Contra viento y mareo (1ra parte)

Autor: 

Daymaris Martínez Rubio
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01 Marzo 2014
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Daymaris Martínez Rubio

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En una época donde pensar para transformar vendría siendo la marca, la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) pareciera dar un golpe de cafeína a su instinto, retomar la ruta de su histórico civismo y desperezar la parte que le toca en la conciencia crítica de la nación.

Si hasta abril de 2011 el boceto de los Lineamientos* fue esa bitácora a ratos “incompleta” que la comunidad científica tasó con ojo inquieto, dos años después el protagonismo de los académicos en la actualización de la Política de Ciencia, Tecnología e Innovación (PCTI) de la Isla, no solo es un hecho, sino que deja el debate sobre sus destinos en un estado de agregación casi inédito. En solo meses, tras un proceso de discusión que puso a humear el suelo con explícitos llamados a “desfosilizar” los mecanismos de participación –concretamente de un canal como la ACC–, científicos cubanos lograron captar la atención de altas esferas del gobierno con lo que mejor saben hacer: rastrear verdades y mostrar evidencias.

El “Análisis del Estado de la Ciencia en Cuba”, unas 80 páginas de un examen redactado a fines de 2012 por acuerdo de la ACC y presentado en octubre último a instancias de la Comisión encargada de implementar los Lineamientos, devino una concienzuda radiografía de huesos donde cada dato contó como una vértebra.

Ahora, a más de medio siglo de la premonitoria frase del líder de la Revolución, Fidel Castro, que situó a la ciencia cubana como un factor de cambio social y político, es claro que los reumas amenazan con relegar esa conquista a escaños muy alejados de su puesto de avanzada en América Latina.

Lo inquietante es que “ya estamos rezagados”, advierte Juan Triana, economista, profesor universitario e investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), quien alerta sobre las dramáticas consecuencias de marchar en sentido contrario al vector del desarrollo.

“Alejarse de la tendencia en un mundo sumamente dinámico significa que el esfuerzo de recuperación se hace sumamente grande y no es posible saltar, ni aun cuando las distancias sean cortas. Porque esas distancias, como los agujeros negros, tienen gran fuerza de atracción”.



La hora del café
Si la ciencia es la aventura inspiradora que nos han pintado, si es en serio creación redentora y colectiva, un Pleno** de la ACC deberá ser lo más parecido a un parlamento; y su foro, las tremendas reflexiones cocidas a su fuego, una suerte de oráculo de Delfos que a ningún ser pensante convendría ignorar.

En la Academia hablan las bocas y hablan los silencios; dicen tanto los números como las ironías. Tal vez por eso, cuando a fines de 2012 sus miembros examinaron la más reciente radiografía crítica de la ciencia en la Isla, por instantes, algunas miradas fueron más elocuentes que los verbos.

Reumas. La crisis de los 90 dejó días húmedos y ahora no hay nada de extraño en los achaques de huesos. Sin embargo, no pocos aprecian las ventajas de un enfoque realista de la situación frente al rodeo que caracterizó a la última década.

Para Jorge Núñez Jover, presidente de la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS+I) de la Universidad de La Habana, lo relevante sería esa “toma de conciencia de la situación compleja por la cual atraviesan las capacidades en materia de ciencia y tecnología. Hasta hace un año había una idea bastante edulcorada de ese asunto”.

Concretamente, “a partir de los debates de los Lineamientos y de las comisiones creadas por diferentes organizaciones, han surgido visiones mucho más objetivas, críticas, pero, sobre todo, equilibradas”, precisa, y añade en tono de ganancia la opción de “mirar de frente la realidad, sin elogios excesivos”.

En uno de sus recientes artículos, escrito en coautoría con Luis F. Montalvo para la revista Economía y Desarrollo, el propio Núñez Jover apunta al papel de la discusión colectiva en un proceso que no solo propició la reformulación del 100 por ciento del Capítulo V de los Lineamientos referido a la ciencia y la tecnología, sino que dio lugar a cambios “sustantivos y favorables”.

El debate abierto y masivo habría sido el garante de “un enfoque más integral” que terminó por relacionar la Política de Ciencia, Tecnología e Innovación (PCTI) con aspectos como la participación social, la protección del medio ambiente y el cuidado del patrimonio y la cultura, más allá de los estrictos asuntos económicos, resalta el artículo.

