La influencia de Fidel Castro en el desarrollo de la ciencia en Cuba.

Siete meses después de la creación de las Brigadas Técnicas Juveniles nacía el boletín Juventud Técnica, para dar voz al nuevo movimiento de creadores, una especie de clon de la reconocida Mecánica Popular. Durante este 2020 estaremos compartiendo anécdotas, experiencias y textos de estos 55 años

Estrategas del sistema universitario cubano han enfilado los destinos de casi todas las carreras nacionales para su culminación en cuatro años y no ya en cinco. Pero solo la cuarta parte del total de estas se ha sentido en condiciones de comenzar a experimentar el cambio de programa en este curso 2016-2017, y equipararse así a esa tendencia mundial en los altos estudios.

La poca difusión de los pormenores sobre la ejecución de ese proceso y las preeminencias y detrimentos que conlleva, así como las diversas y contrapuestas opiniones que el asunto ha generado entre profesores y la población, hace que Juventud Técnica ofrezca a sus lectores un primer acercamiento al tema.

Acumuladas las primeras experiencias en las aulas, una segunda entrega ahondará en las opiniones que se asienten, así como en la visión que del proceso van teniendo –y participando– los futuros empleadores del nuevo profesional, graduado en cuatro años.

A pesar del arraigo de las lidias de gallos en varios sectores de la población cubana, crece el debate sobre la legitimidad de ese fenómeno en el proyecto social del país.

Una isla del trópico asombró al mundo el 18 de septiembre de 1980, cuando uno de sus hijos se convirtió en el primer cosmonauta de Latinoamérica. En un viaje al espacio de solo ocho días, ejecutó más de veinte experimentos científicos, diseñados y alistados por talentos autóctonos, que demostraron las alturas que había alcanzado en muy poco tiempo la ciencia del patio. A treinta años de aquel suceso, reverdecen historias en boca de sus protagonistas.

El desarrollo impetuoso de la Ciencia cambió nuestra forma de vivir y pensar. Legendarios héroes, hadas bondadosas o perversas, traviesos gnomos y fantasmas terroríficos fueron feneciendo a golpe de saber y raciocinio. Pero la frivolidad se alimenta del misterio. Surgieron así, para repoblar el imaginario mítico, toda suerte de fantasiosas "teorías" vestidas, o más bien disfrazadas, de ciencia, para hacerse más creíbles en las condiciones actuales. Cuando hoy se afirma haber visto algo raro en el cielo, por poner un ejemplo, no se dice que fue un santo, un ángel o un demonio, sino una nave extraterreste.

Páginas