Voces compartidas: historias de médicos cubanos internacionalistas

Autor: 

Redacción de JT
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03 Diciembre 2020
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Como fichas de dominó, una vez que el coronavirus se expandió por el mundo, cayeron al borde del colapso los sistemas de atención médica en muchos países. Entonces, guiados por esa filosofía de brindar auxilio a quien lo necesite, las brigadas del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, de Cuba, tomaron sus mochilas y se alistaron para colaborar en la asistencia médica y en el asesoramiento a las autoridades sanitarias de las naciones que así lo solicitaron.

Hacia Venezuela, Nicaragua, Suriname, Granada, Italia y el Principado de Andorra, hasta sumar unos 33 países (actualización hasta el 7 de julio), partieron los primeros brigadistas sanitarios, quienes han trabajado sin descanso para brindar sus experiencias en materia de organización, planificación y asistencia médica en situaciones de emergencia.

Desde Italia

 

Las edificaciones de Crema, localidad de la provincia Cremona, en Lombardía, hablan de tiempos remotos; su primera iglesia data del año 1284 al 1341 y están frescos aún varios acontecimientos históricos de la primera y la segunda Guerra Mundial, en los que estuvo involucrada.

Allí aterrizó el 21 de marzo de 2020 Yasser Haber Molina, médico guantanamero de 33 años y especialista en primer grado en MGI, junto a otros 52 especialistas, para respaldar a los sanitarios de esa ciudad de calles tan estrechas como las de Camagüey, algunos de los cuales llevaban cinco semanas ininterrumpidas sin ver a su familia, agotados físicamente.

“Desde la primera guardia, el equipo de trabajo dejó descansar al médico italiano que se encontraba con nosotros para que pudiera recuperarse del cansancio acumulado. Durmió seis horas seguidas de una vez”, cuenta Yasser, quien desde ese momento empieza a trabajar en turnos de seis horas, en las mañanas o en las tardes, y otro de 12 horas nocturnas cada cinco días.

Así fue naciendo el agradecimiento que respiró en cada esquina de Cremona, ese que le sorprendió al ver en las calles a niños con banderas cubanas, italianas y con carteles que dibujaban: Gracias Cuba.

Un poco más al oeste, en Piamonte, rodeado de montañas por tres de sus lados, el especialista en MGI y Endocrinología, Maurio González Hernández también va por la COVID.

La noticia de que viajaría a Italia lo tomó de sorpresa. El joven de 31 años de edad rememora que ese momento fue impactante porque no hubo mucho tiempo para despedirse de su familia, de su pequeña niña.

“Realmente lo único que estuvo en mi mente fue un momento para demostrar todo el sentido de humanismo, de solidaridad, de altruismo que nos enseñó nuestro Comandante y que día a día lo ponemos en práctica como médicos, pero que es muy importante determinar qué podemos hacer nosotros, cómo podemos hacer un poco más hacia la humanidad y cuál es el papel de nosotros dentro de la humanidad”, recuerda el doctor González Hernández.

Es primera vez que Yasser y Maurio cumplen misión internacionalista y ya atesoran decenas de anécdotas gratificantes; cada una es un lance ganado a la COVID-19.

Yasser guarda una historia de esas donde se mezclan la alegría y el dolor.

Al hospital de campaña arribó una paciente de 75 años de edad, quien junto a su esposo de 52 e hijo mayor adquirieron el SARS-CoV-2. Tanto uno como el otro fallecieron.

“Ella llegó muy triste a nuestro servicio, lloraba solo con mencionar el tema. En cada turno de trabajo desarrollé una preferencia inconsciente, por así llamarlo, para sacarla un poco del momento y conversaba mucho. Se me ocurrió decirle que yo era su hijo cubano, que contara conmigo para lo que fuese. Fue demasiada la emoción de esa señora y no paraba de agradecer la actitud mía, y el gesto de Cuba con Italia. Esa emoción tampoco pude evitarla”.

Para Maurio, lo más impactante tuvo que ver con el desarrollo tecnológico, solo conocido, según confiesa, por libros o congresos. La circunstancia le permitió superarse como profesional.

