Voces Compartidas: José Manuel Álvarez, MGI cubano en Sudáfrica

Autor: 

Magda Iris Chirolde
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12 Agosto 2020
| |
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Crédito de fotografía: 

Ilustración. Ricardo Valdivia Matos

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Voces compartidas surge de la necesidad de dar a conocer al mundo la labor de los médicos cubanos en su propia voz mientras avanza la COVID-19. Para ello Juventud Técnica reunió los testimonios de varios integrantes del personal de salud de la Isla que se encuentran fuera del país en misiones solidarias.

No todos los testimonios recogidos en este espacio pertenecen a médicos de las brigadas enviadas específicamente a luchar contra la pandemia; pero todos la han enfrentado de una forma u otra.

Escucha el testimonio o lee la transcripción más abajo.


“Aquí uno seca lágrimas, se ve solo, ve la muerte a diario y está lejos de familia, y familia es Cuba”. Así nos escribía los primeros contactos el doctor José Manuel Álvarez Pacheco, médico especialista en Medicina General Integral, quien cumple misión internacionalista en ciudad del Cabo, Sudáfrica.

Estamos trabajando en un centro que es el antiguo Centro Internacional de Convenciones, que se convirtió en una especie de hospital de campaña con tecnología de punta, con una capacidad de 862 camas donde allí se realizan cuidados intermedios y paliativos.

No se admiten niños ni embarazadas. Es una situación difícil. Cada día llegan más casos, se incrementan cada vez más. El personal es poco. Aquí en Ciudad del Cabo hay más de 600 personas del personal de salud con coronavirus. Lo fundamental es que nos apoyamos los unos a los otros, que velamos por nuestra seguridad.

Vivencias tiene muchas para contar. El camagüeyano José Manuel evoca algunas de ellas.

Como estamos trabajando en un ambiente totalmente contaminado y para evitar el uso de papeles, se está implementando el uso de la aplicación Vula para las remisiones. Allí vienen todos los datos del paciente, los análisis que se le han hecho, imágenes de radiografías que se le han hecho, y es más fácil para nosotros. Es, nada más, buscar en el sistema.

Y vimos allí un historial también de todo lo que ha sido de ese paciente en los ingresos anteriores y con qué datos el médico nos lo envía, con qué tratamiento el viene para acá y de allí nosotros sacamos todo lo necesario para poder hacer el ingreso del paciente.

Al joven de 30 años de edad lo caracteriza la alegría, seguridad y perseverancia. En relación a los pacientes nos comenta.

La mejor satisfacción, la más grande que he recibido aquí es la sonrisa que me pueden regalar cuando se van o cuando voy al otro día y veo que los pacientes que están en mi sala me llaman y están contentos y felices porque están sin oxígeno, porque ayer los había dejado con oxígeno y hoy están respirando normal. Algunos quieren tirarse fotos y me preguntan de dónde soy y son experiencias bonitas; esa parte de que te regalan una sonrisa no tiene precio.

A veces la crudeza de la enfermedad intenta opacar esa alegría.

Es un momento difícil, de tensión, tener que llamar a esa persona que está esperando a que suene el teléfono, crean que su madre tenga alguna mejoría o que tiene algo y que reciba todo lo contrario. Cualquiera que haya tenido que vivir una experiencia similar, sabría lo difícil que es para uno. Que por mucho que ya uno lo haya hecho nunca se acostumbra porque esto no es algo a lo que uno se llega a acostumbrar.

Si pudiera resumir un mensaje sería en una sola palabra: en amor. Que no se olviden del amor, que es lo más importante que tenemos. Ser capaces no solo de recibir amor sino dar amor. En cualquier cosa que hagamos es la mejor cura que hay, igual que la sonrisa.

 

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