Existimos, luego pensamos

Autor: 

Redacción de JT
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Fecha: 

Lunes, Marzo 16, 2015
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Elizabeth Piferrer Quintero

El mundo sería nada sin la ciencia. Así, a secas. Nada. Todo lo que nos pasa por la vista, la mente y el sentimiento ha sido tocado por ella: tecnologías, artes y sociedad. Esta es su sugestiva portada (y también la nuestra como publicación semicentenaria): la abarcabilidad sorprendente del conocimiento científico y tecnológico. Causa suficiente para que tantos durante milenios hayan apuntado sus ballestas hacia la manzana en la cabeza. Asimismo nosotros editorializando puntos de vista.

Se asoma el 2015. Demasiado rápido han transcurrido 50 años desde la apertura no imaginada de Juventud Técnica, cual boletín divulgativo de las BTJ. Pero pronto creció su cuerpo y dejó atrás la niñez. Con el tiempo multiplicó ejemplares, revolucionó diseño e ilustraciones, propuso cómo hacer, cómo construir, hasta que por un período, duramente especial, enfermó y a punto estuvo de  entonar su réquiem. Mas, sobrevivió.

Pasó el tiempo y entró en la adultez, y viendo el peligro de envejecer en soledad se propuso ser otra siendo la misma. Ese fue el dilema: reconquistar amores en tiempos aún costosos. Se nutrió de criterios y aguantando la respiración se sumergió en temas profundos sin perderse en los vericuetos. Así se metió en lo polémico y enfrentó la controversia del extravío pseudocientífico.

No le bastaba, sin embargo, para atraer nuevos amantes, y se diversificó: empezó a buscar por dentro de fenómenos y aparatos sus fundamentos, o  el abciencia. Llegó al atrevimiento con tecnopunta, ora de aquí, ora de allá; sin perder las pisadas internacionales ni dejar de sugerir en leamirenavegue.

No conforme, salió a enamorar y la entrevista exaltada y jocosa; puntual y reflexiva, comenzó a indagar en vidas y profesiones. Al mismo tiempo, por si fuera poco, se maquilló de lujo con lo último del mundobit y hasta de ocio se puso a contar de cienciaficción

Pero de tanto en tanto, la sacude el acecho de una logística humana y tecnológica siempre incompleta. Obligada a parirse a sí misma una y otra vez en un contexto financiero reducido hasta la adversidad, continuó revistiéndose y se propuso crecer con el sitio en 2.0 para –aún insatisfecha– coquetear con las redes buscando mejor correspondencia.

Han sido décadas de esfuerzo sostenido y la revista se disculpa por deslices y lo que podrían ser (sin serlo) gazapostécnicos, porque no siempre su lenguaje ha sido asequible para el no familiarizado con el asunto en cuestión, pues tratándose delopráctico procuramos llegar a los muchos sin trivializar; sí con rigor, elegancia y la originalidad posible.

Se trata de edificar, de contribuir a elevar un edificio de conocimientos donde se asiente una cultura científica, un modo de ver y pensarlo todo; un hacer con propósito calculado, abierto y participativo para un proyecto más inclusivo con constrúyalousted.

La ciencia es como un deporte de realidades: lleva talento, estudio, observación, práctica persistente, ensayos, demostración y resultados, porque también, como las competiciones mundiales y las teleseries, rema con muchas preguntas, exigencias y expectativas sin permiso para detenerse, evento tras evento persiguiendo respuestas, en ocasiones provisionales hasta tanto aparezcan las definitivas.

Para nosotros este quincuagésimo cumpleaños se asoma como un útil tiempoparapensar en un periodismo más audaz y creativo, o, eficaz, que interese fundamentalmente a los jóvenes, a la vez que vislumbre el galopante mundo de tecnologías que nos envuelven y succionan, pero comprometido hasta el final con una ética que enderece y empine lo mejor que hay en el ser humano.

Llegue con estas líneas nuestra invitación a continuar dialogando, construyendo entre todos; un convite a que proponga también cómo imagina la JT de los próximos 50 años.

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