Una isla del trópico asombró al mundo el 18 de septiembre de 1980, cuando uno de sus hijos se convirtió en el primer cosmonauta de Latinoamérica. En un viaje al espacio de solo ocho días, ejecutó más de veinte experimentos científicos, diseñados y alistados por talentos autóctonos, que demostraron las alturas que había alcanzado en muy poco tiempo la ciencia del patio. A treinta años de aquel suceso, reverdecen historias en boca de sus protagonistas.

por Redacción de J.T | 02 Noviembre 2014 | 0 Comentarios
Verse en un libro de historia, encontrarse entre los nombres ilustres de un país es privilegio de pocos. Arnaldo Tamayo Méndez es uno de esos. Quizás por eso sorprende su trato natural. Apenas conserva objetos materiales del acontecimiento. Desde su regreso a la Isla, y durante treinta años, ha dispersado los recuerdos por todas partes, como queriendo compartir una gloria que, él mismo ha dicho, le pertenece a todos los cubanos.
por Redacción de JT | 30 Octubre 2014 | 0 Comentarios
Manuel Ollet Nerey se las vio “negras” para complacer la imaginación de los científicos. Era un joven trabajador de la Facultad de Mecánica del Instituto Técnico Militar cuando fue convocado para alistar el equipamiento de algunos experimentos médicobiológicos. Lo que le pedían sobrepasaba las exigencias de sus estudios de ingeniería. Hubiera preferido diseñar un artefacto enorme o construir un cohete. Era de los buenos, pero aquel asunto se las traía.
por Redacción de JT | 30 Octubre 2014 | 0 Comentarios
Estar sobre las dos piernas, “sujetos” al piso, según la experiencia de los que han visitado el espacio, es una de las sensaciones que más se extraña.
por Redacción de JT | 30 Octubre 2014 | 0 Comentarios
Hubo chanza en torno al nombre del experimento Azúcar. “Si no viene ese, no es Cuba”, bromearon algunos colegas soviéticos. Pero los cubanos sorprendieron con el estudio del crecimiento de cristales orgánicos en condiciones de microgravedad, realizado por primera vez en la historia de las investigaciones cósmicas.
por Redacción JT | 30 Octubre 2014 | 0 Comentarios
Ocho días de viaje, ocho horas de sueño, ocho de trabajo y ocho para rendir cuentas. Todo estaba perfectamente cronometrado. Arnaldo Tamayo Méndez había sido rigurosamente preparado para lograr el éxito de la misión.

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