En un grano de maiz

Autor: 

Redacción de J.T
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Fecha: 

Domingo, Noviembre 2, 2014
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Verse en un libro de historia, encontrarse entre los nombres ilustres de un país es privilegio de pocos. Arnaldo Tamayo Méndez es uno de esos. Quizás por eso sorprende su trato natural. Apenas conserva objetos materiales del acontecimiento. Desde su regreso a la Isla, y durante treinta años, ha dispersado los recuerdos por todas partes, como queriendo compartir una gloria que, él mismo ha dicho, le pertenece a todos los cubanos. 


Tamayo no solo fue el primer latinoamericano y caribeño en llegar al cosmos, sino que probó los primeros experimentos concebidos por científicos de la región.

“El vuelo conjunto fue una contribución innegable de la ciencia cubana de todos los tiempos, pondera el doctor Altshuler. Les permitió a los científicos cubanos extender su trabajo a condiciones que con anterioridad estaban fuera de su alcance. Fue un reto difícil para nuestros especialistas, pues debieron desenvolverse creativamente en un campo con el cual no habían entrado en contacto directo hasta aquellos momentos”.
 


 

Materiales y cápsulas llevados al cosmos en el experimento Caribe C-1 o SK-1, coordinado por Vigil. También se muestran los dispositivos fabricados con los materiales obtenidos (capas monocristalinas de arseniuro de galio, arseniuro de galio y aluminio). (Foto: Luis Pérez)

Los jugosos resultados obtenidos en los experimentos biomédicos ejecutados en el espacio fueron motivo de nuevas investigaciones, encaminadas a evaluar los efectos de la microgravedad y la acción muscular reducida sobre la fisiología y el estado de salud general de los habitantes del trópico. 

También en 1995 se incorporó a la sonda espacial rusa, como parte del proyecto Interball, un equipo electrónico de alta tecnología diseñado y construido por especialistas cubanos, con el objetivo de investigar los procesos dinámicos de la magnetosfera terrestre.
“El acontecimiento tuvo una acción catalítica en muchos sentidos –señala Atshuler–; por ejemplo, incrementó el prestigio público de la investigación científica en Cuba y logró motivar fuertemente a un grupo considerable de científicos jóvenes. También permitió adquirir las habilidades necesarias para las labores relacionadas con el espacio ultraterrestre, y demostró que el umbral real del acceso del país a las investigaciones espaciales era razonable”

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