Universidad: Cinco es más que cuatro

Autor: 

Dr Roberto Mulet
|
16 Noviembre 2015
| |
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Ilustración: Amanda Jara

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Con mucha preocupación analizo la propuesta la idea de reducir las carreras de cinco a cuatro años en la Universidad de la Habana. Del Ministerio nos llegan esencialmente, aunque sin muchas precisiones, tres argumentos apoyando esta reducción. El primero es que una carrera de cuatro años reduciría los costos a la economía nacional. El segundo,  que las carreras de cuatro años comienzan a ser la norma internacional. El tercero, que en las carreras donde esto se ha hecho de manera experimental ha sido exitoso, y se cita especialmente la Licenciatura en Matemática. Ninguno de los tres me parece un argumento especialmente sólido.

El éxito del  experimento hecho en la Facultad de Matemática es cuestionable. O al menos deberíamos entender bajo  qué  parámetros se juzga  el éxito en este contexto. Mi sensación es que ese claustro, al cual se le prometió una continuidad directa de sus graduados en sus programas de Maestría ha sido traicionado Ya no solo hay pocas tesis de Doctorado y Maestría en Matemática, sino que apenas hay tesis de Licenciatura. A la vista de esta realidad, y sin responsabilizar enteramente de esta situación a esta iniciativa particular,  es difícil calificar la actual situación de éxito en el sentido académico.

Atenerse a  ¨la norma internacional¨, por otra parte, no parece ser un argumento relevante por sí solo. Mucho menos en un país con nuestra historia y frente a una globalización que lleva a las universidades a formar “talento” adaptado a las necesidades corporativas más que a la curiosidad investigativa y a la innovación, donde los alumnos juzgan a los profesores premiando a aquellos que menos los exigen y los egresados querellan judicialmente a las universidades porque no logran trabajos con el ingreso que estas les prometieron. A veces ser diferentes es una ventaja.

En todo caso, que las carreras de cuatro años sean “la norma internacional” no es precisamente correcto. Lo que se ha vuelto común son Licenciaturas de tres años, seguidas de dos años de Maestría con tesis incluida. De manera general podríamos decir que nuestros Licenciados, al menos los de las carreras de ciencia que son las que más o menos conozco, tienen un nivel similar al de un Máster de cualquier universidad extranjera. No está de más también hacer notar que esta división de los estudios no ha hecho felices a todos en el viejo continente. Más de una voz ha expresado que esto solo ha disminuido la calidad de los graduados, enviado al mercado laboral mano de obra barata, y  restado valor referencial al título  universitario.

No es obvio que se obtengan grandes ahorros económicos del ciclo de vida profesional con esta operación si pensamos en formar para las necesidades de la futura sociedad cubana. ¿Estamos seguros que necesitamos un graduado con menos años de formación? ¿Estamos seguros que queremos crear esa presión social sobre los puestos de trabajo? ¿Existe esa demanda urgente de personal semi-calificado en nuestra industria o en nuestros servicios? ¿No contradice esto la actual política del Ministerio de Educación Superior (MES) donde entre arrastres, licencias y repitencias un estudiante puede demorar prácticamente ocho años en terminar una carrera?  Quizás podrían evitarse costos inútiles de abandonos y fracasos elevando el nivel de las pruebas de ingreso y garantizando la entrada a la Universidad de estudiantes mejor formados. O por qué no, elevando el nivel de la enseñanza media.

La idea de la reducción del ciclo universitario no solo ha tomado forma entre funcionarios del MES. En el claustro universitario circulan otros argumentos, también cuestionables, apoyando esta transformación. Trataré de discutir los más comunes:

El argumento oportunista: Hagámosla en cuatro años para no buscarnos problemas.

No admite siquiera comentarios.

El argumento hyper-especialista: Sobran asignaturas de formación general

Con este quizás  todos hemos simpatizado alguna vez. ¿Es necesario estudiar Historia de Cuba cuando cursamos una carrera de Matemática y cuatro semestres de Filosofía cuando estudiamos Ingeniería Mecánica? ¿Inglés? ¿Educación Física? Probablemente no. Bastaría ingresar a la Universidad con una formación general apropiada.

