Negocio de buenas líneas

Autor: 

José Leonardo Vela Mayo
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Fecha: 

Jueves, Septiembre 1, 2016
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Archivo de J:T

¿Cuántos cubanos han presenciado una pelea de gallos? A pesar de que es una actividad cotidiana tanto en escenarios rurales como citadinos, pocas personas conocen sobre estas lidias. Muchos piensan en ellas como algo que funciona al margen de la ley o como una práctica superada hace bastante tiempo. Para la mayoría se trata de una realidad distante, extraña, salpicada con esas chispas de misterio que acompañan a las buenas historias contadas por los viejos.

Para adentrarse en este fenómeno con varios siglos de arraigo en las costumbres criollas es preciso, además de las pesquisas documentales, ir al encuentro de las fuentes vivas, las voces que desde cualquier barrio o institución hablan de esas peleas hoy.

Finca Alcona es un buen punto de partida. Se trata de una entidad autofinanciada perteneciente a la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna cuyo objeto es el fomento de la cría de gallos de lidia para la exportación. Y lo más importante, cada fin de semana acuden allí cientos de criadores y galleros asociados para topar sus ejemplares. Tal y como lo recoge la Resolución 255 de 2001 del Ministerio de la Agricultura, esta es una actividad que halla su fundamento en la tradición cubana de preparar estas aves y en la alta demanda por su calidad en el mercado internacional.

 Los que van a pelear…
Llegar hasta Alcona puede hacerse un trance complicado si no se tiene trasporte propio o no se ha acordado previamente con alguna de las camionetas o camiones que llegan al establecimiento por gestiones de quienes asisten. La Finca se encuentra a unos pocos kilómetros del poblado habanero Managua.

Según Marlenys Roque, directora de la instalación, existen unos 53 327 asociados a la cría, distribuidos por todas las provincias del país, pues en cada una hay, al menos, una valla estatal subordinada a la que ella dirige. Los restantes establecimientos son supervisados por un Jefe Nacional de Gallos que tiene entre sus funciones la búsqueda de ejemplares para la exportación.

Sobre las nueve de mañana comienzan a aparecer los primeros galleros. No hay estereotipos. Llegan viejos, jóvenes, de todas las razas, aunque con alguna ventaja para los blancos. De diferentes regiones y estratos sociales. También vienen mujeres y niños para completar algún que otro cuadro familiar.

Los animales pasan por la pesa donde se definen sus posibles adversarios, pero son los dueños quienes deciden luego cuál pelea va y cuál no. El lugar va entrando en calor. Resulta difícil entender todo lo que se habla; en medio del barullo y los cantos de pelea. Da la impresión de estar a punto de presenciar un espectáculo de gladiadores.

Los contrincantes que quedan “casados” todavía deberán recorrer un buen trecho hasta la valla. Los que no encuentran un rival adecuado regresan a casa sin pelear, pues es mejor preservar al ejemplar que echarlo en desventaja.

Según Rafael Moya, Jefe de Gallos en la Finca, obtener una línea de gallo buena es difícil: “Hay gente que se pasa la vida criando y no saca nada que sirva”. Al parecer ese no es el caso de Alberto Román, gallero del capitalino municipio de Guanabacoa. Él sabe que “cuidar un pollo” hasta que se hace adulto es caro. “Hay que comprarle su maíz, su pienso, las medicinas, las jaulas”, explica. Pero las atenciones muchas veces valen la pena: “Si sale bueno es un animal del cará?. Puede pelear hasta ciego -y a uno ciego hay que cogerle miedo”.

De estas aves existen numerosas razas y variedades. También se desarrollan otras nuevas en la medida que los criadores intentan mejorar sus cepas. Los ejemplares cubanos son generalmente resultado de cruces entre criollos y otras razas como la jerezana o la asil.

Para obtener un buen peleador es necesario también emplear algunas mañas efectivas en la preparación con vista a las lides. Varios criadores concuerdan en que los pollos deben llevarse para la gallera alrededor de los ocho o nueve meses de edad. Allí se desparasitan, se les cortan la barba y las orejas para luego comenzar la preparación. Esta consiste esencialmente en descrestarlos, tusarlos, o sea, cortarle las plumas, y comenzar el entrenamiento.

A decir del gallero Félix Joel Pardo, técnico en Finca Alcona, a pesar de que cada quien hace las cosas a su manera, lo más común es prepararlos una vez a la semana por tres meses antes de la primera pelea, “más o menos diez o 12 trabajos”.

