La teoría

Autor: 

Giraldo Alayón García*
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Fecha: 

Miércoles, Septiembre 24, 2014
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La humanidad ha tenido que soportar en el transcurso del tiempo y de manos de la ciencia, dos grandes ultrajes contra su ingenuo amor por sí misma. El primero fue cuando se dio cuenta de que nuestra Tierra no era el centro del universo, sino tan solo una mota de polvo en un sistema de mundos de una magnitud casi inconcebible…El segundo se produjo cuando la investigación biológica privó al hombre de su particular privilegio de haber sido especialmente creado, relegándole a descendiente del mundo animal…

                                                                      Sigmund Freud

 El 20 de Junio de 1837 se produce la ascensión al trono de Inglaterra de un prolongado reinado, el más largo hasta el presente, de 63 años, el de la Reina Victoria, que iniciaría una nueva época en el país. La denominada Era Victoriana (1837-1901), en la cual vivió y trabajó Charles Darwin, se caracterizó por la consolidación del Imperio Británico, el ascenso de la clase media, una moralidad profundamente conservadora y un intenso nacionalismo.

En aquellos tiempos la mayoría de las personas pensaba que las especies no estaban relacionadas entre sí, sino que eran el resultado de creaciones individuales e inmutables desde que fueron creadas. Se creía que la Tierra tenía solo seis mil años de antigüedad, tiempo escaso para que las especies cambiaran, y que la humanidad no estaba ligada al mundo natural; al contrario, se hallaba por encima. Estas actitudes reflejaban una visión de un mundo estable y sin cambios.

Tales ideas estaban enraizadas y se sostenían sobre las concepciones esgrimidas en obras como el pentateuco bíblico, atribuido al profeta Moisés (1425 a.n.e.); los libros herméticos,  supuestamente escritos por Hermes Trimegisto (Thoth) (~336-323 a.n.e.); los Anales del Antiguo Testamento, deducidos del primer origen del mundo, de James Ussher, Arzobispo de Armagh (1650); La sabiduría de Dios manifestada en los trabajos de la creación, de John Ray (1691) y Teología natural o Evidencias de la existencia y atributos de la Deidad, colectada de la actuación de la Naturaleza, de William Paley (1802).

A la izquierda un esquema  del árbol de la evolución dibujado por el propio Darwin en uno de sus cuadernos de notas. A la derecha, una versión más completa.

No obstante, el concepto de la evolución era debatido en algunos círculos. Ideas transformistas, con cierta base materialista, estaban presentes en textos de Pierre Louis de Maupertuis (1698-1759); George Louis Leclerck de Buffon (1707-1788) y Denis Diderot (1713-1784). En la propia familia de Darwin, su abuelo Erasmus (1731-1802), rompía espadas abiertamente por el transformismo con el escrito Zoonomía o las leyes de la vida orgánica.

Pero es en la obra de dos naturalistas franceses, Jean Baptiste de Monet, (1744-1829) y Etiene Geoffroy Saint-Hilaire (1772-1844), donde se expresan con más claridad tales postulados:

En Inglaterra varios autores pueden considerarse como los precursores inmediatos de las ideas evolucionistas. Algunos de ellos trataron de esbozar un mecanismo explicativo del “modus operandis” del cambio orgánico e, incluso, del social. Los más notables son William C. Wells (1757-1817), James C. Pritchard (1786-1848), Sir William Lawrence (1783-1867), Patrick Mathew (???), Robert Chambers (1802-1871) con su conocida obra Vestigios de la historia natural de la creación y Herbert Spencer (1820-1903), quien acuñó el término “evolución”.

Por demás, en ese período las ciencias naturales caminaban hacia la profesionalización, lo cual hizo posible que “la borrosa noción de la evolución” alcanzara el nivel de hipótesis científica, que podía ser probada o no por la investigación, la evidencia y un método de razonamiento.


La selección natural

Fueron los sinsontes de Galápagos y no los pinzones, como comúnmente se cree, la especie que despertó las dudas de naturalista sobre el fijismo o inmutabilidad de las especies

Corría julio de 1837 cuando Charles Darwin comienza a escribir sus cuadernos de notas sobre las transmutaciones. En los borradores M y N razona la base de sus ulteriores ideas acerca de un mecanismo para explicar la evolución orgánica. Pero ya desde el volumen B señala la posible topología de las relaciones entre las especies.

Un lustro después publica el primer boceto sobre su teoría de las especies, un mecanismo para explicar la transmutación. Ese mismo año, ya establecido en Down House, emprende la ardua tarea de compilar datos para reforzar su teoría mediante experimentos, lecturas diversas y una enorme correspondencia. Así, en 1844 divulga una versión algo más amplia, de 250 páginas.

