacimiento de una nueva ciencia, la Etología (el estudio comparado de la conducta animal), gracias a las contribuciones de Julian Huxley, Oskar Heinroth, Konrad Lorenz y Niko Tinbergen como principales iniciadores, que basó sus premisas teóricas en el estudio de la conducta de varios grupos de aves en estado libre.

El término “observación de aves” apareció, por primera vez, en el libro del británico Edmund Sealous, Bird Watching publicado en 1901. Este autor defendía con mucha fuerza la necesidad de proteger a las aves, ya que algunas especies estaban al borde de la extinción por la nociva práctica de capturarlas para exhibirlas en jaulas o de matarlas para ser embalsamadas o consumidas como alimento.

En el pasado, la identificación de los pájaros solo era posible mediante su captura y muerte, pero el desarrollo de mejores binoculares y la confección de guías de campo ilustradas, permitió identificar a las aves a distancia sin necesidad de abatirlas.

(Foto: Amazom.com)

La primera guía de campo ilustrada de las aves data de 1889 y fue publicada en los Estados Unidos por Florence Bailey (Birds through and opera glass o Aves a través de un anteojo de ópera, en español), En el último lustro del siglo XIX, aparece otro compendio: la Guía de Aves de Chester Albert Reed. Ambas sirvieron como instrumentos, hasta principios de la década del 30 para identificar, principalmente, las aves costeras del nordeste de América del Norte.

En 1934 se produce un hecho que da un vuelco a la observación y es la publicación de Una guía de campo de las aves (A Field Guide of the Birds) del estadounidense Roger Tory Peterson, talentoso ilustrador y estudioso de los pájaros, que revolucionó y propició el desarrollo de la observación en América del Norte. Sus ideas y nuevas ilustraciones permitían identificar las distintas especies con mucha más facilidad, además de que incluyó los ejemplares de la parte oeste de la región. El éxito de esta guía de campo ha sido tal, que tiene 47 ediciones hasta el presente.

En 1938 se publicó la primera guía de campo de las aves de Gran Bretaña y Europa continental, escrita por Peterson, el británico Philip Arthur Dominic Hollom y el francés Guy Mounfort, la cual contribuyó al desarrollo de la observación de aves en el viejo continente. Nueve años después, aparece la primera edición de la guía de las aves de Las Antillas (Birds of the West Indies), escrita por el ornitólogo norteamericano James Bond, donde se incluían las especies de Cuba.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial y a mediados de los 60 (1965), se establece en Gran Bretaña la primera empresa eco-turística, nombrada Ornithoholidays, cuyo objetivo era la observación de aves, modalidad que se fue incrementando en los siguientes 20 años con la aparición de compañías similares en Estados Unidos, Canadá y otros países europeos.

Todo esto fue motivado por la mayor movilidad de las personas y el abaratamiento y disponibilidad de buenos equipos ópticos (binoculares, telescopios, cámaras con lentes de gran alcance, etc.), más el incremento de guías de campo regionales de diferentes partes del mundo, principalmente de las áreas con las especies de aves más interesantes y diversas.

Países como Suecia, Dinamarca, Finlandia, Estados Unidos, Canadá, Holanda y Gran Bretaña alcanzaron un gran desarrollo y cuentan con los mayores porcientos de observadores; recientemente, grupos procedentes de Alemania, Japón, Suiza, Hungría, Australia, Suráfrica, La India y China han comenzado a practicar esta modalidad de eco-turismo.

 

En la actualidad, y como ejemplo de lo extendido de este pasatiempo, solo en América del Norte hay alrededor de 70 millones de personas que son observadores de aves, y 127 empresas en todo el mundo ofrecen giras con ese propósito.

Observadores de aves en Cuba.

El famoso naturalista alemán Juan Gundlach es quien ha aportado mayor número de observaciones de las aves cubanas. Durante buena parte del siglo XIX recopiló, en sus dos ornitologías, la mayor cantidad de datos de historia natural de las aves de Cuba; sin embargo, como era usual en la época, también cazó un buen número de especies que fueron a engrosar las colecciones ornitológicas del país y de otras partes del mundo.

A principios de la década de los años 40 del siglo pasado, el ya fallecido ornitólogo Abelardo Moreno alertaba de la precaria situación de algunas de las especies endémicas de nuestras aves y recomendaba que era preferible observarlas y estudiarlas en estado libre en vez de ser cazarlas o encerrarlas.

También en las décadas de los años 50 y 60, el fallecido ornitólogo Florentino García Montaña abogaba por sustituir el rifle por el binocular. Pero no podemos decir que en nuestro país se haya practicado la observación de aves como parte del entretenimiento de nuestros ciudadanos (algo similar sucede en toda América Latina); la caza deportiva y la tenencia de ejemplares en jaulas han primado.

En 1979 uno de sus editores de la revista International Wildlife, George H. Harrison, publica el artículo “Our man goes birding in Cuba o “Nuestro hombre ha ido a observar aves en Cuba”, sobre una visita que realizó a Cuba por áreas de la Ciénaga de Zapata, en la cual fue acompañado por el naturalista Orlando H. Garrido. Este autor pondera y recomienda al archipiélago como posible lugar para la visita de observadores de aves y es muy probable que este artículo haya desempeñado un papel muy importante en lo que vino después.

A principios de la década de los 80, como resultado del desarrollo de la observación de aves en el mundo, se inician las primera visitas regulares de grupos de canadienses y estadounidenses a Cuba, que fueron atendidos por los ornitólogos cubanos Orlando H. Garrido e Hiram González; pero es a partir de los años 90 que se establece un flujo de personas procedentes principalmente de Canadá, Estados Unidos y Gran Bretaña, a los que se suman otros ornitólogos, como Arturo Kirckonell.

