Quemaduras. Un drama hogareño

Autor: 

Claudia Rodríguez Colón
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11 Enero 2017
| |
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Tomado de TrueKids

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El corazón palpita agitado y el sudor resbaladizo en las manos hace que tu madre tenga que agarrarte con fuerza y prácticamente arrastrarte hacia delante. Ves la temida puerta y te detienes, recordando el dolor, hasta que sientes que te cargan en brazos, con cuidado para no lastimarte, y avanzan.

Con pocas zancadas traspasan el umbral y tus ojos recorren la habitación que, igual que la vez anterior, muy blanca y muy limpia, llena de otros de más o menos tu edad, con el cuerpo cubierto de infinidad de vendas blancas, como tú.

Después de un tiempo que pareció mucho, en el que te pusiste más y más nervioso, escuchas tu nombre y la puerta se abre. Das vueltas en el asiento, tratas de escaparte, pero te llevan cargado hasta dentro.

Tres personas vestidas también de blanco intentan calmarte y se alejan hasta que tu mamá logra tranquilizarte. Tú solo recuerdas el dolor lacerante en la parte izquierda de tu pecho sobre la que calló el jarro de agua hirviendo cuando chocaste con tu abuela; el dolor que revives cada vez que entras al cuarto.

Una lesión de la cotidianidad

Al encender un fósforo, al acercarse demasiado al fogón, al sujetar la tapa hirviente de una olla… Las quemaduras son algo usual en la vida cotidiana. Heridas que las personas han aprendido a tratarse con agua fría, hielo e incluso pasta dental.

Sin embargo, no todas esas lesiones son sencillas. Las quemaduras, entendidas como el efecto grave sobre la piel que producen agentes externos ya sean físicos, químicos o biológicos, son una causa importante de muerte accidental, solo superadas por los accidentes de automóviles.

Un estudio realizado por doctores del Hospital Universitario General Calixto García, de La Habana, indicó que las quemaduras representan uno de los accidentes más graves e incapacitantes y constituyen una de las condiciones más devastadoras encontradas en la medicina. Afectan a todas las edades y se estima que alrededor de nueve millones de personas quedan dañadas en el mundo cada año.

La doctora Rosa Pérez Aguilera, cirujana y jefa de la Sala de Quemados del Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, de Marianao, explica que estas alteraciones provocan shocks que pueden llevar al paciente a la muerte o dejar secuelas invalidantes, ya que algún miembro puede perder su función y deformantes, pues las cicatrices alteran el color y la forma de la piel.

Las quemaduras pueden clasificarse de acuerdo con su extensión y profundidad. Según la doctora Pérez, cuando un paciente se quema más del diez por ciento de su piel, se desencadenan alteraciones en todo el organismo y el traumatismo altera su funcionamiento, lo que requiere medidas de reanimación, alivio del dolor y suministración de oxígeno.

Las quemaduras de primer y segundo grado son muy dolorosas y pueden dejar como secuelas desde modificaciones del color y manchas, hasta cicatrices y verdugones. Por su parte, las más graves, catalogadas como de tercer grado, no duelen porque los receptores del dolor de la piel quedan destruidos y forma escaras, tejidos muertos. No cicatriza espontáneamente, razón por la cual requieren injertos de piel y pueden dejar enormes cicatrices invalidantes.

La magnitud de la lesión no depende del lugar que se escalde, sino de la profundidad y extensión, pero existen lugares que al quemarse dejan mayores secuelas que otros; si es en los ojos, por ejemplo, el paciente puede quedar ciego.

¿Quemadura accidental?

Yordy Álvarez, de 12 años, permanece recostado en la sala de quemados del Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez. Seis días han pasado desde que intentó coger un papalote enredado en los cables de alta tensión que pasaban cerca de la placa de su casa.

Bárbara, la madre, cuenta la historia y trata de animar al niño en todo momento para que hable y sonría. La doctora a cargo del caso explica que el pequeño paciente tiene una quemadura de tercer grado en la cabeza; además, la corriente eléctrica salió por otras partes de su cuerpo, por lo que también tiene heridas en las piernas y en el pene.

Yordy requiere medicamentos intravenosos, sesiones de cura bajo anestesia y un injerto de piel en la cabeza, más tratamiento para el resto de las heridas de su cuerpo.

Las quemaduras en la población infantil poseen un alto riesgo de mortalidad, presencia de lesiones invalidantes, funcionales y estéticas y son causa importante de muerte accidental en los niños.

Los pequeños, fundamentalmente de meses y hasta los cinco años, son uno de los grupos más afectados por quemaduras a nivel mundial, la mayoría ocasionadas por accidentes domésticos como el derrame de líquidos calientes, el contacto con corriente eléctrica y la aspiración de vapores.

Datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de Cuba, señalan que las quemaduras se presentan, entre 30 y 40 por ciento en los niños menores de 15 años de edad, con una media que se sitúa en los 3, y que representa del 6 al 10 por ciento de los motivos de consulta en los servicios de urgencia.

En el país, las quemaduras se han mantenido entre las cinco primeras causas de muerte por accidentes, según el Anuario Estadístico cubano, a partir del primer año de vida y hasta la adultez.

La doctora Rosa Pérez Aguilera, quien lleva 28 años al frente de la sala de quemadas del Pediátrico Juan Manuel Márquez, explica que al hospital, donde se atienden casos de las provincias de La Habana, Mayabeque, Artemisa, Matanzas y el municipio especial Isla de la Juventud, llegan casi todos los días niños quemados por accidentes en el hogar, o por negligencia de los padres, número que aumenta en los meses de vacaciones escolares, julio y agosto, debido a que los infantes pasan mayor tiempo en la casa.

