Ideas para impresionarse

Autor: 

Bárbara Maseda
|
14 Diciembre 2015
| |
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Aunque las impresoras 3D han existido desde los años ochenta, no sería hasta alrededor de 2010 que su comercialización a precios más bajos desataría una revolución de aplicaciones. De cifras impagables de 20 mil dólares, han llegado a costar de 500 a  dos mil, lo cual ha permitido que más personas las adquieran para proyectos de fabricación casera.

Estas máquinas pueden, a partir de un modelo digital que interpreta un software de impresión 3D, crear cualquier tipo de cuerpo volumétrico hecho de los más disímiles materiales, que van desde termoplásticos, goma, plastilina, silicona e incluso sustancias comestibles (chocolate), hasta aleaciones metálicas de titanio, cobalto y cromo o acero inoxidable (aunque estas no están en el rango de las baratas).

Así, en un futuro no muy lejano va a ser posible “imprimir” cualquier cosa que necesitemos, en lugar de ir a una tienda a comprar objetos industriales, que tienen la desventaja agregada de haber sido producidos mediante procesos contaminantes de alto impacto ambiental, un problema que no tienen las máquinas domésticas.

Digamos que queremos un platero para escurrir platos y cubiertos. Todo lo que habrá que hacer es buscar modelos tridimensionales en Internet, que estén en un formato de archivo compatible con la impresora, elegir uno que sea de nuestro gusto, y enviarlo a imprimir. Así podrá ser con cualquier otra cosa: un velocípedo para el niño, una pieza de repuesto para el ventilador, percheros, chancletas, etc.

Creatividad en cola

Una de las áreas que mayor éxito y popularidad ha tenido es la creación de prótesis de todo tipo, lo mismo para humanos que para animales. La posibilidad de mejorar la calidad de vida de todos pone una cara de esperanza y bondad a esta tecnología.

Las impresoras sí sueñan con ovejas eléctricas… y clonadas.

RepRap es uno de los proyectos de impresión de escritorio más antiguos que existen. Su objetivo es producir hardware libre y de código abierto, específicamente, impresoras que son incluso capaces de imprimir una copia de sí mismas, y generar una nueva máquina exactamente igual a ellas, con todas las partes necesarias, incluyendo paneles de circuitos eléctricos y piezas de metal.

¿Y cómo quedamos nosotros?

Para nuestros estudiantes en Cuba, que con suerte pueden imprimir trabajos de curso en uno de los nuevos negocios por cuenta propia a 1 CUP la  hoja, la impresión 3D parece cosa de ciencia ficción. ¿Pero qué no podrían crear los jóvenes cubanos si esta tecnología estuviera en el espectro de lo posible? ¿Si pudieran pensar y crear en términos de ella? Sería maravilloso que nuestros centros de enseñanza pudieran adquirirlas, para invertir así en un futuro de muchas dimensiones, no en uno “EpsonLX300”, lineal, anticuado y repetitivo.

 

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