El camino más corto

Autor: 

Periodistas de Juventud Técnica
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Fecha: 

Domingo, Agosto 7, 2016
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Ilustraciones e infografías: Roberto Javier Quintero

Por Yanel Blanco Miranda, Margarita Valdés Rabí, Pausides Cabrera Balbi y Toni Pradas

Aunque les ciegue el sol, muchos adolescentes miran a contraluz ese paralelogramo neoclásico de sabiduría, arrellanado sobre la Colina Universitaria habanera como templo de pensar. Más que por derecho, suspiran por encontrar en la cima ese título que los hará personas útiles a su gente por tanto que conocerán, y no por otros dones, incluso hoy, cuando se han trocado algunas virtudes.

Ven, sube, parece decirles la efigie del Alma Máter con sus brazos abiertos, el rostro virginal y su cuerpo de mestiza bien plantada. Son solo 88 escalones, ven… y cinco años de arduos estudios.

Sea cual fuera la carrera y el centro universitario elegido después, la cresta de la escalinata sigue antojándose como símbolo del gran esfuerzo intelectual que recaba una especialidad. ¿Y si se redujeran los peldaños?, pensó alguien para tomar un atajo.

Sin embargo, antes que ese, ya se ha propuesto reducir el tiempo prácticamente a todas las Facultades. Cuatro cursos durará ahora la quemazón de pestañas para llegar a acariciar el grado y el nombre caligrafiados con letras góticas sobre papel sulfurizado.

Apenas se hizo pública la decisión, la novedad del acontecimiento y la somera explicación brindada hicieron que apretaran el ceño unos, y que estallaran los ánimos de otros. Desde profesores hasta abuelitas que anhelaron ver cumplidos sus propios sueños universitarios con la graduación de su nieto. Es que tocar la enseñanza es como andar en una de las niñas de los ojos de la sociedad.

“Nos estamos planteando por primera vez, desde el triunfo de la Revolución, una reforma en la educación superior que implica que nuestros estudiantes se gradúen con menos conocimientos”, desaprobó el Dr. Ernesto Estévez Rams, presidente de la Cátedra de Cultura Científica Félix Varela, de la Universidad de la Habana.

Pero igual visión no tienen los directivos del Ministerio de Educación Superior (MES). Afirman que decidir la culminación de las carreras en cuatro años –definida como una política–, se ha concebido con racionalidad, por etapas y reconociendo posibles diferencias necesarias entre ramas de la ciencia y entre carreras. Aducen que para llegar a esa conclusión ha existido un nivel apreciable de debate y consulta, así como estudios por encargo, realizados por expertos, sobre las tendencias mundiales.

Para el doctor José Luis García Cuevas, asesor del ministro de Educación Superior, “en nuestras universidades en Revolución disfrutamos de una alta dosis de libertad de cátedra, autonomía, democracia, oportunidades de participación y de toma de decisiones, así como un nivel creciente de descentralización”.

Solemne con la historia, el también miembro de mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, cuenta que con la creación del MES en 1976 –cuando el país se aventuró en un proceso de institucionalización–, se incrementó la centralización. Los planes de estudio fueron unificados y toda la actividad universitaria se desarrolló con menor permisividad. “Se creaba la red de instituciones de educación superior y era necesario un ordenamiento”, redondea.

“Pero después la flexibilidad y la descentralización fueron ganando terreno paulatinamente, para bien”,  argumenta.

Lamenta, sin embargo, que las oportunidades que dan esos grados de independencia no siempre se aprovechan, quizás por inercia y costumbre. Acusa, por ejemplo, que los planes y programas de estudio son demasiado homogéneos en su ejecución, por lo que la mayoría no logra acercar las fortalezas de la universidad con las necesidades particulares del territorio y, peor aún, posibilitar la satisfacción de intereses legítimos de los jóvenes. “Está algo deprimida la investigación estudiantil extracurricular y son muy escasos los planes especiales para estudiantes de alto rendimiento”, añade el versado más desdichas a la sarta.

“Hoy, a tono con la política del país, hay una apuesta grande y consecuente a la descentralización y la flexibilidad a nivel de universidad y de facultad, y se pretende que el MES se encargue fundamentalmente de trazar las directrices”, añade.

Atendiendo a ese principio, el Ministerio se ha propuesto dar respuesta, con racionalidad económica y sin concesiones de calidad, a las necesidades de graduados competentes y comprometidos, en cantidad, perfiles y con cierta distribución regional.

Frente a las necesidades del desarrollo, quieren echar lanzas para lograr una mejor articulación entre el pregrado, el empleo y el posgrado, asunto que según sus diagnósticos, tiene insuficiencias.

Retorcijones semejantes han sentido otros sistemas educacionales, los cuales han decidido implantar como cataplasma nuevos programas, igualmente tijereteados en su duración.

El más influyente de estos ha sido, sin duda, el llamado Proceso de Bolonia, iniciado en 1999 cuando los ministros de 29 países europeos firmaron la Declaración de Bolonia (hoy son 46), justo en la ciudad que tuvo el primer centro de altos de estudios del mundo (en 1089), reconocido como “madre de la universidad”.

Los cubanos, desde luego, han seguido con el rabillo del ojo ese proyecto que tuvo por objeto establecer, para el año 2010, un Espacio Europeo de Educación Superior. Querían aquellos encorbatados que sus sistemas fueran convergentes y comparables, que facilitaran el empleo y la movilidad de sus titulados y el reconocimiento de sus diplomas universitarios en todo el Viejo Continente.

De sus coincidencias con Cuba, la reducción del tiempo de las carreras brota ante las pupilas. Y como en el nuevo sistema educativo europeo, se quiere aquí que el protagonista en el proceso de aprendizaje sea el estudiante y no el profesor, que este adquiera no solo conocimientos teóricos, sino también habilidades y capacidades generales y específicas que le permitan un mejor acceso al mercado laboral.

Estrategas cubanos y europeos parecen no ver sino una forma de estudio con más autonomía, más reflexiva y multidisciplinar, más cooperativa y práctica, para formar profesionales críticos, creativos e independientes, capaces de resolver problemas y de continuar aprendiendo a lo largo de ese don que es la vida.

“Se dice que el estudiante no es un tanque que hay que llenar, sino un fuego que hay que prender”, sentencia García Cuevas, también profesor emérito de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas: “Lo principal es aprender a aprender”.

En el nuevo plan, las tesis de diploma no serán priorizadas, a menos que logren justificarse mediante una predefensa. Según la experiencia acumulada por los estrategas, en el programa actual la investigación estudiantil extracurricular está deprimida y son muy escasos los planes especiales para alumnos de alto rendimiento. (Foto: Luis Pérez Borrero)

DOSSIER:

http://www.juventudtecnica.cu/dossier/camino-mas-corto

http://www.juventudtecnica.cu/dossier/despejando-incognita

http://www.juventudtecnica.cu/contenido/estudiantes-deben-vencer-si-mismos-0

www.juventudtecnica.cu/contenido/comportamientos-comunmente-esperados-profesores-entrevistados-jt

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