Sine qua no
Autor:
- La Opinión [1]
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En el torbellino de cambios tecnológicos que de lado a lado vive el mundo, la sucesión de lo nuevo por lo “viejo” es frenética, a veces desconcertante, pero siempre con poder de seducción: Internet de las cosas (y con todas sus cosas), impresión 3D, robótica, nanotecnología, drones (no almendrones), inteligencia artificial, nuevas fuentes de energía, biomateriales, revoluciones de la genética y biotecnología, autos híbridos y autónomos…
Así, entre asombros y asombros, Cuba también intenta correr la carrera –no sin sofocaciones y calambres- procurando que el pelotón de vanguardia no se le pierda de vista, porque sabe que tiene suficiente entrenamiento intelectual para no separarse demasiado y soportar sin desmayos hasta los persistentes tironazos de los punteros.
Sin embargo, en toda verdadera carrera tiene que haber estrategia y tácticas, que suelen decidir la competición. En pocas palabras: si nuestro capital mayor está en nuestras neuronas -donde se ha podido invertir más- y donde desde hace algunos años se comenzaron a cosechar frutos sostenibles, que son los que determinan el avance real, la estrategia entonces es potenciar esa fortaleza.
En la persecución por el mejor desarrollo científico y tecnológico, se combinan también la audacia, -el valor de un liderazgo bien asesorado y, por ende, bien informado, para emprender (que en término deportivo sería atacar)-, con la sabiduría práctica del contexto y el momento (presente y futuro).
Estas condiciones se conjugaron cuando el emprendimiento biotecnológico y biofarmacéutico, con toda su derivación de centros científicos, que impulsaron el andar, a pesar de muros financieros y comerciales de todos los tamaños.
Es tiempo ahora de seguir alargando el paso, al menos en algunos frentes, y reducir distancias. Por un lado, está el campo de la ingeniería informática y computacional, sumando la electrónica, las nanociencias y hasta la robótica…; por el otro, estamos abocados a acelerar el desalinizar el agua, tal vez con plantas en casi todas las ciudades costeras del país y funcionando estas con energía fotovoltaica o eólica, imprescindibles ambas para la Isla, aun apareciendo el necesario buen petróleo.
Es alentador, por ejemplo, que la Universidad de La Habana tenga desde el 2014 más de 30 proyectos conjuntos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) con Biocubafarma, entidad productora de medicamentos; que también despliega los laboratorios conjuntos como apuesta concreta para la transferencia de tecnologías y conocimientos, dos de ellos activos, uno con el Ministerio de Energía y Minas, dedicado a la fuente energética fotovoltaica y el otro asociado al Centro de Inmunología Molecular (CIM).
Estas son tácticas que, adecuadas al contexto de cada provincia o región del país, deben prevalecer en nuestras universidades, a pesar de obstáculos de toda índole: falta de financiamiento, recursos, infraestructura; falta de espíritu emprendedor, actitudes pasivas (falta de gestión) y hasta trabas e incomprensiones burocráticas y tecnocráticas, sobre todo en instituciones y empresas.
Hay que saber aprovechar el apetito natural de los jóvenes por las tecnologías de avanzada y enamorarlos para que piensen, investiguen, resuelvan, aporten y vean su esfuerzo, conjugando con sapiencia las áreas priorizadas por el estado con las vocaciones e intereses individuales. Pero hay que abrirles espacio profesional.
Dicho sea de paso, el estado con su presupuesto es y ha de ser el principal motor financiero. Lo que tanto se invierte en educación tiene que recogerse en desarrollo. No debemos seguir corriendo el riesgo de que el capital humano formado durante años se quede por debajo de sus capacidades. Eso es ineficiencia clarísima.
En la que fue quizás la última entrevista pública a Fidel, le preguntaron qué carrera escogería si ingresara hoy a la universidad, y como si ya llevara años con la decisión tomada, respondió: una de ciencia. Podemos inferir que, si su abogacía lo llevó al Asalto del 26, en una carrera científica asaltaría la ciencia y las tecnologías más avanzadas con una estrategia de innovación nacional calculada y que resultara sustentable a todo plazo, rompiendo barreras y haciendo alianzas con entidades productivas y de servicios para completar el ciclo que trae prosperidad.
Porque para el desarrollo de Cuba ello resulta condición indispensable o como diría un filósofo: sine qua non.