¿Qué hacer con un centavo?
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Había una vez… la Cucarachita Martina se encontró un centavo y se preguntó: ¿Qué me compraré, qué me compraré? Pues mire: con todo lo infantil que parezca el dilema, es precisamente el más serio que tiene la empresa cubana actual: ¿En qué tecnologías o conocimientos invertir los exiguos recursos que dispone?
Muchos hemos olvidado el cuento —tal vez por las figuras escatológicas del insecto y el roedor, sin hablar de la inverosímil atracción y rara frialdad sexual entre estos—, pero no la máster Eva Romeu Lameiras, especialista superior en Investigación, Análisis y Servicios de Información de la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (Ocpi).
La experta no ve con buenos ojos que la empresa cubana desatienda una actividad tan decisiva como es la vigilancia tecnológica. Son muchas las definiciones que sobre esta se manosean, pero para comprender qué es, basta concebirla como una práctica empresarial sistemática, orientada a la búsqueda y análisis de información científica y tecnológica útil del entorno, la cual puede ayudar a la hora de tomar decisiones, anticiparse a los cambios y mejorar un negocio.
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Una adecuada gestión de innovación tecnológica requiere de una visión actualizada del entorno competitivo y de las tendencias en los cambios tecnológicos que se introducen en tecnologías y productos para garantizar su competencia.
Esquema: Cortesía de MSc. Eva Romeu |
Todos los autores coinciden en que la gestión estratégica de la información científico-tecnológica resulta cada vez más importante para innovar, incluso para sobrevivir en un sistema complejo y cambiante como el actual.
Hoy los ciclos de vida de tecnologías y productos se acortan, los mercados se hacen globales, el riesgo tecnológico requiere ser gestionado y la innovación abierta emerge para transformar los modelos de negocio de las organizaciones. Además, Internet permite acceder, como nunca antes, a una gran cantidad de información que muchas veces puede resultar inabarcable y llevarnos al callejón sin salida de la sobreinformación o infoxicación.
Una de las fases de la gestión estratégica de la información científico-tecnológica es la vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva (“inteligencia comercial” suele también llamarle la especialista), el reto de detectar oportunidades y anticiparse a los cambios a partir de una gestión eficiente de dicha información.
Para Eva Romeu, la desatención de ese imponderable explica en buena medida el retroceso que acusan algunos indicadores de la actividad innovadora en el país En el pasado período de sesiones de la Asamblea Nacional, la ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), Elba Rosa Pérez, alertó sobre la alarma que dan tales indicadores, entre ellos la solicitud de patentes, la disminución de la cantidad de publicaciones científicas, la obsolescencia de la base tecnológica, la escasa inserción competitiva en los mercados externos y la baja proporción de alto contenido tecnológico en las exportaciones.
“La Cucarachita tiene que pensar bien qué hacer con su centavo”, alecciona la perita en patentes.
Más fuerte que una espada
“Las patentes no son, como algunos afirman, la privatización del conocimiento”, revoca la máster. “De hecho, es información pública”, apostilla.
Para ella, los análisis de información de patentes en determinado sector permiten sustentar estrategias inteligentes para el desarrollo. Ayudan, dice, a evitar la duplicación de esfuerzos en I+D (investigación y desarrollo) y posibles infracciones de derechos de terceros en el territorio nacional, así como hallar alternativas de solución a los problemas técnicos en la industria.
A la vez, son una útil herramienta para determinar potenciales nichos de desarrollo en el sector, en los que no existen derechos exclusivos; y consecuentemente distinguir de manera real las oportunidades de obtener licencias sobre tecnologías de punta o emergentes y reconocer aquellas que no poseen patentes vigentes.
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Un vistazo a este tipo de información permite identificar quiénes son los competidores y, por ende, hacer un seguimiento de su actividad tecnológica con fines de trazar estrategias comerciales. Asimismo, se puede valorar la fortaleza tecnológica de una compañía con la que se pretende hacer negociaciones.
En cuanto a determinada temática, los estudios de patentes son una fuente para localizar a sus expertos y permiten hacer un seguimiento sistemático del desarrollo de cierta tecnología.
