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Peregrino de las matemáticas

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
  • Entrevistas [1]

Fecha de publicación: 

12 Noviembre 2015
La certeza de querer estudiar medicina, que lo acompañó hasta la adolescencia, torció dirección cuando en duodécimo grado conoció a la profesora Hilba Rivero, quien lo adentró en los entresijos de esa disciplina científica

Luis Ramiro proyecta energía a pesar de su edad. Siempre risueño y con una palabra de aliento en los labios, recorre los pasillos de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, como si fueran los de su propia casa. Nada escapa a su mirada, y es que once años como decano de esa institución lo entrenaron para detectar problemas y buscarles soluciones.

Sus alumnos y colegas saben que pueden encontrar en él una mano dispuesta a ayudarlos, aun cuando ya no tiene esa responsabilidad, Sin embargo, aclara, “debe primar la sinceridad”. Porque este hombre de naturaleza bonachona condena toda manifestación de hipocresía.

De sus días como decano recuerda el compromiso de liderar una carrera tan difícil y la satisfacción de haber conocido a Fidel en persona.

“Llevar la dirección de un centro estudiantil como este permite trazar estrategias de desarrollo en la docencia, las investigaciones y los estudios de postgrados, maestrías y doctorados. Y en ese sentido es muy interesante, aunque el compromiso administrativo –para el que nunca uno está preparado– resulta desgastante a nivel físico y emocional”, señala el también presidente de la Sociedad Cubana de Matemática y Computación. No obstante, dice, “creo haber contribuido a mejorar el funcionamiento interno de la Facultad y eso me enorgullece”.

 — ¿Cómo fue que conoció a Fidel?

— En el año 2003 teníamos en la Facultad un laboratorio completamente obsoleto. Las máquinas eran muy viejas y casi no funcionaban. Había problemas eléctricos en la red de datos y la iluminación. Sin embargo, gracias a un financiamiento que nos otorgó el Consejo de Estado, aquella situación cambió.

“Cuando la remodelación concluyó, invitamos a los responsables del proyecto a la reinauguración del local. Ese día, quince minutos antes de empezar la actividad, nos llegó un aviso de que Fidel también venía.

“Estuvo tres horas compartiendo con nosotros y reflexionó sobre la importancia de la matemática y la formación de un pensamiento lógico. Pero lo que más me estimuló profesional y personalmente, fue cuando le dijo al rector que en esa Facultad se enseñaba a pensar, y que por ello se iba muy contento”.

De Los Palos al Vedado

Luis Ramiro llegó a La Colina en enero de 1972 y su coqueteo con el Alma Máter perdura hasta hoy. Nacido en Los Palos, un pueblo de la antigua provincia La Habana, hoy Mayabeque, su amor por el arte y la ciencia, jamás contrapuestos, lo favorecen a la hora de enfrentar nuevas situaciones y salir airoso.  

Y aunque nunca pudo demostrar su valía en el coro de su Facultad, pues la directora lo expulsó, no se dio por vencido. Meses más tarde ingresó en un conjunto de teatro, donde obtuvo un premio de actuación masculina, en un Festival Universitario de Aficionados.

“No canto porque desafino horriblemente, pero me gusta mucho la música. También me agrada leer, ir al cine y al teatro. Aunque lo que en realidad me impulsa es el deseo de levantarme cada mañana a dar clases”, asegura Luis Ramiro.

Nunca pensó que sería un profesional de la matemática, pues su sueño de pequeño era estudiar medicina. Sin embargo, una vez que conoció los entresijos de esta disciplina, al amparo de su profesora de duodécimo grado, determinó que su vida estaría marcada por números y ecuaciones.

“Siempre digo que el amor por la matemática lo determina el maestro, en todos los niveles de enseñanza. No es una ciencia para aprendérsela de memoria; aunque haya aspectos como las tablas de multiplicar que llevan una sólida retentiva, la capacidad de analizar, de razonar es muy importante”.

Y esa es, precisamente, una de las preocupaciones que según Luis Ramiro, tienen hoy los profesores de la especialidad. La carrera de Matemática, entre las más complejas, es la única en el país que se imparte en cuatro años. Por lo que es preciso que los estudiantes que accedan a ella posean habilidades de abstracción y un pensamiento lógico ya formado.

“Una buena experiencia es el fortalecimiento del duodécimo grado aquí en la universidad. Son alumnos que se seleccionan previamente y cuyo interés es ser nuestro relevo. Aun así, la preparación debe ser más eficiente porque son un grupo pequeño y hay que cuidar que no se vayan”, advierte.

— ¿Cuál cree que sea el motivo por el que los muchachos no acceden a la carrera?

— Pienso que el problema fundamental radica en la poca orientación que reciben. Las personas saben que la matemática es importante y de uso cotidiano, ya sea en el mercado al realizar compras o al cruzar una calle, para no ser atropellados por un vehículo. Sin embargo, pocos conocen qué es lo que hace un graduado, dónde trabaja o qué problemas resuelve. La realidad es que los únicos matemáticos con que los muchachos conviven es su profesor; y eso no les resulta atractivo.

— ¿Cuál es el perfil laboral de un graduado de Matemática?

— La investigación, el trabajo con médicos, biólogos, ingenieros, como  parte de equipos multidisciplinarios. Porque son capaces, gracias a la preparación que adquieren en la carrera, de modelar matemáticamente la realidad que esos científicos estudian. En la farmacología, por ejemplo, a la hora de crear un nuevo medicamento; en la medicina cuando se investiga el cerebro; en otras esferas del entramado social o en algo tan específico como la determinación del lugar ideal para abrir una fábrica.

