Dania González Couret: El que nace para tamal...
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Parece imposible cómo esta mujer puede cumplir con su agotadora cotidianidad con la misma vehemencia de los misioneros. Cuando pudieran sobrarle excusas para sentarse a descansar, su soleado apartamento en el Nuevo Vedado habanero es escenario donde, junto a estudiantes, discute y valora tesis y proyectos.
Arquitecta, Doctora en Ciencias Técnicas, , Profesora Titular del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE), miembro titular de la Academia de Ciencias de Cuba y fundadora de la junta directiva de Cubasolar, además de presidir el jurado nacional de Arquitectura… ¡Casi nada!
Nacida en noviembre de 1955, en la ciudad de Pinar del Río, a Dania le costó escoger una carrera universitaria. Descendiente de una familia de profesores, sus padres se oponían a que continuara la sanguínea tradición. Siguiendo instintos, aprovechó sus aptitudes para el dibujo y las matemáticas y optó por la arquitectura. Mas, al graduarse en 1978, el destino le tendió una trampa pedagógica.
“Después de cinco años de soñar con los proyectos arquitectónicos que realizaría, la necesidad institucional dijo la última palabra, sin derecho a réplica: ¡Usted tiene que ser profesora! Recordé a mis padres y pensé: quien nace para tamal…”. Así tuve que vincular mis dos grandes vocaciones, magisterio y arquitectura… pero no me quejo. Desde la universidad he podido investigar, hacer proyectos, escribir, publicar, enseñar, y trabajar con estudiantes de pre y postgrado, un vínculo que permite retroalimentarse y mantenerse jóvenes a quienes ejercen la docencia. Definitivamente decidí que mi obra fundamental son los estudiantes”.
— ¿Cómo maneja el tiempo para cumplir con tan diversas responsabilidades?
— Durmiendo muy poco. Compensando entre lo que debo hacer y lo que me gusta hacer. Estoy en comités técnicos, de expertos, asesoro proyectos y postgrados, investigaciones, y atiendo a los estudiantes. Nuestra maestría se imparte en todo el país, y tal labor consume mucho tiempo. Por suerte he podido librarme de algunos compromisos burocráticos y cargos administrativos”.
— ¿Y en el escaso tiempo libre?
“Me gusta escuchar música y ver películas. Sobre todo dramas sociales, sentimentales o psicológicos. También disfruto de conversar, el baile y la playa. Antes solía leer mucho, pero ahora apenas tengo tiempo ni para la literatura técnica”.
— ¿Qué valoración tiene una arquitecta de los siglos XX y XXI de la arquitectura cubana?
La colonial es excelente. A su origen mediterráneo poco a poco fueron sumándosele persianas, vitrales, balcones y patios con vegetación, que le otorgaron signos distintivos. Como evidencian no pocas edificaciones, durante la primera mitad del siglo XX la arquitectura fue meritoria. En los años 50, el movimiento moderno cubano alcanzó talla universal en calidad, algo que continuó en los 60. En aquellos momentos se buscaba qué podía hacer un país del llamado Tercer Mundo que emprendía una revolución social. Armonizando belleza y utilidad se demostró que la buena arquitectura no requiere ser lujosa ni excepcional.
“La situación cambió a partir de la prefabricación de grandes paneles. Se comenzaron a hacer urbanizaciones repitiendo una y otra vez los mismos edificios. Con ansias de parecernos a naciones desarrolladas proliferó la utilización del vidrio. Si consideras que lo tuyo es inferior, terminas copiando lo mal hecho, ya sea del norte continental como de Eruropa. Para enfrentar al mundo global debes conservar bien firmes tus raíces.
“Aun así, el valor de nuestra arquitectura es reconocido. El arquitecto de origen cubano, Andrés Duany, confesaba abiertamente: `Vengo a La Habana con mis estudiantes, porque si la tenemos tan cerca para qué ir a Roma´. Cuando tuve la oportunidad de conocer la capital de Italia supe que tenía razón, y al visitar Miami lo confirmé”
— ¿Cuáles han sido sus paradigmas?
Los grandes paradigmas de la arquitectura mundial durante las décadas de los 50, 60 y 70 no han resistido el paso del tiempo. Visité ciudades satélites suecas, urbes inglesas, y no se erigen hoy como modelos arquitectónicos. Otro gran soñado arquetipo, el Hábitat 67 de Montreal: tridimensional y totalmente prefabricado, tampoco trascendió.
”Entonces no había estallado la crisis ecológica. No existía la conciencia actual del mundo finito, de que los recursos se agotaban y el ideal reinante era productivista, industrialista y consumista. Pienso que el concepto de desarrollo sustentable ha evolucionado hacia una arquitectura vernácula, con diseños bioclimáticos y esta es menos de autor, de solitarios protagonistas, de revistas y fanfarrias.
“No creo en grandes paradigmas ni en el sistema de estrellas de la arquitectura mundial. Algunas son falsas. Todo llega a ser un gran negocio y un montaje mediático con personajes que construyen sus carreras gracias a relaciones, revistas y mucho dinero. La gente comienza a seguirlos, sean buenos, regulares o malos, y detrás de ellos hay todo un ejército de cerebros que asumen los proyectos. Mi actual paradigma es el de la arquitectura en armonía con el lugar, adecuada al contexto, a los recursos disponibles y a las personas que la van a vivir. También la concibo y defiendo participativa, renovable y reciclable”.
— ¿Qué huellas dejó en usted el arquitecto Mario Coyula?
Mayito fue un buen amigo, compañero, colega y persona que admiré mucho. Fue mi profesor de Historia de la Arquitectura. Trabajamos juntos. Admiré sus intransigentes posiciones ante lo mal hecho en disímiles escenarios. Él fue quien abrió el debate en aquel congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, al plantear que los problemas que enfrentaba la capital eran esenciales para la salud del patrimonio y la cultura de la nación. Mario fue un destacadísimo intelectual y un verdadero cubano”.
— Satisfacciones
Cuando mis alumnos se gradúan de doctorados, maestrías o diplomas y veo a sus familiares orgullosos. Ese momento no lo cambio por nada. Me siento feliz y pienso que el esfuerzo, tiempo y desvelo bien valieron la pena porque pude propiciar conocimientos y felicidad a tantas personas”.
— Insatisfacciones
Ver cómo perdura y sobrevive lo mal hecho en ámbitos de la vivienda, el hábitat, los asentamientos humanos y la sustentabilidad, pese a años de batallar contra esos fenómenos. Cuba tiene todas las condiciones para ser un ejemplo de lo que puede ser una arquitectura sustentable, pero no lo estamos haciendo”.
— ¿Qué desafíos principales tiene entonces la arquitectura cubana?
Rescatar el rol del profesional y de su equipo, así como respetar la importancia de los proyectos. La etapa de proyecto y preparación de la inversión es fundamental. Es preciso acabar de entender que la mejor arquitectura, la más apropiada y eficiente, económica y energéticamente, es específica. Hay que sacar el mayor partido de cada lugar donde se construye. Por otra parte, no solo debe vigilarse la calidad del diseño, sino también de la ejecución. A menudo se dice que no hay albañiles y se recurre al prefabricado. Yo digo que sí los hay, pero es necesario crearles incentivos. El reto fundamental consiste en no perder de vista que las futuras generaciones nos juzgarán por lo que estamos haciendo o dejando de hacer hoy. Si una sociedad lega un patrimonio de menor calidad que el que recibió, definitivamente no fue sustentable”.