Ya desde ese momento al ave se cuida de manera especial: come todos los días a la misma hora y se pesa semanalmente para comprobar que no aumente ni baje un solo cuarto de onza. “Si baja es un síntoma de que al animal le pasa algo o no se siente bien”, asegura Lázaro Arias, criador representante en Alcona de los asociados guanabacoenses.

A pesar de que cada gallero tiene su librito, todos los entrevistados asiduos al coliseo de Alcona concuerdan al menos en una cosa: un buen gallo “tiene que ser tirador”. Puede que “pelee alto” o “a media talla”, incluso que sea “corredor”, pero “tiene que tirarle duro al contrario”.

Picardías en el coliseo
El día de las lidias los galleros pueden presentarse de manera independiente o como parte de un equipo que generalmente se identifica con el apellido del criador o dueño. Mientras algunos “cazan” las peleas, otros asistentes que ya terminaron las negociaciones, o no tienen demasiados intereses en juego, o han venido sencillamente como espectadores, optan por pasar el tiempo bajo la sombra de un ranchón que colinda con los límites de la valla.

Allí pueden disfrutar de confituras, algunos comestibles, cigarros, rones y otras variadas ofertas. Al parecer, la cerveza bien fría es lo más demandado; nada mejor para aliviar el calor intenso y las tensiones antes del espectáculo. Además, una vez dentro de la valla, el reglamento de la finca prohíbe estrictamente el consumo de bebidas alcohólicas.

Juguete para los niños

 

De acuerdo con las estadísticas de Alcona, en la pasada temporada se realizaron en el país 4095 topes, sin contar los torneos oficiales. Esta es la manera más efectiva de conseguir clientes para este singular producto de exportación, pues los gallos no tienen un precio establecido, su valor real lo adquieren cuando se les ve pelear, por su propia historia en la valla.

La temporada empieza en diciembre y se extiende hasta junio del año siguiente. Durante los meses restantes las aves se enferman y cambian las plumas lo que hace más difícil conseguir buenos precios. Los destinos más usuales son Ecuador, Venezuela, República Dominicana y Martinica. Allí los negocios se hacen, generalmente, con personas naturales.

A Estados Unidos, Puerto Rico y Nicaragua no se pueden exportar porque en esos países existen leyes que lo prohíben. Tampoco se factura hacia Europa. “Allá parece que no gustan mucho”, supone Urbe Cabrera, especialista encargada de las exportaciones de animales vivos de la Comercializadora Alcona S.A. perteneciente a Flora y Fauna.

Alcona es la única empresa de su tipo en el país con la facultad para exportar estos animales y lo hace a través de la comercializadora. El artículo 15 del Reglamento para la cría y comercialización de los gallos de lidia garantiza el surtido de la empresa. En él se establece que cada criador asociado está en la obligación de entregar anualmente un mínimo de cinco ejemplares de calidad para la exportación. El criador recibe 450 pesos por cada uno.

De acuerdo con los artículos 7, 20 y 21 de dicho reglamento, la Empresa Nacional para la Protección de la Flora y la Fauna tiene la responsabilidad de prestar a los criadores, tanto estatales como privados, la asistencia técnica y médica requerida para el mejoramiento genético de la cría, así como facilidades para la compra de medicamentos. Pero en la práctica la realidad toma otros matices.

Olga Oquendo, veterinaria de Finca Alcona, sabe que no siempre la empresa cuenta con las medicinas necesarias. “Si un ave coge viruela, los mismos técnicos son los que buscan la medicina. Yo me canso de hacer listados de lo que necesitan, desde antibióticos hasta vitaminas, y no hay ni para las que tenemos aquí. Los particulares deben de estar viéndoselas más negras porque ellos seguramente tienen que comprarlas por la calle a mayores precios”.

“Tristemente”, lamenta Marlenys Roque “solo podemos entregar o facilitar la compra de alimentos y medicinas en la medida de nuestras posibilidades”. Algunos asociados como Alberto Román aseguran que “de la Finca hace años no viene nada”.

Algunos otros intereses
En un cuartico aledaño al coliseo donde se enfrentarán los ejemplares se ultiman los detalles para el combate: se fijan las espuelas, generalmente de carey, y se les suministra un último alimento, casi siempre una porción de plátano pintón. Tras la pelea, el espolador del gallo vencedor recibe una comisión por parte del dueño. Lo que ocurre en la sala puede ser observado por cualquiera de los participantes, así se eliminan desconfianzas y cada quien puede estar seguro de la limpieza del enfrentamiento.

El entra-y-sale constante de galleros, criadores y toda clase de curiosos hace más tenso el ambiente del reducido local. Hay demasiado en juego. Allí puede decidirse la vida o la muerte de los que van a pelear, y algunos otros intereses.