De modos y nuevas costumbres

El amor los unió en matrimonio. Hoy los pinareños Mariela González Medina y Luis Emilio Valdés Salgado se encuentran en la comuna de Moudjbara, perteneciente a la Wilaya (provincia) Djelfa, en Argelia, desafiando una situación compleja. Además de atender afecciones respiratorias agudas, debido a la arena del desierto, la sequía y el clima frío, así como enfermedades parasitarias, diarreas, infecciones de la piel y otras, ellos ayudan a luchar contra la pandemia.

“Estamos ante una situación desconocida, razón por la cual tenemos presentes el riesgo que ofrece la COVID-19, con su elevado por ciento de pacientes asintomáticos y su alta transmisibilidad. Nos capacitamos, cumplimos con las normas de protección personal, enfatizando sobre todo en el lavado de manos y en el uso del nasobuco, así como en los procesos de desinfección, haciendo de esta actividad una rutina diaria, con una férrea disciplina tanto a la salida de nuestras viviendas, en el tránsito al policlínico, a nuestra llegada a las consultas y el retorno a la casa”, detalla la ginecobstetra González Medina.

En estos tiempos ver la alegría y la felicidad de una madre al dar a luz a su hijo, en medio de tanto dolor y pérdidas de vidas humanas, les reconforta y da fuerzas para seguir adelante en situaciones tan complicadas.

“Miles de personas falleciendo en el mundo y nosotros aquí en medio de este desierto trayendo vidas y alegría a la familia argelina. Esas son nuestras mejores anécdotas, nuestro trabajo día a día”, asegura Valdés Salgado, médico especialista en MGI, verticalizado en Pediatría.

Apenas unas letras enviadas vía WhatsApp y rápidamente las licenciadas en enfermería, Yakelín Oliva Pluma y Odalis Caridad García Chala compartieron los sentimientos que han ido aflorando cada día de permanencia en la zona roja. Ambas, trabajaron en el Hospital Nostra Senyora de Meritxell, en el Principado de Andorra. La artemiseña Yaquelín en el bloque quirúrgico, desempeñándose como enfermera anestesista y la avileña Odalis en la sala COVID 3.

 

 

 

Quizás el idioma, la idiosincrasia o las tecnologías representaron un obstáculo para desenvolverse, más lo resolvieron con naturalidad. Aunque estuvieran en otra nación, los perfiles de trabajo son semejantes y el objetivo uno: frenar la transmisión del nuevo coronavirus.

Estas mujeres cubanas también han sentido temor, al atender a los pacientes; sin embargo, luego, verles recuperados “resulta una experiencia única”.

“Te da esa emoción, el ánimo de vivir y decir salvé vidas. Qué bonito es eso; esa es la vida misma que te da alegría, es un orgullo. Es todo, más que humanidad, que solidaridad, que sentimiento, que todo”, exterioriza emocionada Odalis.

“Mil puntos para Cuba, que vivan los cubanos”, fue una de las tantas expresiones que recuerda Leidysbet López Cantero, otra de las 25 enfermeras que integró el contingente Henry Reeve en el pequeño principado, ubicado entre Francia y España, en las montañas de los Pirineos.

“Me paro en la ventana de mi habitación y escucho las letras del Himno Nacional y oigo los aplausos de todos los vecinos que están alrededor del lugar de residencia gritando Cuba Libre y Viva Cuba.

“Y lo más importante ha sido el intercambio de conocimientos culturales que hemos tenido, porque nosotros les transmitimos a ellos enseñanzas de todo tipo, igual que ellos nos las ofrecen a nosotros: hábitos de comidas, de bebidas y, sobre todo, de supervivencia. Acá nos sentimos como en casa”, evoca López Cantero.

La distancia, el regreso

Gracias a sus voces compartidas, hoy sabemos que muchos de los médicos no han podido evitar derramar lágrimas cuando, mediante voz, textos o videollamadas, conversan con sus familias. Otros consiguen aguantar sus emociones para no demostrar cuánto se extraña, pero no hay ninguno que no haya mencionado sentirse orgulloso de haber aceptado partir para poner en jaque a esta enfermedad. Imbuidos del humanismo, altruismo y profesionalidad de la medicina cubana.

Luego de dos meses y 14 días brindando sus servicios a pacientes positivos en Lombardía, Italia, el doctor Yasser Haber Molina, regresó a Cuba. Parado en una esquina de la Plaza Duomo, en Crema mira a la cámara, apunta, y nos regala una mirada limpia, la de un ser que se aferra a esa máxima martiana: “el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber


 

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