La vacuna de Oxford es alentadora, pero todavía genera incertidumbre

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
|
24 Julio 2020
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Tomada de Todo Disca

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Entre el 23 de abril y el 21 de mayo de este año, mil 77 ciudadanos de Reino Unido formaron parte, de modo voluntario, para encontrar un candidato vacunal contra el SARS-CoV-2. La investigación, a cargo de la Universidad de Oxford, incluyó individuos sanos de entre 18 y 55 años.

Los resultados obtenidos durante estas pruebas fueron publicadas recientemente en la revista científica The Lancet el pasado 20 de julio. En este artículo se expresa que el producto, denominado en el texto como ChAdOx1 nCoV-19, aparentemente es segura y potencia una “fuerte” respuesta inmunológica durante las fases I y II de ensayos clínicos.

Según el texto “las pesquisas demuestran que, en los 14 días siguientes a la vacunación, el producto genera recepción en las células receptoras de linfocitos T, conocidos como TCR. Posteriormente, luego de 28 jornadas se puede apreciar una activación de los anticuerpos que podrían inmunizar contra la COVID-19”.

Además, los expertos seleccionaron dentro de la muestra a diez individuos para ser inoculados con dos dosis del potencial medicamento. Al parecer, estos miembros del ensayo tuvieron una respuesta inmunológica aún más fuerte. El equipo de Oxford considera que esta pudiera ser una estrategia de vacunación.

La vacuna experimental fue creada a partir de una versión de un adenovirus del resfriado común de los chimpancés. Genéticamente, se ha modificado este virus para impedir su multiplicación y añadir elementos que neutralicen la entrada del SARS-CoV-2 en el organismo humano.

Los expertos de la Universidad de Oxford trabajan de conjunto con la biofarmacéutica AstraZeneca. Esta empresa ha sido contratada para la fabricación masiva del producto y también apoyan el desarrollo clínico del medicamento para garantizar su alcance mundial.

Sarah Gilbert, investigadora al frente del proyecto, ha divulgado a los medios de prensa internacional que el primer objetivo de estas fases de estudio fue descartas los posibles efectos adversos graves de la vacuna. También se pretendía ajustar la dosis y medir la mencionada respuesta inmune.

“El perfil de seguridad es similar al de otras vacunas”, señala Gilbert. “Incluye dolor inflamatorio en el sitio de la inyección y síntomas asociados a la gripe, como dolor de cabeza, fiebre y dolor muscular”.

Al parecer, estos efectos se registraron principalmente el primer día, luego de la aplicación del producto. Luego de 24 horas, y tras recibir un paracetamol preventivo, estas condiciones comenzaron a remitir.

Por su parte, Andrew Pollard, jefe de ensayos cínicos de la Universidad de Oxford, aclaró que “las respuestas inmunológicas observadas están en línea con lo que los estudios anteriores en animales”. El mismo producto fue administrado a seis macacos Rhesus que luego fueron expuestos al SARS-CoV-2 y tras 28 días de revisiones, seguían sanos.

Los pendientes del proyecto

La edad promedio de los participantes en el ensayo clínico de la Universidad de Oxford fue de 35 años. Es decir, no se incluyeron personas muy mayores y se verificó que no tenían enfermedades previas. En otras palabras, la muestra seleccionada fue relativamente poco heterogénea.

Los propios científicos consideran necesario ampliar el número de voluntarios. De hecho, un proyecto conjunto aspira a incluir a cerca de 20 mil individuos de Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Además, por el poco tiempo en que se ha estudiado la evolución del candidato vacunal en los individuos, no está del todo esclarecido cuánto podrían durar las defensas generadas por el producto. Hasta ahora solo se ha podido observar que los casos siguen manteniendo respuesta inmunológica luego de 56 días de haber recibido el medicamento.

Uno de los temores de los investigadores es que el virus mute y se modifique la carga viral de los infectados.

Andrew Pollard considera imprescindible continuar, de manera rigurosa con el programa de ensayos clínicos. Mientras que Sarah Gilbert apunta que su equipo sigue esforzándose para poder condensar en unos meses el trabajo que, en condiciones normales, requiere de varios años de pesquisas.

¿Cuánto falta para resolver el problema?

Al mismo tiempo, es necesario entender que no existe una única forma de crear un producto contra el SARS-CoV-2. Hasta el momento se han registrado candidatos de ARN y ADN, vacunas de vectores aprobadas por los reguladores y vacunas recombinantes de gripe fabricadas con células de insectos o en cultivos celulares.

Comprobar la efectividad de este tipo de medicamentos no es sencillo, puede tardar meses y debe pasar, satisfactoriamente, todos los controles necesarios. Afortunadamente, las entidades que componen la Organización de Naciones Unidas han comenzado a promover el acceso colectivo y público a la potencial vacuna.

 

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