Voces Compartidas: Benilde Torres, médico cubano en Sudáfrica

Autor: 

Magda Iris Chirolde
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29 Julio 2020
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Crédito de fotografía: 

Ilustración. Ricardo Valdivia Matos

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Voces compartidas surge de la necesidad de dar a conocer al mundo la labor de los médicos cubanos en su propia voz mientras avanza la COVID-19. Para ello Juventud Técnica reunió los testimonios de varios integrantes del personal de salud de la Isla que se encuentran fuera del país en misiones solidarias.

No todos los testimonios recogidos en este espacio pertenecen a médicos de las brigadas enviadas específicamente a luchar contra la pandemia; pero todos la han enfrentado de una forma u otra.

Escucha el testimonio o lee la transcripción más abajo.

El médico especialista en Primer Grado de Medicina General Integral cumple misión internacionalista en Northen Cape, Sudáfrica. Desde su llegada a esa nación confiesa que su rutina diaria ha cambiado.

Todo se modifica incluyendo mi vestuario por la exposición a muy bajas temperaturas, en un terreno semidesértico y seco. Mis jornadas se concretan en la batalla cara a cara con este enemigo invisible, que va dejando a su paso un gran número de enfermos y en el peor de los casos hasta la muerte. Mi miedo es desmedido e inevitable.

Benilde pertenece al equipo de dirección municipal donde todos los días se planifican las actividades basadas, fundamentalmente, en el trabajo de promoción.

Visitando comunidades, retomando la labor educativa de orientación, de cómo prevenir la enfermedad, pesquisas activas, realizar exámenes PCR para diagnosticar o descartar casos. Así trascurren mis días en intensas horas de labor.

Entre los hábitos adquiridos por ese holguinero de 34 años de edad, destaca el empleo de los medios de protección.

El uso de los mismos se convirtió en parte esencial e inviolable de mi vestuario al extremo de retirarlo solamente para las necesidades básicas, de forma transitoria y segura. He desarrollado el hábito casi obsesivo del uso del nasobuco, lavado de manos, los baños constantes y demás normas de protección al extremo de convertirse en mi prioridad, incluso, antes que la alimentación, sabiendo que es mi garantía de salud y de los pacientes que asisto diariamente.

No todo es oscuridad en medio de tanta tragedia, siempre existe un motivo para sonreír, para ser más valientes, para seguir salvando vidas. Mi anécdota más reciente, que resulta gratificante para mí, fue la alegría y la felicidad de una madre que al término de los 14 días de aislamiento retorna a su hogar donde la esperaban su esposo y tres hijos. A su llegada, se abrazaron y lloraron juntos de felicidad. Fue como devolverle la vida a aquel hogar nuevamente.

Como toda persona tengo puntos álgidos entre los cuales se encuentra mi preciosa hija de seis años, quien me espera allá, del otro lado de la pantalla y que aunque no pueda abrazarle me pone un beso en la frente y coloca la suya para ser correspondida.

 

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