Lamentablemente sabemos bien que la formación cultural de nuestros actuales estudiantes universitarios no es precisamente elevada. Muchos conocen más de las letras de las canciones de moda que del Manifiesto Comunista. También es normal encontrar un muy pobre dominio del Idioma inglés, el estándar de facto para comunicaciones académicas internacionales.  Finalmente no está de más recordar, que en tiempos no sospechosos de realismo socialista, el distinguido Profesor Elías Entralgo imponía a sus estudiantes universitarios la práctica de algún deporte. Pero en cualquier caso, aún si dejáramos todo esta formación cultural o general fuera de nuestro currículo ¿Es esta una buena razón para reducir la carrera de cinco a cuatro años? ¿Es suficiente?

El argumento técnico: He debido estudiar asignaturas (refiriéndose a asignaturas específicas de la profesión) que no me han servido para nada en mi vida laboral profesional

Es posible que en alguna carrera existan asignaturas que con el desarrollo de la ciencia y la técnica o con el propio desarrollo de la sociedad se hayan vuelto obsoletas. ¿Son suficientes como para ahorrar un año de carrera? Deberían ser  al menos cinco o seis asignaturas, cuatro como mínimo. ¿Hay alguna carrera en Cuba que puede deshacerse de cinco asignaturas de su programa básico sin sustituirlas y decir que entrega a la sociedad un graduado de igual nivel? Es dudoso, aunque posible que algunos estudiantes o graduados no entiendan el valor formativo de lo que aprendieron porque no encontraron para ello una aplicación “práctica”.

El argumento de la resignación: Si no la reducimos a  cuatro años, los alumnos de pre-universitario se irán a estudiar otra cosa.

Esto es algo así como la realización en nuestra Universidad de la Tragedia de los Comunes. Todos toman la peor decisión posible para la sociedad, porque quien no lo haga estará en desventaja temporal respecto al resto.

Es cierto que el nivel de homogeneidad curricular en carreras tan disímiles en tradición, objetivos y contenidos, como Ciencias de la Computación y Derecho, por solo poner ejemplos obvios, puede ser innecesario. Demorar ocho o nueve años para obtener un título de Maestría o 15 para uno de Doctorado después de ingresar a la Universidad es seguramente demasiado.  Valorar apropiadamente la educación de posgrado es una deuda pendiente de la Universidad cubana y rebajar la pre-graduada un ardid quizás eficiente, aunque  inapropiado, para hacerlo.

Mantener un debate abierto sobre los programas de estudios es saludable en cualquier Universidad que se precie de serlo, especialmente en un momento de desarrollo tecnológico y cambios sociales y económicos vertiginosos como los que vivimos. Pero promover transformaciones radicales en un tema delicado como la educación implica  ser muy cuidadosos: dejar estas decisiones en manos de quienes saben, sin imponerles presiones, sutiles o no, y sobre todo, preguntarse no solo qué  podría ganar la Sociedad con ellas, sino también qué  podría perder.

Desde mi punto de vista  este programa de reducción a cuatro años implicará el destierro del currículo universitario del trabajo científico estudiantil. Esta es la marca de fábrica de la Universidad cubana pos-Revolucionaria. Una marca que es hija de la Reforma Universitaria del año 1962 impulsada entre otros gigantes por el entonces rector Juan Marinello, por el vice-rector José Altshuler y apoyada explícitamente por el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro.

En el debate académico los nombres no deben ser relevantes. Pero antes de asumir como válida y bien pensada esta (contra) reforma que promueve el MES, que conlleva el riesgo de reducir la investigación científica de nuestro pre-grado a niveles inaceptables, me  gustaría recibir argumentos que rebatieran, no mis opiniones quizás estrechas de físico teórico, sino aquellas que esgrimieron los compañeros mencionados cuando se dieron a la tarea de soñar una Universidad revolucionaria.

El autor es Profesor de la Facultad de Física de la Universidad de La Habana y colaborador habitual de Juventud Técnica

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