Quería ser un pintor famoso, pero
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- Entrevistas [1]
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Alí no es un hombre expresivo, de aquellos que van por el mundo cantando glorias y hazañas, pues su natural timidez le impide hablar de sí mismo; sin embargo, su presencia en Juventud Técnica siempre fue esencial cuando ante algún imprevisto, dibujaba un nuevo comienzo.
Su larga travesía por las páginas de la revista le ganó el respeto y la admiración de sus compañeros, algunos ya ausentes. Y aunque quiso ser un pintor famoso, su tropiezo con la publicación torció su rumbo.
En la historia de la ya cincuentenaria JT, él ocupa un lugar especial. Incluso en la comodidad de su hogar, su tarea como jurado del Concurso de Cuento de Ciencia Ficción resulta indispensable, cuando cada año arriban de la mano de jóvenes escritores, nuevos relatos que avalar.
Graduado de Pintura y Dibujo en la Escuela de Artes Plásticas San Alejandro, llegó a la revista en 1975 seducido por la labor que allí acontecía. Su primer contacto con la realización gráfica no lo olvida.
“En aquel tiempo todo se hacía a mano. Recortabas y pegabas las columnas en una pauta que eran llevadas a la imprenta y allí se fotocopiaba. Sobre ese material se realizaban las correcciones. Luego vino la era digital y todo fue más fácil”.
— ¿Qué significó dejar la pintura por el diseño gráfico?
— “Durante mis años en San Alejandro hubo un semestre en el que recibimos esa asignatura, pero fue fascinante cuando me enfrenté a la plástica desde el diseño. Y me sentí tan realizado que hasta hoy sigo haciendo ilustraciones a línea y no pinto con óleo”.
Camino a casa
En la entrada de su hogar Alí tiene un pequeño librero que contiene algunos de sus más queridos ejemplares. Los otros, los verdaderamente importantes, los esconde de miradas indiscretas y de la curiosidad de su pequeño nieto.
Sus clásicos, de temas históricos y grandes exploradores, acompañan en ese rincón sagrado a los textos de ciencia ficción que leía de joven.
Amante de este género literario, alguna vez probó su valía como escritor y publicó dos de sus cuentos en Letras Cubanas; sin embargo, solo era “un aficionado más”.
Su infancia fue como la de cualquier otro niño, juegos y estudio. Y el gusto por el dibujo le llegó a través su interés por los autos. Pasión que mantiene en la actualidad y que lo hace autor de una modesta colección de ilustraciones de carros de los años 50, con las que pretende hacer una exposición en el futuro.
— Miriam ha sido para ti una compañera inseparable y te ha apoyado siempre. ¿Cómo la conociste?
— “La conocí en la ruta 67. Yo la había visto en varias ocasiones y me llamaba mucho la atención, pero ese día tuve el valor de invitarla a tomar helado en Coppelia. Primero surgió la amistad y después…ya llevamos 37 años de casados, y siempre digo que tuve la suerte de conocer al amor de mi vida”.
Nunca pensé cambiar de trabajo
Aun en el momento más duro del Periodo Especial, cuando la revista cerró sus puertas, Alí se mantuvo firme en su decisión de pertenecer a la publicación que lo acogiera de joven. Disímiles fueron los trabajos que desempeñó en ese tiempo, mas no desfalleció.
“Fue una etapa traumática y algunos no pudieron resistirla. De hacer una revista mensual de casi cien páginas, terminamos confeccionando almanaques y cancioneros de Juan Luis Guerra o Adalberto Álvarez. Resultó difícil”, señala.
“Después con la reapertura de las publicaciones de la Casa Editora Abril, a la que pertenecemos, todo fue tomando su cauce. Convocamos de nuevo a los miembros de Consejo Científico Asesor, renovamos los proyectos que teníamos y surgieron otros nuevos”.
— Estuviste en la revista desde 1975 hasta el 2009, ¿cuál fue la mejor época para ti?
— “Los años 80 fueron los que más disfruté. Las condiciones de trabajo eran excepcionales. Contábamos con un departamento de diseño grande y bien equipado y un grupo de periodistas muy buenos. También pienso que con la dirección de Homero Alfonso JT se reinventó”.
“Hubo cambios en la visualidad con la entrada del ilustrador Masvidal quien dio un toque diferente y atractivo con sus dibujos. Fue para mí la época de oro, sin desmerecer la labor que se hizo después y la que se realiza ahora”.
— ¿Cómo surge la idea de crear el Concurso de cuentos que llega hasta nuestros días?
— “Cuando entro en JT me doy cuenta de que se estaban publicando historias de ciencia ficción y que el científico y escritor Bruno Enríquez, llevaba muchos de esos materiales.
“Nos hicimos amigos y él me alienta a entrar en este rico mundo. Un día me llama y me dice que tenía un proyecto que pudiera interesarle a la revista y que consistía en crear un concurso de cuento de ciencia ficción. Se lo planteamos a Homero y él aceptó. Así lanzamos la convocatoria. Fue un éxito, todavía lo es”.
Hay un universo de pequeñas cosas
Alí cuenta que aprendió mucho con Masvidal, con su forma de hacer y su entrega al trabajo. Por lo que cuando este decidió marcharse de la revista, sustituirlo fue más fácil de lo esperado, aunque constituyó un reto.
“Iroel, el director por aquel entonces, me preguntó si podía ilustrar y yo dije que sí. Hice Gravedad cero y Humor Mutante, natural continuación del Androide legendario del ilustrador, pero con pautas y estilos diferentes. Además comencé una versión diferente de las Ideas, con un personaje distinto”.
— ¿Cómo te enfrentaste a esa sección (Ideas) después que Masvidal le impregnara su sello personal?
— “Casi me halo los cabellos cuando me dijeron que tenía que hacer las Ideas. Por suerte José Ramón, uno de los periodistas de la revista que conocía mucho de reparaciones y de buscar soluciones a desperfectos técnicos me ofreció su ayuda. Así fue que comencé a ilustrar esa sección”.
“A veces era él quien sugería lo que debíamos hacer; otras, ya yo sabía por dónde qué mostrarle a la gente”.
— ¿Cuándo decides retirarte y por qué?
— “Yo siempre me preparé para entregar mi trabajo cuando llegara el momento. Este es un oficio en el que la creatividad es fundamental y debes tratar de no repetir las ideas, hay que tener elementos nuevos para atraer al público. Por lo que cuando vi que ya no podía aportar más a mí labor como ilustrador, decidí que era hora de darle espacio a otros más jóvenes”.
Más de cinco años han pasado desde que Alí dejara de formar parte de la plantilla oficial de Juventud Técnica, mas su ausencia apenas se nota. Su capacidad de aportar siempre un poquito hace de este ilustrador un miembro único de la publicación.