El primero de octubre de 1846 Darwin inicia el análisis de las lapas o percebes, organismos de los que poco se sabía y cuya taxonomía era un verdadero caos. La tarea le ocupa ocho años, tras lo cual vuelve a recopilar notas en torno a su teoría de las especies. No sería hasta 1856 en que, a instancias del botánico Joseph Hooker y el geólogo Charles Lyell, sus amigos, decide redactar un resumen sus ideas.

Con una buena parte de la obra escrita, alrededor de diez capítulos, el 18 de Junio de 1858 recibe una carta de un joven naturalista británico llamado Alfred Russell Wallace. La misiva presentaba un esquema completo de la teoría evolutiva basada en la selección natural, con proposiciones similares a las expuestas por Darwin en la obra que preparaba.

La ética darwinista aún hoy sirve de paradigma a los científicos. Cuando Charles recibe el esquema de la teoría evolutiva de Wallace, a la izquierda, y comprueba que las proposiciones de este son similares a las suyas, decidió junto a sus amigos Joseph Hooker y Charles Lyell, a la derecha, publicar un trabajo conjunto que incluyera las dos teorías, y presentar ambas en la sede de la Sociedad Linneana de Londres.

Entonces, junto a sus amigos Hooker y Lyell, decide publicar un trabajo conjunto con la teoría propia y la de Wallace, y dos ponencias sobre el tema son leídas en la sede de la Sociedad Linneana de Londres, el primero de julio del propio año.

 A partir de esa fecha, durante 13 meses y diez días, Darwin trabaja en un resumen de su libro, que finalmente es publicado el 24 de noviembre de 1859, hace 150 años, con el título: Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.

Su aparición resulta un acontecimiento y el texto se convierte en lo que hoy se conoce como best seller. La primera edición, de mil 250 ejemplares, se agota el primer día. Durante la vida del científico saldrán a la luz otras seis ediciones, corregidas por él. La primera traducción al español fue realizada en 1876.

 

 


El origen de las especies

Darwin creía que la nueva teoría podía ser aplicada a los seres humanos. Como los armadillos y megaterios, por ejemplo, los esqueletos del individuo moderno se asemejan a aquellos fósiles que estaban siendo descubiertos en el valle Neander, de Alemania, y que luego serían conocidos el Hombre de Neandertal. Posteriormente, en 
El Origen del Hombre desarrolla esta otra fase de su pensamiento, por la que tantas burlas cosechó.

El libro aborda múltiples temas: la variación en estado doméstico y en la naturaleza, la lucha por la existencia, la selección natural o la supervivencia de los más aptos, leyes de la variación, dificultades de la teoría, instinto, hibridismo, la imperfección de los datos geológicos, sucesión geográfica, distribución geográfica y afinidades mutuas de seres orgánicos, morfología, embriología y órganos rudimentarios.

Darwin sustenta en la obra que los organismos evolucionan constantemente a lo largo del tiempo (lo que podríamos llamar teoría de la evolución propiamente dicha); que diferentes tipos de organismos descienden de un antepasado común (teoría de la ascendencia común); que las especies se multiplican con el tiempo (teoría de la multiplicación de las especies o especiación) y que la evolución se produce por cambio gradual de las poblaciones (teoría del gradualismo).

La primera plantea que el mecanismo de la evolución radica en la competencia entre un gran número de individuos, todos con características únicas, por unos recursos limitados, lo que da lugar a diferencias en la supervivencia y en la reproducción (teoría de la selección natural).

Los fósiles de megaterios, bestias con corazas gigantes en forma de placas, encontrados por Darwin en Argentina, lo llevaron a teorizar justamente sobre el antepasado común de diversos organismos. Tales animales no se parecían a casi nada en ninguna parte del mundo, solo a ciertos armadillos que había observado, también en Suramérica. Así, el naturalista  discurrió que un pariente de los megaterios podía haber sido el ancestro del armadillo.

No pocas diatribas, discusiones y caricaturas provocaron los postulados darwinistas, lo cual era de esperar en un medio social cargado de prejuicios. Por demás, El origen... postulaba un sistema nuevo de pensamiento, otra manera de preguntar cuestiones científicas, juntando evidencia y probando hipótesis científicamente, como afirma en un artículo el investigador Alfred L. Rosenberger:

Escrito para el público en general y no solo para entendidos, este texto es probablemente la obra científica que más ha impactado al hombre contemporáneo, porque trata de nuestra esencia e íntima relación con la naturaleza que nos rodea.

Las teorías darwinianas han resistido la prueba de fuego de sus primeros 150 años. Son lo que se denomina un hecho. Hoy no hay dudas del origen común de toda forma de vida, comparable con la redondez de la Tierra. La ciencia plantea nuevas interrogantes en todos los campos de la biología, pero las restantes respuestas siempre las ha confirmado bajo la capa cambiante de la terminología.


*Investigador del Museo Nacional de Historia Natural

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