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Autor: 

Redacción JT
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17 Febrero 2018
| |
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Crédito de fotografía: 

Ilutración Roberto Javier Quintero Gutiérrez

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Podría resultar apabullante detenernos a contar las horas innecesa­riamente perdidas en una semana, un mes, un año: potencialida­des sopladas por el viento. El día sigue teniendo las mismas 24 horas, mientras el conocimiento crece, la población aumenta y la necesidad se diversifica.

Viendo llover la prisa, a las sociedades no les ha quedado más reme­dio que zambullir sus rostros en el apuro del avance. Unas frenética­mente arrastradas por el capital o la ganancia dominante; otras, bus­cando en la ciencia herramientas para el equilibrio, para el buen vivir.

Así, también la nuestra se ha sumergido en la galopada de la moder­nidad para procurar afirmarse y liberarse aún más. Pero las aguas son profundas, a veces incluso turbulentas, y se requiere saber nadar en todas las honduras para no quedarse (o ahogarse) en la orilla.

En Cuba no son pocos los ejemplos de incultura en la gestión del tiempo, con el consiguiente perjuicio para el desarrollo de una vida más plena y para alcanzar una sociedad más productiva, ordenada y avanzada.

Aterrizando: colas entronizadas por la deficiente distribución de productos muy concentrados en uno o pocos sitios de venta, turnos mé­dicos mal planificados, horarios mal concebidos, trámites y gestiones absurdamente demorados, donde el desconocimiento de algoritmos de flujos denota ignorancia, ausencia de la más elemental lógica y previsión.

Es cierto que una importante cuota de este comportamiento res­ponde a la falta de recursos, la cual ha obligado en periodos y cir­cunstancias muchas a centrarnos en la supervivencia por encima de todo. Sin embargo, un elevado porcentaje de este “relax” también le corresponde a la funesta combinación de improvisación-descontrol ins­titucional y empresarial; o, para ser más exactos, a la falta de aplicación de criterios científicos en sus dimensiones sociales: el sociológico y el psicológico, el informático y el medio ambiental.

Hay algunas señales alentadoras: mediante el empleo de la Internet y otros servicios que usan las Tics, algunas instituciones y organismos planean y comienzan a dar pasos a favor del tiempo de las personas (ellos incluidos): la gestión de entradas para espectáculos, de pagos de servicios del hogar y trámites bancarios, consulta de resultados de pruebas clínicas en centros de salud, pasajes para viajar...

Falta un mundo por hacer en esta línea imprescindible, pero la puer­ta está cada vez más abierta. La reciente experiencia de gobierno elec­trónico del portal ciudadano de Pinar del Río (Redpinar: www.redpinar. cu) va en este sentido.

Se trataría en definitiva de utilizar los conocimientos disponibles para facilitar que las personas puedan dedicar más espacio a asuntos de primera importancia: familiares, laborales, la práctica de ejercicios de­portivos, cursos o su esparcimiento. Un paquete que ahorra energía y recursos, lo cual resulta en eficiencia social y económica, sin las cuales no hay verdadero desarrollo.

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