Equilibrio
Autor:
- La Opinión [1]
Fecha de publicación:

El “Análisis del Estado de la Ciencia en Cuba”, más que un texto es un espejo (y, a menos que fuera un vampiro, a usted debería de tentarle). No tanto por lo que dice como por lo que refleja, y por ese azogue/método “problemático” que invita a hablar sin temor a romper la sintaxis.
Cuando en medio de la discusión de los Lineamientos un foro como la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) clamaba por el derecho a ejercer su opinión asesora, lo más probable es que pocos concibieran a aquellos científicos como intelectuales orgánicos. Los intelectuales orgánicos “producen” ideología. Pero esto no debió parecer trascendente. Aquel debate fue desestimado.
Meses después, en abril de 2011, el Capítulo V de los Lineamientos, referido a Ciencia y Tecnología, era otro en el ciento por ciento de sus propuestas: una clara señal de la ausencia de evaluaciones previas de la marcha de la Política de Ciencia, Tecnología e Innovación (PCTI) en la Isla –advirtieron expertos; una fuerte evidencia de la distancia entre tomadores de decisión y un sector estratégico, cuyas dinámicas, problemáticas y deseos escapaban al dominio de parte de su gerencia –demostraron los científicos.
En otra brillante movida sobre el tablero de los símbolos, los académicos cubanos respondieron con un análisis absolutamente cívico; un guiño sobre el valor de la participación en la construcción de un proceso social como este medio siglo de ciencia en Cuba.
Paradójicamente, mientras esa respuesta transcurría como una contundente denuncia a la escasa democracia cognoscitiva, el bumerán del modelo de déficit (de información) –usado, ora contra el público, ora contra los “torpes” periodistas–, se volvía en 2013 contra la propia comunidad científica. El Análisis... fue inaccesible, esta vez, para un grupo de parlamentarios que indagaba sobre la marcha del reordenamiento de la red de entidades de ciencia y tecnología de la cual los académicos cubanos forman parte inseparable.
Que la comunicación es ante todo un proceso de intercambio, no solo de transmisión de datos, volvía a ser una verdad de las más (des)conocidas, especialmente en el ámbito de un sector con visibles incoherencias entre sus modelos de gestión y metodologías de trabajo.
A fines de 2013, por ejemplo, un sondeo a pequeña escala encabezado por la mencionada comisión del Parlamento, daba cuentas del halo de “incertidumbre” que bordeaba el reordenamiento de las entidades de ciencia y tecnología en la Isla, muy a pesar del esfuerzo de la Comisión Permanente para la Implementación de los Lineamientos por dotar de transparencia y cientificidad ese proceso.
En marzo de 2014, un informe de la junta directiva de la ACC al Pleno lamentaba el declive de la participación de los académicos en la actualización de la PCTI; en parte, debido a la ausencia de información manejada por el CITMA, entidad que adujo no tener poder de decisión sobre documentos ni procedimientos que, contrario a su verdadera naturaleza, parte de la sociedad percibe como “secretos”.
Suponiendo que lo fueran, ¿qué o quién impedía al CITMA hacer su papel de mediador informado, de “instancia estructurada de la interacción” entre las partes?, y ¿por qué en lugar de configurar negociaciones, pareciera atorado como un hueso en la garganta de cruciales procesos?
Los académicos cubanos, con su Análisis... han dotado de evidencia aquello que por tradición acumulativa sabemos: el problema no es lo que se dice, sino cómo se dice. Con el uso del método científico y la minería de datos han llenado de sentido lo aparentemente intrascendente: cifras, estadísticas y tendencias hasta ese momento silenciados. Y lo han hecho en suplencia de una prensa y dirigencia morosas, con la ventaja de ser además pródigos en imaginación.
Ahora, cuando piden ser escuchados, deberíamos aguzar el oído. El oído humano, aseguran estudios científicos, posee unas 30 mil fibras nerviosas, y es tan sensible como el ojo despierto. Escuchar no solo dota de capacidad de movimiento; significa, ante todo, ganar en equilibrio.