 

Un hecho decisivo para la observación de aves en el país fue la publicación en el año 2000 de la primera guía de campo de las aves de Cuba (Field Guide of the Birds of Cuba), enteramente confeccionada por autores cubanos (O.H. Garrido y Arturo Kirckonell con los dibujos del ya fallecido Román F. Compañy). Es importante acotar que todas las guías de campo de aves de Latinoamérica anteriores a esta han sido escritas por autores norteamericanos o europeos.

En el presente visitan a Cuba observadores de casi todos los países, quienes regularmente practican la observación de aves y los grupos se cuentan por decenas, con la participación de varias agencias de viaje.

A las personas ajenas a esa práctica se les podría ocurrir, ¿cuál es el interés de ver aves en nuestro país? Ante esa pregunta quisiera reproducir un párrafo de la guía Las Aves de Cuba de O.H. Garrido Y Arturo Kirckonell, edición en español del 2010, pag. 10, párr. 3 y 4: -“En el Caribe, Cuba es sin lugar a duda la mejor isla para la observación de aves. Primero, porque presenta el mayor número de especies; segundo, porque realmente tiene áreas excepcionales para la observación. Entre ellas la Ciénaga de Zapata, que satisface al máximo a los observadores más exigentes.”

Además, en el año 2012 el Dr. Hiram González publicó en la revista Excelencias un artículo titulado “Cuba: paraíso para la observación de aves en el Caribe”, donde destaca y analiza los sitios más importantes para esta actividad en el archipiélago cubano.

La importancia de “observar las aves”.

Para poder abordar esta modalidad eco-turística es necesario comprender las distintas actividades en que se divide y sus características

Tipos de observadores de aves:

1) Los que practican la observación como una suerte de competencia al tratar de ver en un día u otro periodo de tiempo el mayor número de especies y subespecies posibles, en un país o área determinada. También se ubican en esta variante los que persiguen especies raras o en vías de extinción.
2) Los que se dedican a hacer conteos del número de especies, subespecies o individuos en determinados lugares.
3) Los que observan la migración: ¿cuántas?, ¿cuáles? y ¿cómo migran?
4) Los que se interesan en la conducta y el tipo de hábitat.

Los lugares preferidos por los observadores de aves, en dependencia de la época del año, son las zonas costeras, los parches de bosques y los humedales.

Como el número de personas interesadas en esta actividad se ha incrementado en todo el mundo en las últimas décadas, el impacto que puede provocar en las áreas que visitan ya es preocupante, por lo que existe un código de ética que se debe cumplir, procurando influir lo menos posible en los hábitats que las aves utilizan:

 

Código de ética

1) Evitar el estrés de las aves, limitando el uso de cámaras fotográficas y grabadoras con cantos de reclamo
2) No acercarse demasiado a colonias o sitios de cría
3) Evitar la aglomeración de grupos grandes de personas en los sitios de observación
4) Visitar solo las zonas de uso público de las áreas protegidas.

En la red mundial de Internet, existen varios sitios que se dedican a esta práctica eco-turística: Birdchat y Ebird de Estados Unidos; Eurobirdnet de Gran Bretaña: Birding-Aus de Australia, Orientalbirding de La India y SABirdnet de Africa del Sur, entre otros, en los cuales se intercambia información concerniente a esta actividad. Y se cuentan por más de una decena las revistas especializadas en la observación de aves en Europa, América del Norte y Asia.

Hay varias organizaciones que tienen que ver con la observación de aves, de manera destacada: El Trust Británico por la Ornitología, y La Real Sociedad para la Protección de las Aves también de Gran Bretaña; la Sociedad Audubon, la Asociación Americana de Observación de Aves y la Universidad de Cornell, en Estados Unidos; y globalmente Bird Internacional promueve esta práctica en todo el mundo.

Los aficionados a esta modalidad turística se encuentran en toda una gama de ocupaciones y algunos han sido personas destacadas en otras esferas; por ejemplo, el premio Nobel de Física de 1969, Murray Gell-Mann; el famoso evolucionista, ya fallecido, Ernst Mayr, el ex secretario del Instituto Smithsoniano, también fallecido, Dillon Ripley, el ex presidente de Estados Unidos James Carter; y entre los más famosos, ya como observadores, por sus impresionantes registros y habilidades, tenemos al difunto Ted Parker y a Ken Kauffman, autor de una de las guías de aves de América del Norte.

Es importante señalar que varios son los factores que limitan la observación de aves en muchos lugares del mundo: primero, la posibilidad de acceder a binoculares u otros objetos ópticos de percepción remota; segundo, la disponibilidad de guías de campo para la identificación, y tercero, la carencia de especialistas en aves que puedan servir de entrenadores. Por supuesto que los problemas económicos y del desarrollo tienen mucho que ver con estos factores.

Sin lugar a dudas la observación de las aves como práctica eco-turística tiene una gran importancia; en primer lugar, porque sus practicantes son, sin excepción, conservacionistas, personas que aman la naturaleza, que acopian una información de extraordinario valor para comprender mejor este grupo zoológico y poder así adoptar medidas adecuadas para su protección; en segundo lugar, porque desde el punto de vista social y cultural –y pienso que esto es lo más importante- brindan un ejemplo para los que aún consideran al fusil o la jaula como una alternativa viable para las aves.

 

 

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