El final del gran divertimento

 

De acuerdo con especialistas de Alcona S.A. el precio de un ejemplar de 18 meses que haya ganado por lo menos dos peleas sin recibir daños oscila entre 200 y 250 dólares estadounidenses. Años atrás podía rondar los miles, pero las leyes de protección animal en otros países y las regulaciones de aduana han provocado un descenso de los precios.

La diferencia entre los montos de exportación y lo que reciben los criadores a veces provoca disgusto. Lázaro Arias, criador representante en Alcona de los asociados guanabacoenses, comenta: “Cuando viene un extranjero paga un dineral por los gallos, cientos de dólares, pero no a mí. ¡Con lo caro que te sale comprarlos y criarlos! ¡Compadre, ta´ duro eso! Cuando sacas la cuenta, a veces por cada CUC que le sacan, me dan tres pesos cubanos”.

- ¿Qué beneficios reporta estar asociado a Alcona?
Marlenys Roque (Directora): Muchos, pero el fundamental es que este es el único lugar donde pueden traer sus animales a pelear de manera legal.

Alexis Sigüenza (Jefe Nacional de Gallos): Beneficios, ninguno. En lo que ganan aquí es en las condiciones que tienen. Pueden venir con sus familias. El beneficio mayor que recibe el asociado es que puede probar sus crías.

Lázaro Arias (Criador): El mayor es la tranquilidad. Si te gustan los gallos, vas y no tienes problema con la ley. Llevas cualquier cantidad de dinero y no tienes preocupación.

Existen maneras de compensar el desequilibrio. “Si lo desea, un cliente puede pagarle dinero extra a un criador”, comenta Alexis Singüenza. “Eso queda entre ellos, no preocupa”. Lo importante es que pague el animal a la empresa porque solo con la autorización de Alcona S.A. puede sacarlo del país.

El mercado de estas aves de lidia también se proyecta hacia clientes nacionales. Esto, claro está, nada tiene que ver con las regulaciones de Alcona. Una buena parte de los vinculados a los topes no cría, sino que compra los ejemplares. “A mí me han ofrecido hasta dos mil pesos por uno bueno, pero he visto dar 200 dólares por otro, ganador de verdad”, cuenta Marcial Estrada, de la Lisa. Otros, como el coronel retirado Mario García, aseguran haber corrido mejor suerte: “Yo he vendido gallos hasta en mil CUC”.

Con todos estos números pudiera pensarse que la cría y exportación de esta especie reporta beneficios económicos importantes para el país; sin embargo, las estadísticas de Alcona S.A. muestran lo contrario. Para Urbe Cabrera la venta de estos animales se ha mantenido porque fue el primer producto de la comercializadora cuando se creó en 1993. Es un símbolo de la empresa; pero no es el rubro principal de las exportaciones. El carbón vegetal, por ejemplo, reporta muchísimo más.

Entre 2006 y 2011 a Cuba le compraron solo 490 de estas aves para un monto total de 76 200 dólares.

¿Quién puede llegar al vallín?
Tal como relatan los entrevistados, no siempre las lidias de gallos contaron con la aprobación de la política del país como en el presente, por considerarse una actividad fomentadora de actitudes incompatibles con los principios de la Revolución.

Algunos, como Mario García, combatiente del Ejército Rebelde, consideran que durante años las principales críticas por parte de la más alta dirección del país estaban dirigidas al hecho de que las peleas por largo tiempo estuvieron en manos de bandidos y delincuentes. Sin embargo, García cuenta que cuando a él le hicieron las verificaciones para ingresar al Partido Comunista de Cuba comentó su afición por las peleas de estas aves y le dijeron que estaba bien.

Otros, como Marcial Estrada, no tuvieron igual suerte en la solución de similar conflicto: “Hace unos años yo perdí la militancia por criar gallos, pero voy a seguir cuidándolos porque me gusta. Tampoco voy a dejar de ser revolucionario por eso, ¿no?”

Para restringir la participación en la actividad gallística a personas de confianza, el reglamento aprobado por el Ministerio de la Agricultura establece que solo a los asociados se les permite la entrada al coliseo y todos los aspirantes a serlo, además de poseer un pie de cría y las condiciones sanitarias adecuadas, deben estar vinculados a un centro laboral.

En la actualidad, ninguna ley persigue o castiga a quienes dedican su tiempo a la cría de gallos finos. Todas las regulaciones existentes en Cuba relacionadas con lo que puede suceder en una valla están orientadas a la eliminación del juego ilícito y el enriquecimiento indebido.

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