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Debo reconocer que hace alguien tiempo me venía preocupando la divulgación e importancia que se le venía dando en nuestro país a lo que llaman Medicina Natural, Tradicional y Alternativa. No tengo nada personal contra las cosas naturales, ni contra las tradiciones y mucho menos con el hecho de poseer alternativas. Pero intuía que dentro de lo que se llama Medicina Natural, Tradicional y Alternativa estaban entrando prácticas con poca o ninguna base científica. La carta del MsC Felipe Abreu confirma mi intuición y por tanto le dedico tiempo a responder parte de ella. La paciencia no me permite responder cada una de sus aseveraciones, pero espero que mi escueto análisis ayude a hacer comprender la debilidad de sus argumentos. Aprovecharé también esta ocasión para hacer algunas consideraciones más generales sobre el tema.
Quisiera comenzar sentando las bases de la comunicación. Digamos que estamos de acuerdo en que no basta organizar estructuralmente un conjunto de ideas o conocimientos para convertirlos en ciencia. Para que estos sean ciencia deben estar organizados a partir de teorías refutables y experimentos repetibles y verificables. La religión cristiana, por ejemplo, puede considerarse un conjunto de ideas organizadas. Se parte de la fe en la existencia de Dios, de que este creó al mundo en siete días (algunos cristianos no están tan de acuerdo con esa segunda parte) y pasando por Jonás, Moisés, Salomón y su sabiduría y algunos más llegamos a Jesús – último profeta- que multiplicaba los panes y los peces. Uno tiene el derecho de creer en Dios y de interpretar la Biblia más o menos rigurosamente, pero ni el Papa se atrevería a decir que la religión es una ciencia.
Entonces, cuando el MsC. Felipe Abreu nos dice: “Cada sistema médico tiene sus bases filosóficas independientes y mezclarlas arbitrariamente sería anárquico, con resultados imprevisibles y solo lo haría alguien que desconoce en profundidad estas Ciencias” yo puedo interpretar dos cosas: Esta ciencia de las que nos habla no posee teorías refutables o no necesita experimentos verificables y en ese caso, no tiene sentido la discusión desde argumentos científicos, hablamos entonces de religión o superstición. O por el contrario, esta Ciencia Médica Alternativa posee también teorías refutables y nos plantea experimentos verificables y repetibles. En ese caso habría ayudado que el MsC. iluminará al lector, al menos, con algunos de ellos.
Sin embargo, la carta se llena de frases místicas como: “el universo entero es una oscilación de las fuerzas del ying y el yang” que bien pudo haber sido un refrán popular en la China del 2600 a.n.e., antes de convertirse en una máxima filosófica y cuyo valor como teoría científica no es mucho mayor que el que puedan tener las siguientes frases: En la unidad está la fuerza. Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza. Cuando el río suena es porque piedras trae. Todas también interesantes ejercicios de síntesis. Es difícil imaginar como estas frases permitieron descubrir las leyes de Newton, que la recta es el camino más corto entre dos puntos en un plano o que el sonido se propaga por un medio. Efectivamente, como todos sabemos, no lo permitieron. De la misma manera es difícil creer que la máxima filosófica citada arriba permitiera “desentrañar cosas tan interesantes para esa época como que el corazón contribuía a impulsar la sangre” como afirma el MsC.
Nos encontramos frases también desconsoladoras y falsas: “A veces la ciencia necesaria para demostrar hechos en los que estas medicinas se basan es muy avanzada, por ejemplo la teoría de la modificación de la forma de la molécula de agua para la homeopatía.” O sea, no existe la teoría porque es muy “avanzada”. Pero según Felipe Abreu tenemos los hechos, la homeopatía. Lamentablemente el autor no es precisamente honesto. La literatura científica muestra un fuerte debate en este tema con una balanza que se inclina ampliamente hacia negar los efectos de la homeopatía. Véase por ejemplo la referencia [1]. Por otra parte si hay una molécula estudiada por la Física y la Química es la del agua. Miles de artículos se publican cada año sobre la misma, y nada hace indicar que alguna deformación suya pueda generar un efecto curativo.