Carlos Rodríguez, vicepresidente de la ACC, percibe que el propio éxito en la acogida del análisis redactado por académicos puede radicar en la suma de esas y otras circunstancias: “Es un informe oportuno; es decir, llega en un momento en que todos estos temas están sobre la mesa –durante muchos años estuvieron debajo de la mesa– y se produce en un momento en que se discuten estas cosas. Este mismo informe, mucho tiempo antes o después, no habría tenido el efecto que está teniendo”.

 

Carlos Rodríguez, vicepresidente de la ACC, defiende la necesidad de enfoques diversos frente al obstáculo de “una burocracia fuerte, con vocación de uniformarlo y controlarlo todo”.

Una segunda razón –sugiere– podría estar en el “esfuerzo” por que el diagnóstico sobre el Estado de la Ciencia en Cuba estuviera en lo posible avalado por datos. “Duros y claros”, subraya. “De manera que puede estarse de acuerdo o no con el análisis que se hace de las causas, pero el fenómeno está claro”.

Mas, ¿qué encontraron los académicos en el cuestionable sésamo del sistema estadístico cubano? De entrada, no fue posible disponer de datos acerca del porciento de investigadores que posee un doctorado en Cuba; pero otras cifras indican que, en casi todas las especialidades, la proporción del número de doctorados defendidos cada año respecto al total de investigadores va siendo mucho más baja y próxima a la media latinoamericana (muy alejada a su vez de los países más avanzados).

Pero, esa realidad es solo una flecha. Justo debajo de la alfombra las capacidades humanas en Ciencia y Tecnología (C y T) se diluyen por el caño de la emigración (hacia afuera o hacia el sector no estatal); mientras una paradoja condiciona lecturas contradictorias del índice de desarrollo humano modificado por la propia C y T.

Cuestión de perspectiva, alega Triana. “Cuando hasta 2004 se iba a los grandes números, se encontraba un gran contrasentido: Cuba, comparada con otros países, tenía un índice de desarrollo humano modificado por la ciencia y la tecnología sumamente alto para su nivel del PIB y rebasaba en mucho a los que tenían ese mismo número. Una manera de leerlo es: produciendo muy poco, teniendo muy poca capacidad económica, había logrado generar muchos científicos. Esto es verdad y tiene una explicación.

“Pero, es solo una manera de enfocarlo. Hay otra, que es mirar el vaso de agua medio vacío: Cuba con tantos científicos, con tanto desarrollo de capital humano, apenas logra producir. Produce tan poco como un país que tiene la mitad de su capital humano. ¿Qué nos está diciendo esto? Que se está desperdiciando ese capital”. 

Un David “pequeño y débilmente conectado”
El pasado octubre, a menos de un año de su primera versión de diciembre de 2012, el “Análisis del Estado de la Ciencia en Cuba” había arribado por fin al Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comisión Permanente de Implementación de los Lineamientos. Buena acogida…, anotó en sus apuntes el físico Carlos Rodríguez, persuadido de que el mensaje que acababa de exponer, en nombre de centenares de académicos, era un cuadro en parte conocido. 

Parecía natural, piensa Rodríguez, porque el informe de la ACC no es aislado; coincide con una labor desplegada en todo el país y muchos temas se solapan. “Por ejemplo, los de la fuerza de trabajo calificada, del éxodo, de las condiciones de trabajo, de las dificultades con Internet…, salen en muchos contextos”.

Tampoco parecía exclusivo el “panorama contradictorio” descrito en un documento que relaciona, por un lado, la probidad de las conquistas, y por otro, la amenaza inminente a su permanencia. Esa misma realidad podría encajar como un guante en diversidad de ámbitos de la vida social y económica del país.

Sin embargo, existen aspectos donde hablamos de un texto curiosamente revelador: contrario a la creencia común, el sistema de ciencias cubano no es ese sólido (y deseado) tejido de araña, sino un David “pequeño y débilmente conectado”.

Pequeño, explica el informe, atendiendo a la dinámica decreciente de variables como: capital humano, financiamiento, impacto económico, patentes e, incluso, publicaciones (las cuales, pese a experimentar una tendencia al alza, crecen muy lentamente en comparación con la media latinoamericana). Y débil, por sus conexiones, no solo a su interior, sino también con el tejido empresarial, la educación, la ciencia internacional, y, lo que parece aún más llamativo, los procesos de toma de decisiones en el país.