Con calma chicha

A sus 62 años Luis Ramiro ya no reclama a diestra y siniestra cuando sus estudiantes cometen algún desliz. Su vasta experiencia lo ha apertrechado ante la indiferencia y apatía de algunos alumnos, a pesar de ser incondicional a ellos.

“Trato de tener las mejores relaciones con todos. Que no significa regalarles las notas ni ser poco exigente. Uno debe dar la mejor clase posible; luego un examen sencillo, sin dejar de ser riguroso, es la mejor  vía para comprobar lo aprendido”.  Luis Ramiro no le encuentra sentido a esas preguntas “cuasi criptográficas” que van en detrimento de quien se examina, pues solo logran confundir y demorar innecesariamente al estudiante.

— ¿Cómo considera que ha evolucionado la carrera de Matemática desde sus días de estudiante?

— Ha sido una evolución paulatina. Actualmente el plan educativo está acorde con la enseñanza de esa ciencia en el mundo. Pero en 1962, cuando se creó, no existía una guía de estudios que la respaldara.

“Un diagnóstico realizado en aquella época demostró que la matemática que se impartía en Cuba tenía un atraso de 50 años en relación con los programas más avanzados del continente americano. Por tal motivo hubo que recurrir a profesionales de Uruguay, México, Francia y Checoslovaquia para que ayudaran en la conformación de planes de estudio y dieran clases en las tres universidades donde se impartía ese curso”.

Hoy la carrera de Matemática es ejemplo en ese sentido. Por la calidad de sus programas educativos en pregrado y postgrado y de su competente claustro, está acreditada como “De excelencia”.

De igual modo, sus miembros forman parte del Proyecto Tuning-América Latina, el cual persigue construir un espacio de educación superior en la región a través de la convergencia curricular.

— ¿Qué puede hacer un profesor para incentivar el amor por la matemática?

— La pedagoga Dulce María Escalona dijo una vez que para ser un buen profesor había que saber matemática, saber enseñarla y amarla. Yo estoy de acuerdo. El maestro debe estar bien preparado y tener las herramientas comunicativas para llegar a sus estudiantes.

“Desde la Sociedad Cubana de Matemática y Computación estamos realizando acciones para contribuir en ese sentido. Así, diseñamos un diplomado sobre la enseñanza de esta ciencia y un concurso donde se estimule a los mejores profesores del país”.

Docencia + Investigación

Al repasar su extensa carrera, este Dr. en Ciencias Físico-Matemáticas, reconoce que la investigación siempre ha estado supeditada a su responsabilidad como maestro.

 “Estoy consciente de que los profesores debemos superarnos constantemente y en ello vuelco una parte importante de mi tiempo. Pero si tuviera que dedicarme por completo a la investigación, aunque me gusta, no podría; sería desesperante pasar todos mis días en un laboratorio”,  manifiesta Luis Ramiro.

Solo los colegas más allegados conocen de sus logros científicos o de aquel libro de álgebra que escribió en los años 80, y que aún hoy se utiliza para impartir esa asignatura.

Incluso su importante contribución a los polinomios resulta muchas veces desconocida dentro del propio gremio. Y es que su modestia le impide vanagloriarse de tal éxito.

“El tema escogido para mi tesis de doctorado fue Polinomios multiortogonales. Nunca hasta aquel momento se había estudiado esa familia en específico, por lo que sentó precedente para posteriores investigaciones. Incluso, se empezaron a impartir en clase.

“Entonces, cuando los polinomios fueron clasificados, la persona que lo hizo tuvo la deferencia de poner mi nombre al lado de Carl Gustav Jacob Jacobi, quien tributó mucho a la teoría de los polinomios ortogonales”.

— ¿Qué significa para usted que haya un polinomio de Jacobi-Piñeiro?

— Esa es una de las cosas que más me enorgullecen. Jacobi fue un matemático alemán del siglo XIX, que hizo contribuciones en varios campos de esta disciplina. Y que mi aporte haya sido considerado tan importante como para poner nuestros nombres juntos, es un honor indescriptible. No obstante, solo los alumnos que trabajan conmigo saben que ese polinomio existe.

Aún lleno de proyectos, Luis Ramiro avizora muy lejano su retiro de las aulas; “todavía me queda mucho por enseñar y aprender”, asegura.

“Ahora estoy escribiendo otro libro. Quiero compilar los estudios que he realizado sobre funciones de variable compleja para que los alumnos puedan estudiar por ahí”. Mientras tanto, como hace desde que comenzó su peregrinaje por la docencia, acude puntual, cada mañana, a su cita con sus discípulos.

Reconocimientos recibidos

-Distinción “Por la Educación Cubana”, Consejo de Estado de la República de Cuba, 1995

-Cuadro Destacado a Nivel Universitario, curso 1998-1999

-Premio del Rector como Profesor más destacado de la UH en el trabajo docente educativo en el curso 1999-2000

-Destacado Alma Mater de la UH, desde 2001

-Medalla “José Tey”, Consejo de Estado de la República de Cuba, 2005

-Sello “280 Aniversario de la Universidad de La Habana”, Consejo Universitario, 2008

-Socio Emérito de la Sociedad Cubana de Matemática y Computación, Asamblea General, 2009.

-Medalla “Frank País” de segundo grado, Consejo de Estado de la República de Cuba, 2012

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