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Por un puñado de voltios

Autor: 

Redacción JT
  • La Opinión [1]

Fecha de publicación: 

04 Junio 2018
Verde es el color de la esperanza y del medioambiente. Verde es el primer ómnibus eléctrico que rueda por las calles habanera.

Verde es el color de la esperanza y del medioambiente. Verde es el primer ómnibus eléctrico que rueda por las calles habaneras, en la idea de extender su uso — suerte de globo sonda — por toda la isla, como pasto verde.

Y no es verde solo porque en ella la fotorrecepción de la luz se perciba en una longitud de onda entre 529 y 497 nanómetros: Esta guagua no emite humos, sino huellas de Tarea Vida.

El esbelto carro E12 de la firma Yutong, premiado con la medalla de Oro y al Mejor Diseño en la Feria Internacional de La Habana 2016, fue “tropicalizado” para poder rodar en Cuba; así, resiste altas temperaturas y utiliza un adaptado generador de 380 voltios que alimenta sus baterías de ocho años de garantía. Cargadas completamente, el vehículo pueda recorrer entre 250 y 300 kilómetros a una velocidad de hasta 69 kilómetros por hora.

También tiene incorporado un sistema de autorrecarga o recuperación energética, que convierte la energía cinética de la desaceleración y el frenado, en eléctrica. Su sistema ABS+EBD incorporado le permite ajustar automáticamente la fuerza de freno de cada rueda. (De paso, sepa que los neumáticos no tienen cámaras en su interior, por lo que en caso de pincharse, la guagua puede recorrer hasta 30 kilómetros antes de perder todo el aire).

Este silencioso carro, con aire acondicionado y asientos más confortables, se erige además como símbolo de un servicio pocas veces visto aquí. Hasta se ha hecho notar su conductor, Daniel Ríos Santos, por su disciplina, profesionalidad y educación, y por sus 25 años timoneando sin accidentes. El ya denominado primer chofer “ecológico” cubano pone música, como otros, pero no estridente ni de mal gusto. La guagua de la ruta 18 de la terminal de Palatino, esa que de niño Río Santos soñó manejar, por seguridad se ordena a sí misma no arrancar ni cerrar las puertas si hay alguien sobre el estribo, marcado este de amarillo, el color del peligro y de la mala suerte desde que murió Molière.

Hay que sufrir socialmente de deuteranopía — dificultad para distinguir el color verde — para no aplaudir la llegada de los transportes ambientalistas al país.

La novedad no solo augura una atmósfera más limpia y un entorno menos ruidoso, sino que puede parcialmente independizar al sistema de movilidad urbana de su angustia económica petrolera. Hasta podría soñarse con buses eléctricos de dos pisos, como los que sirven hoy en Londres, para cubrir rutas despejadas de cables (décadas atrás rodó en la Isla de la Juventud una guagua biplanta entre Nueva Gerona y La Fe).

Felizmente se ha incrementado la importación de ciclomotores eléctricos de dos plazas (¿y por qué no de más?), sobre todo desde que se les permitió también a personas naturales. Igual, entrar al país bicicletas, patinetas y carriolas con propulsión eléctrica está autorizado, pero estas no han tenido similar acogida, entre otras causas por no existir parqueos adecuados y seguros.

Desde hace más de un año se ensamblan en Santa Clara unas hermosas bicicletas eléctricas LT 1060 de 60 voltios y motor trifásico de 1000 vatios, capaces de alcanzar los 50 kilómetros por hora. Construidas con componentes principalmente chinos, estas han alcanzado muy buena aceptación entre sus usuarios, en primer lugar — afirman ellos — por ser más potentes que los ciclos eléctricos producidos por la misma fábrica con anterioridad, y tan buenas como las de otras marcas que hoy importa la gente.

Sin embargo, el precio de la villaclareña es, por muy alto, exclusivista, sean cuales fueran las causas. Y lo peor: piezas de recambio y baterías, que duran solo 12 meses — las de esas otras moticos duran 24 — , no están disponibles en los mercados.

¿Estará condenado este país, que tiene motos desde 1899, a no contar con un buen parque automotor, no digamos siquiera tan ecológico, sino el más racional después de los ómnibus?

¿No pueden preverse importaciones o producciones que incluyan la inversión para garantizar toda la cadena de servicios de postventa? ¿Alguien permitirá que se desaliente un propósito tan loable como contribuir con mejorar el nivel de vida de la población y, más importante aún — pues interesa a todos — con la salud del planeta? Sin ánimos de tintar los esfuerzos, hablar de lo mismo, tantas veces, sabe ya a comida recalentada.

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