Más adelante nos informa que “La terapia floral es simple, efectiva y libre de efectos adversos... ¡y la ciencia del siglo XXI todavía no explica como funciona!” Nuevamente Felipe no lo dice todo. En la literatura científica no existen experimentos reproducibles que demuestren que esta terapia funcione. Sin embargo si aparecen estudios clínicos que argumentan su compatibilidad con el efecto placebo. Véase por ejemplo la referencia [2].
Felipe seguramente tendrá una experiencia muy positiva con alguna, o varias, de estas técnicas, pero si no aporta evidencia científica previa o la suya propia para justificar su uso, su experiencia tiene el mismo valor para la ciencia que la visión de la Virgen de Guadalupe. Es anecdotario puro. No importa cuantas veces él nos diga que funciona. La ciencia, como dijimos al inicio, necesita construirse sobre experimentos reproducibles y verificables.
A mí, entonces, la carta de Felipe me sugiere que al menos algunos de los practicantes de esta Medicina Tradicional conocen poco el método científico y terminan siendo víctimas fáciles de charlatanes como Bach. Ahí entonces aparecen nuevos problemas que trascienden la carta de marras. ¿Es éticamente correcto aplicar sobre pacientes humanos prácticas que no tienen comprobación científica? ¿Es ético hacerlo cuando la inmensa mayoría de la comunidad científica acepta que esas prácticas no tienen ningún valor diferente al efecto placebo?
Además de estas valoraciones éticas, debemos hacer también valoraciones económicas. ¿Puede nuestro sistema de salud pública permitirse este proliferar de prácticas abiertamente pseudo-científicas? Uno podría argumentar que en el fondo las goticas florales cuestan poco – las preparan normalmente los mismos médicos- y que la homeopatía cuesta aún menos: es esencialmente agua. Sin embargo, ese es un análisis incorrecto. Formar estos médicos (no demasiado bien si desconocen el método científico, reconozcámoslo) costó dinero; mantenerlos trabajando cuesta dinero (salario, no importa cuál sea); entregarles locales para trabajar también cuesta y que los pacientes pierdan su tiempo con ellos aún más. Si los mejores argumentos que se pueden ofrecer para defender la Medicina Natural, Tradicional y Alternativa que se hace en Cuba hoy son los que nos entrega Felipe yo le recomendaría al Ministerio de Salud Pública que dedicara esos recursos al desarrollo de nuevas vacunas o a mejorar la limpieza de los policlínicos.
Por otra parte si cuando se hablara de Medicina Natural o Tradicional se nos hablara del estudio científico de aquellas plantas que en determinadas culturas se han usado durante generaciones para curar o aliviar dolencias o de investigar científicamente el mecanismo de funcionamiento de algunos de esos puntos de la acupuntura pues entonces esa medicina merecería todo el apoyo económico posible. De la misma manera si cuando se hablara de medicina Alternativa se pensara en el uso o desarrollo de nuevas tecnologías- la terapia genética, por ejemplo-, para tratar enfermedades hasta hoy incurables pues, también, esta medicina Alternativa debería ser una prioridad del Ministerio de Salud Pública.
Mientras eso no sea así, creo que el Ministerio de Salud Pública de nuestro país está dedicando parte de su presupuesto a financiar supersticiones.
Dr. R. Mulet, Profesor Auxiliar del Departamento de Física Teórica de la Universidad de La Habana.
28 Enero, 2012
[1] Shang, Aijing; Huwiler-Müntener, Karin; Nartey, Linda; Jüni, Peter; Dörig, Stephan; Sterne, Jonathan AC; Pewsner, Daniel; Egger, Matthias (2005), "Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy", The Lancet 366 (9487): 726–732.
[2] Walach H, Rilling C, Engelke U (2001). "Efficacy of Bach-flower remedies in test anxiety: a double-blind, placebo-controlled, randomized trial with partial crossover". J Anxiety Disord 15 (4): 359–66.
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