“Anualmente se ven de mil 500 a dos mil niños y adolescentes de consulta por quemaduras, la mayoría de primer y segundo grados; o sea, no tan graves”, explica la cirujana.

Investigaciones realizadas por cirujanos de las salas de quemados de los hospitales Manuel Ascunce Domenech, de Camagüey, del Juan Bruno Zayas Alfonso, de Santiago de Cuba, y del Abel Santamaría de Pinar del Río, coinciden también en que las lesiones ocurren en su mayoría en niños menores de cinco años; el derrame de líquidos hirvientes y accidentes domésticos resultaron ser los primeros agentes causales.

Luisa Morales Álvarez, Licenciada en enfermería y enfermera del salón de quemados del Hospital pediátrico Juan Manuel Márquez refiere que entre los casos de negligencia también se incluye el maltrato infantil.

“No todo es accidental, porque no existe explicación racional para que un niño de un año esté quemado en el ojo con un cigarro”, dice.

La negligencia, según explica la enfermera con más de 20 años de práctica en la atención de niños quemados, existe fundamentalmente en madres jóvenes que llegan y no saben explicar cómo se quemó el niño o refieren causas que podían evitarse fácilmente como la olla de agua hirviendo y el niño al lado, el fogón encendido etc.

Curas que pueden evitarse

Nicel, de cuatro años, se halla sentado en una silla al lado de su cama en la Sala de Quemados del Hospital Juan Manuel Márquez con sus piernas totalmente vendadas sobre las pomadas antibióticas. La mamá, Yamilé López, cuenta que se quemó cuando el tío estaba encendiendo un fogón con petróleo, que reventó por un desperfecto.

Nicel tiene además quemaduras en la cara y en las manos, la mayoría de las cuales requieren un injerto de piel y luego curas ambulatorias, con anestesia y medicamentos intravenosos.

La doctora Pérez refiere que los tratamientos habituales para úlceras de primer grado son las curas ambulatorias con pomadas antibióticas como la sulfadiazina de plata; para las de segundo grado se emplea nitrofurazona y con iodo, y pueden requerir anestesia.

Anaibis Mora Menéndez, enfermera asistente al paciente quemado del mismo centro hospitalario indica que el trabajo con niños siempre es difícil, porque no solo hay que atenderlos a ellos, sino también a los padres.

“El médico valora el grado de quemaduras que tiene el paciente y nosotros somos quienes llevamos a cabo las curas y explicamos a los familiares.”

Su colega, Luisa Morales agrega que para las quemaduras profundas que no evolucionan y no cierran la opción es el Autoinjerto, piel que se extrae al propio paciente, fundamentalmente de los glúteos, para ponerla en la zona quemada. Tanto en ese caso, como en las curas a quemaduras con escaras, el abordaje es bajo anestesia, porque el dolor es muy fuerte.

“Los resultados de esas cirugías son satisfactorios porque siempre ´prende´ la piel y se le da el alta a los pacientes para seguirlos de manera ambulatoria”.

“Lo malo son las cicatrices que quedan”, expresa la doctora Pérez y explica que, aunque el trabajo sea satisfactorio siempre quedan marcas, porque las erosiones son muy profundas; en el caso de los niños los pueden acompañar durante toda su vida.

Las enfermeras coinciden en que, no obstante a las cicatrices, cada año es posible salvar a casi todos los casos de quemados, y que la recuperación luego de la cirugía y el autoinjerto es bastante rápida, a pesar de ser dolorosa e incómoda.

En estos tratamientos, además del equipo de enfermeros y cirujanos, también psicólogos y pediatras le dan un seguimiento a los casos.

La psicóloga Sandra Soca Lozano, editora de la página web Adolescencia, de la Red Cubana de la Salud expone que existen implicaciones psicológicas en los casos de quemaduras, desde el temor que provoca el propio acto de quemarse, que deja una huella psicológica para el futuro, hasta las implicaciones en la imagen corporal debido a las marcas y cicatrices posteriores.

Sayda Gonález Soto, psicóloga de la sala de quemados del Hospital Juan Manuel Márquez refiere que su trabajo es asistir a los niños en el proceso de cicatrización, ellos requieren ayuda psicológica porque están inmóviles, aislados, sin poder hacer nada por mucho tiempo.

Prevenir para disminuir

Un artículo de la Revista Cubana de Medicina General Integral describe que las campañas de educación para la prevención y la rehabilitación de los incapacitados por quemaduras siguen en aumento a nivel mundial.

La doctora Rosa Pérez manifiesta que si bien el número de pacientes quemados aún es alto, ha disminuido en los últimos diez años, debido a cambios tecnológicos como el aumento de la cocción de los alimentos por gas manufacturado o licuado, que permitió disminuir el almacenamiento de combustibles inflamables en las casas.

 “Cuando se dejaron de usar las cocinas de queroseno (luz brillante), disminuyó el número de quemados; ya no existen en los hogares esos productos.”

 La merienda escolar fue otra de las transformaciones que ha logrado disminuir el número de niños abrasados, pues estos permanecen en la escuela y no tienen que cocinar si los padres están ausentes de casa.

No obstante, las enfermeras de la sala de quemados del hospital Juan Manuel Márquez coinciden en que se hace necesaria una mayor difusión del tema de las quemaduras en general, pues las personas aún ignoran los verdaderos tratamientos que requieren estas lesiones, innovan y con ello pueden ocasionar un daño aún mayor.

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