JT. Retro 1986-1989

Autor: 

Daymaris Martínez Rubio
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Fecha: 

Jueves, Septiembre 3, 2015
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Ilustración: Yury Díaz Caballero

En 2010, dos décadas después del coma editorial que entre 1990 y 1996 separó a JT de su público, un sondeo de opinión halló rastros de un tipo de asombro literario previsto años antes por Augusto Monterroso: JT…todavía... ¿estaba?... ¡ahí!

(Y no, no era “el dinosaurio”, con lo cual, despertar llegó a ser desconcertante). ¿Qué era?, ¿qué había podido ser? y ¿cómo regresaba del cero absoluto?

Para los lectores más memoriosos, parecía el pan, pero hecho nostalgia. Tenía también ese raro sabor “punk” y contracultural[1] que caracterizaría la hechura de la nueva época.

Según la encuesta, los inconformes cargaban, por un lado, con la añoranza por temas y lenguajes “más técnicos” y, por otro, con las dudas sobre la pertinencia de la metáfora y de un tipo de periodismo discutidor y literario que restaba espacio a grandes masas de datos.

Al centro de ambos reclamos, una subjetividad forjada como el acero, a veces, bailaba una polka.

Entre 1987 y 1989, por ejemplo, cuando la hoz de la “rectificación” soviética segaba a un tiempo cosechas y malezas, en JT el mundo era de preferencia una sigla: URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y abundaba el futuro triunfal como promesa.

 Desde el periodismo, cierta parcialización con fuentes y hechos contribuía con la construcción de la misma burbuja ideológica que impidió al país con la mitad de los ingenieros del mundo vencer la “dependencia extrema y la rigidez de instituciones científicas de los financiamientos y directivas de los ministerios y la Academia de Ciencias”[2].

Con todo, la espectacular diversidad de sus 82 páginas y el interés humano de los temas, muchas veces a cargo de ilustres colaboradores, hicieron de la JT de finales de los 80 una World Wide Web aún no nacida, una suerte de “planeta al instante”.

Por eso, porque la añoranza está permitida, la cuarta entrega de este repaso histórico va dedicada a los memoriosos –los tercos y maniáticos, los plantados como un árbol en la estepa mansa, linda, de los optimistas 80–: para quienes, pese a todo, se quedaron el coraje de soñar, para los que pueden, como el Benjamin Driscoll de Crónicas marcianas, escuchar “a lo lejos las pisadas de los años” y hacer que los árboles suban al sol amarillo.

Leonid Leskov y el Ulises XXXI

Fuente: “La colonización de la Luna”, por Marta Denis Valle. Núm. 230, 1986).   

Sputnik, guerra fría, matrioskas cosmonautas y enanos verdes… En 1985, la utopía del “dominio del espacio” se hacía cada vez más real, cuando el minuto cero de la colonización de la Luna fue fijado por un “Nostradamus” soviético.

Según la revista moscovita Ciencia y vida, reseñada por JT en su número 230 de 1986, fue el físico-matemático Leonid Leskov el autor de una cronología de hechos (divididos en 12 etapas hasta el año 3000), que incluía la posibilidad de un salto civilizatorio como el abastecimiento energético desde el cosmos, para un futurista 2050.

En un zoom in a la era espacial caracterizada entonces por dos líneas opuestas (la militarización estadounidense y el Programa Paz en las galaxias de la URSS), la reportera Marta Denis Valle escribía para JT  “La colonización de la Luna”, con detalles del estudio de Leskov basado en “métodos modernos de sintetización”.

Tres décadas después, pese a la colisión soviética, los vaticinios se cumplen casi al pie de la letra y, aparatos espaciales, estaciones orbitales y sistemas informativos, no solo son un hecho, sino que han puesto en crisis la imaginación de una especie que hoy no sabe (ni la mitad de bien) dónde meter tanta proeza.

El siglo sin las luces

Fuente: “Obra del siglo”, por Lucy Gispert (texto) y Brígido Díaz (fotos). Núm., 1986). 

En 1986, para el común de los terrícolas, entrar a los predios de la Central Electronuclear de Juraguá (CEN) en Cienfuegos, debió ser como copiar a tinta secretos pergaminos medievales.

Lucy Gispert tuvo ese privilegio. Como enviada a la zona de obras, narró para JT cómo era adentrarse en senderos futuristas que unos 12 mil constructores convertían en “sólidas estructuras de hormigón armado”.

Todo ese búnker, toda esa fuerza, había surgido por acuerdo con la URSS en abril de 1976 y, una década después, no solo era la más importante obra en construcción en la Isla, sino el punto inicial de la mayor mediatriz que atravesaría la Isla entre el callado escepticismo y la euforia.

Pero el nuevo siglo llegaría sin sus luces, a causa del forzoso y definitivo fin del proyecto, en 1992. Porque, frente a las caprichosas piruetas del azar se había previsto casi todo: el impacto de una aeronave, un terremoto, un ras de mar…, pero no de la voluble naturaleza humana, ni de la hoz y el martillo.

Etapas del dominio del cosmos, según Leonid Leskov (versión)  

  1. 1985-1990

Desarrollo de métodos de sondaje espacial remoto. Aumento de precisión de pronósticos meteorológicos. Producción experimental industrial de materiales con propiedades mejoradas en el cosmos.

  1. 1990-2000

Creación de aparatos espaciales, estaciones orbitales e instalaciones energéticas de nuevo tipo. Amplio desarrollo de sistemas informativos cósmicos y producción industrial de materiales.

  1. 2015

Montaje de infraestructura informativo-industrial global y de líneas cósmicas de transmisión de energía a grandes distancias. Uso de reflectores orbitales para iluminar regiones enteras de la Tierra.

  1. 2050

Instalación de centrales eléctricas solares y termonucleares en el cosmos para abastecer de energía a la Tierra. Construcción de propulsores termonucleares.

  1. 2120

Establecimiento de sistema cósmico universal de información y generación de energía. Eliminación de exceso de calor en la Tierra. Experimentación para dirigir activamente el clima.

  1. 2180

Colonización industrial de la Luna. Construcción de un elevador cósmico. Elaboración de métodos activos para prevenir calamidades accidentales y controlar localmente el clima.

  1. 2300

Industria ecológica cósmica. Recuperación de recursos naturales. Control global sobre condiciones meteorológicas y reestructuración óptima del clima.  

  1. 2400

Grandes construcciones artificiales en el cosmos.

  1. 2500

Utilización de materia de otros planetas. Traslado de asteroides a órbita circunterrestre.

  1. 2700

Colonización de Venus y Marte.

  1. 2800

Surgimiento de sistemas energéticos basados en nuevos principios físicos.

  1. 3000 

Empleo industrial de propiedades no ortodoxas del espacio-tiempo.

 


[1] Ver ¿Por qué “por qué no” es una buena pregunta? Juventud Técnica, número 384, mayo-junio de 2015

[2] Castro Díaz-Balart, F. (2001): Ciencia, innovación y futuro. Instituto Cubano del Libro, La Habana.

 

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