Zona Roja: periodismo en tiempos de pandemia

Autor: 

Ernesto Lahens Soto
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29 Diciembre 2021
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Crédito de fotografía: 

Daniela Pujol

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Cuando los primeros casos de COVID-19 fueron detectados en Cuba, la incertidumbre se apoderó del país. Pero aun sintiendo el miedo, un grupo de jóvenes se brindaron a arriesgar sus vidas en labores de apoyo para el control de la pandemia. La historia de parte de ellos se ve reflejada en el documental Zona Roja, del joven periodista Pedro Pablo Chaviano.

Durante los primeros meses de la pandemia varias residencias estudiantiles fueron transformadas en centros de aislamientos para personas sospechosas de tener SARS-CoV-2, sus contactos y viajeros llegados al país. En el documental se cuenta cómo estudiantes y profesores universitarios se involucraron en los centros de aislamiento del reparto Antonio Guiteras y la zona VI de Alamar, ambos en La Habana.

Foto tomada de Zona Roja

Zona Roja, fue presentado en la sede de la Agencia Cubana de Naciones Unidas (ACNU), en ocasión de que el 27 de diciembre ha sido establecido por la Asamblea General de la ONU como Día Internacional de Preparación ante las Epidemias, y también como homenaje a los jóvenes protagonistas de la historia, que representan apenas una parte de las personas que enfrentaron a la COVID con la única motivación de ayudar.

Dénisys Pérez Hernández, profesora de la facultad de Lenguas Extranjeras y narró cómo muchas personas le preguntaban qué ganaba con trabajar en un centro de aislamiento; no comprendían que pudiera hacerlo por solidaridad. Otros contaron cómo estuvieron meses sin ver a sus hijos, o que nunca contaron a sus familiares de la decisión de ir a los centros de aislamiento para no preocuparlos.

Un valor particular del documental es que, durante el tiempo de grabación, su director trabajó él mismo en los centros de aislamiento, reportando desde adentro lo que acontecía. Esta idea de periodismo participante y militante toma influencias de los documentales de Santiago Álvarez, desde una estética reporteril.

De manera concisa, el audiovisual contextualiza las vivencias de sus personajes, logrando crear una atmósfera envolvente en los menos de 30 minutos que dura. La fotografía fue cómplice particular de esta creación, con una composición armónica, incluso en ambientes de baja iluminación. Por su parte, la banda sonora juega con diversas canciones cubanas y foráneas, relacionándolas con el desenvolvimiento de la trama.

Algo que dotaría de más alcance al documental — y que podría considerarse para una segunda parte — sería el testimonio de otros voluntarios que no pertenecieran al ambiente universitario, lo cual podría dotarle de esa mirada heterogénea sobre quienes se enfrentaron a la pandemia.

Aunque el audiovisual se exhibió ya en el programa Nexos, del Canal Habana, se están buscando espacios para realizar una segunda proyección presencial. La idea del propio realizador es que se proyecte en La Universidad de La Habana, debido a la relación entre el creador y los protagonistas con el centro de altos estudios.

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