Como se sabe, con el inicio de la ley de patentes a partir del Estatuto de Venecia de 1474 –y, asociada, la que se considera la primera patente, a favor de Pietro di Ravena, que aseguraba que solo él o los impresores que él dictaminase tenían derecho legal en el interior de la República a imprimir su obra Fénix–, los nuevos dispositivos y la actividad inventiva tienen que ser comunicados al Estado una vez que se han puesto en práctica, para obtener protección jurídica contra los infractores potenciales.
Así, con su pergamino bajo el brazo, el autor recibe un sinnúmero de prebendas como reconocimiento a la inventiva y esfuerzo empleado en la creación de algo novedoso que se encuentre fuera de la cotidianeidad, es decir, algo nuevo que implique cierto nivel inventivo y que sea susceptible de aplicación industrial.
Esta forma de protección, en la que un documento es más fuerte que una espada, se convirtió además en una excepcional fuente de conocimientos en el siglo XX, el siglo del copyright, de los derechos de autor y de las patentes; la era en que aparecen las sociedades de derechos, las farmacéuticas y las empresas tecnológicas consolidan su modelo de negocio sobre el sistema de patentes.
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La solicitud de patentes en Cuba alcanzó su valor máximo en 2003 (412 solicitudes, de ellas 259 nacionales). El número de solicitudes nacionales ha ido decreciendo y alcanzó un valor de 140 en 2012.
Fuente: ONEI |
Aun cuando algunos autores sostienen que los derechos de propiedad intelectual no son necesarios para promover la creatividad y el avance científico, y que imponen muy altos costos para la sociedad –por ejemplo, incentivan caros litigios judiciales y desincentivan la creación de mayor conocimiento una vez que el autor tiene el monopolio del derecho de propiedad intelectual–, parece haber un consenso entre la mayoría de los empresarios del mundo, de que estudiar las patentes servirá para conocer las tendencias de las investigaciones y saber en cuáles será mejor arriesgar sus billetes, como haría Martina, necesitada de un novio.
Que lo urgente no mate lo importante
Cada vez es más difícil mantener con las tecnologías un romance feliz como el de nuestros abuelos. La dinámica de los cambios en cualquier sector provoca que en un corto plazo una tecnología resulte obsoleta, trayendo consigo que la inversión realizada inicialmente en su adquisición ya no genere los frutos esperados.
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Uno de los factores que hizo posible el desarrollo de la industria biotecnológica cubana fue la labor de la consultora Biomundi.
Foto: Mesa Redonda/Cubadebate |
Para Cuba en particular, por su situación actual y los objetivos estratégicos que se ha propuesto desarrollar, resulta indispensable sustentar sólidamente cualquier propuesta de asimilación de cambios tecnológicos en los procesos productivos, los productos o los servicios. Le urge asegurar la toma de decisiones respecto a esos cambios a introducir, pero sobre la base de un minucioso análisis previo del estado del arte en el sector, y de las derivaciones del diagnóstico comparativo entre los procesos tecnológicos a nivel nacional y las particularidades de los procesos productivos análogos de la competencia internacional.
Solo por citar un ejemplo, digamos que a partir de los análisis de indicadores de patentes de forma estadística es posible determinar el ciclo de vida de una tecnología o producto, lo cual contribuye a la selección de aquella que garantice la competencia en los mercados.
Recuerda Eva Romeu que en Cuba el concepto y la utilización de la vigilancia tecnológica y la inteligencia competitiva como pieza fundamental para trazar estrategias de desarrollo, ha estado vigente desde los años 90 del pasado siglo, muy especialmente por el ojo avizor de la consultora Biomundi, cuyas mañas para desarrollar y aplicar estas herramientas tuvieron mucho que ver con el desarrollo de la industria biotecnológica cubana.
Biomundi también tuvo un peso importante en la formación de especialistas en esta materia, ya con un concepto más adaptado a las particularidades del país como es el de inteligencia empresarial.
La entrada en vigor de la Resolución 21/2002 del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), referida al Sistema Nacional de Propiedad Industrial, señalaba ya la necesidad de asegurar la adecuada consulta de la información en materia de propiedad industrial, a fin de evaluar el estado de la técnica durante todas las etapas de desarrollo de los proyectos de I+D+i (investigación, desarrollo e innovación).
De tal suerte, el dilema de “qué me compraré con este centavo” se reduce, casi se evapora. Sencillamente, se podrían tener identificadas las alternativas tecnológicas más factibles de asimilar nacionalmente y examinar la evolución tecnológica del entorno y las futuras oportunidades más competitivas.










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