Entre las causas, los académicos identificaron un rosario de escollos: unos, históricos y externos, como el obsoleto (pero pesado) fardo del bloqueo impuesto por el gobierno de Estados Unidos a Cuba; otros, lamentables achaques caseros, como el retraso tecnológico o las deterioradas condiciones de trabajo y de vida. 

“Las limitaciones objetivas en el uso de las TICs y muy especialmente en la conectividad y acceso a Internet, constituyen en este momento un freno mayor al desarrollo y la efectividad de la Ciencia y Tecnología cubanas y a su contribución a la sociedad”, alerta el informe de la ACC.

Subyacen, obviamente, las dificultades del Periodo Especial y su “efecto diferido” sobre la actividad de ciencia y tecnología (ACT), las cuales, durante 20 años han simbolizado un duro mazazo a las condiciones materiales para la investigación científica “con excepción del sector de la Biotecnología”.

Para la lectura del recuadro, sugieren académicos cubanos en su Informe, debe tenerse en cuenta que muchos países emisores son también grandes receptores y poseen mayor población que Cuba. Para la Isla estas “pérdidas” tienen una “expresión crítica” en algunas disciplinas, destacan.

Pero, cuando el examen apunta a los efectos sobre ese “relevo crecido en un contexto ‘de resistencia’ más que ‘de desarrollo’”, a Melquiades de Dios, veterano científico y profesor universitario, nada le parece más cercano al insomnio. “Si como apunta el documento, la productividad científica depende de esa generación de entre 25 y 45 años, y esos jóvenes se van y los viejos nos estamos jubilando…, en el medio, ¿qué tenemos? Incertidumbre. Y todos sabemos que sin relevo no hay nada…; ciencia mucho menos”.

Melquiades de Dios junto a sus alumnos del cuarto año de la carrera de Física. “Todavía ‘con la casa a cuestas’”, dice, más de siete años después de iniciadas las obras de reparación de uno de los más influyentes espacios formadores de potencial científico en Cuba: la facultad de Física de la Universidad de La Habana.

La reacción, sin embargo, ha sido alentadora, aseguró Rodríguez al Pleno reunido el pasado 16 de noviembre. “Ahora se nos está pidiendo más, la demanda es sobre todo de sugerencias, todas las posibles y lo más concretas”, de modo que los encargados de implementar la nueva organización de la ciencia puedan pertrecharse de un buen arsenal.

“Lo primero que tiene que haber es una visión de país”, subraya Juan Triana, y su impresión es que esta vez lo estaríamos alcanzando. “Soy de los que piensan que el futuro no se construye proyectando el pasado hacia adelante, sino construyendo el futuro y halando el presente.

“Hay que pensar que Cuba ha ido venciendo etapas y que hoy estamos en una diferente. El mundo es muy diferente. Por lo tanto, un país que además depende del mundo, y no al revés, tiene que ubicarse dentro de la concepción de que tiene que construirse un futuro y no dejar que se lo construyan (otros), que es muchas veces lo que sucede”.

No en balde, Sun Tzu, en El Arte de la Guerra, uno de los más brillantes manifiestos sobre estrategia de todos los siglos, calificaba de “forzoso” el buen manejo de un estado de excepción, donde “no reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es más querido”.

Por fortuna, una rápida ojeada al “Análisis del Estado de la Ciencia en Cuba”, persuade de la oportunidad y urgencia de ser creativos, especialmente si, tomando en cuenta los estados virtuales de guerra, “nunca es beneficioso para un país dejar que una operación militar se prolongue por mucho tiempo”.

Todos los métodos y ninguno
Una de las más poderosas conclusiones del informe pasa sin lugar a dudas por la centralidad del tema financiero. Que la ciencia y la tecnología en Cuba son “insuficientemente” financiadas –“especialmente, en relación con el potencial humano creado y el desarrollo tecnológico alcanzado, con muy bajo aporte del sector empresarial, débil financiamiento externo y mecanismos muy pocos ágiles para el uso de los recursos financieros disponibles”-, no es noticia.

Según destaca el Informe de la ACC, “un posible apoyo al financiamiento de la ciencia pudieran ser los proyectos y donativos internacionales, que resultan vitales para muchos países”.

En el citado artículo La política de ciencia, tecnología e innovación en la actualización del modelo económico cubano: evaluación y propuestas, Jorge Núñez y Luis F. Montalvo explican que el gasto en I+D, en franco declive a partir de 1995 (con una media del 0,52 por ciento del PIB inferior a su similar en Latinoamérica), ha permitido “básicamente pagar salarios y cubrir gastos en moneda nacional, pues el financiamiento en divisas es escaso”.

Y añaden que, en Cuba, donde el Estado financia el 95 por ciento de la ACT, es llamativo el escaso porcentaje de participación de las empresas en el financiamiento de I+D, algo impensable hoy para la lógica económica de un mundo donde definitivamente la Isla aspira a insertarse.

Para Hugo Pérez, uno de los cubanos miembros de la Academia Mundial de Ciencias para el Mundo en Desarrollo (TWAS), hablar de definiciones es hoy perentorio: “La ciencia es un sistema, como la vaca es un sistema. Mucha gente ha pensado en la parte de la ubre; es decir, en la leche que da la vaca; pero poca en que la vaca tiene que comer y que mientras más pasto, más leche, más queso..., etcétera. Hay quien entiende que no, que la vaca lleva una dieta y así se han frenado investigaciones.

“Son concepciones muy particulares de la ciencia”, dice, pero sostiene que merece la pena que el país se plantee la idea de financiar toda la investigación posible de manera conjunta. “Con países como Brasil”, es su propuesta y un buen marco de referencia, en su opinión, sería la extracción petrolera. “Nos asociamos para sacar petróleo de aguas profundas, pues vamos a asociarnos para extraer, procesar y utilizar sobre todo el petróleo blanco”, exhorta Pérez.

Aunque una segunda parte de este reportaje intentará profundizar en el tema específico de las rutas y mensajes esenciales que emergen del informe (con fuerte énfasis en la economía del conocimiento), es justo destacar que no existe una declaración explícita sobre la naturaleza de las probables soluciones para el S.O.S financiero.

No obstante, el consenso ha girado en torno a tres fuentes fundamentales: el presupuesto del Estado, el crecimiento de la fracción proveniente de la empresa, y los dineros externos (no solo a través de experiencias binacionales como la que estaría en curso con China).

Esa experiencia podría ser una vía para la entrada de financiamiento externo, explica Carlos Rodríguez, pero insiste en que sería solo “una forma de hacer las cosas” y no la aspiración de un modelo, cuyo éxito siempre estará sometido a las leyes de la probabilidad.

“Soy un convencido de la diversidad de formas de actuación. Incluso, para Agustín (Lage) –a quien tanto admiro, y quien junto a otros compañeros ha construido una empresa de alta tecnología (EAT)–, ese es un modelo de primera magnitud, porque considera que, dentro de la diversidad de formas que pueda haber, la predominante debería ser esa experiencia que ha venido modelando junto a sus compañeros del Centro de Inmunología Molecular (CIM).

La reciente creación del grupo empresarial BioCubaFarma da cuentas de una intención gubernamental por apostar a este tipo de modelo: “Por supuesto, repone Rodríguez, hay que tratar de impulsar(lo) donde existan condiciones para incubar esas empresas; pero, ¿cuántas tenemos hoy y cuántas podremos tener a la vuelta de equis años? ¿Se reduce a eso nuestro arsenal de vías para atraer financiamiento a la ciencia e incrementar su aporte económico?”.

El momento –enfatiza– es de despliegue de inteligencias. “Tiene que haber una política y esta tiene que tener una brújula para saber a dónde queremos ir. Pero ¿cómo? Hay muchas formas diversas.

El debate sobre la actualización de la PCTI en Cuba concierne a la mayoría de los actores de la sociedad. El pasado diciembre, el diputado Yuri Valdés expuso ante parlamentarios cubanos una valoración sobre el reordenamiento de los Centros de Investigación Científica y Tecnológica en el país.

“Nosotros, los cubanos, tenemos una frase de José de la Luz y Caballero que dice: ‘Todos los métodos y ningún método: he ahí el método’. Es decir, mejor no casarse con modelos, sino con objetivos y principios. Que sean pocos, pero que sean sólidos”.
 

*Tras un intenso periodo de discusión popular, los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución fueron aprobados en abril de 2011.

**El Pleno es el órgano de mayor jerarquía y autoridad de la ACC. Está constituido por los académicos, reunidos en sesiones ordinarias o extraordinarias.

 

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