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Cienfuegos: entre la protección ambiental y el desarrollo costero

Jorge Fernández Pérez
15 agosto 2026 | 0 |

Cienfuegos, la llamada Perla del Sur de Cuba, enfrenta hoy uno de sus lances más complejos: conciliar la protección de su bahía y sus playas con las presiones del desarrollo urbano, turístico e industrial. Con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad y una economía vinculada al puerto, la industria azucarera y el turismo náutico, la ciudad se encuentra en una encrucijada donde la gestión ambiental se vuelve decisiva para su futuro.

La bahía de Cienfuegos, uno de los puertos más importantes del país, es también un ecosistema costero sensible. Según el especialista Iván Figueroa Reyes, director de la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental del Citma, esta autoridad nacional tiene entre sus funciones proteger los ecosistemas costeros, controlar el acceso y uso de la biodiversidad marina, y supervisar la calidad de las aguas frente a vertimientos de sustancias químicas y residuos orgánicos procedentes de industrias y asentamientos urbanos.

En los últimos años, diversas actividades en el entorno de la bahía —desde parques recreativos asociados a delfinarios hasta la instalación de pasarelas en playas y sistemas de tratamiento de residuales en hoteles— han pasado por procesos de evaluación y autorización ambiental. El objetivo es garantizar que estas intervenciones no comprometan la integridad del ecosistema ni la calidad del agua, un recurso vital para la salud pública y la actividad económica.

El marco legal cubano, en particular el Decreto‑Ley No. 77, establece una zonificación costera con dos niveles de protección: la zona costera, de carácter restrictivo para actividades constructivas y vertimientos, y la zona de protección contigua, donde se permiten ciertos usos siempre que sean de bajo impacto y cumplan requisitos específicos, como estructuras desmontables y sin cimentación fija.

Esta normativa busca equilibrar la protección ambiental con el desarrollo de servicios turísticos y comunitarios, aunque su aplicación efectiva depende de la capacidad institucional y de la disciplina social.

Las playas de Cienfuegos, como Rancho Luna, son ecosistemas frágiles cuya dinámica está marcada por factores climáticos, oceanográficos y antrópicos. Investigaciones del Centro de Estudios Ambientales registran retrocesos de la línea de costa en el orden de 0,8–1,0 metros anuales, valores coherentes con la media nacional.

A estos procesos naturales se suman impactos humanos como la contaminación por residuos sólidos, el acceso vehicular a la franja litoral y la instalación de estructuras rígidas, que aceleran la erosión y degradan la calidad ambiental.

La contaminación por desechos sólidos es uno de los problemas más visibles. Aunque las normativas prohíben y sancionan el abandono de residuos en las playas, la efectividad de la regulación se ve limitada por dificultades operativas en la recolección y gestión de desechos, agravadas por el contexto económico y las restricciones de acceso a recursos. Esta situación no solo afecta la estética y el valor recreativo de las playas, sino que también incide en la calidad del agua y en la salud de los bañistas.

El monitoreo de la calidad del agua para determinar la aptitud para baño es responsabilidad del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, que evalúa indicadores microbiológicos y físico‑químicos. Sin embargo, la mejora sostenida de la calidad del agua requiere medidas integradas: inversión en sistemas de tratamiento de afluentes urbanos y hoteleros, control estricto de vertimientos industriales y programas de educación ambiental que fomenten la responsabilidad ciudadana.

La protección efectiva de la bahía y las playas de Cienfuegos exige, por tanto, un enfoque multidimensional. El marco normativo proporciona herramientas para la gestión costera, pero su éxito depende de la capacidad institucional para fiscalizar, la disponibilidad de recursos técnicos y financieros, y, muy importante, de una ciudadanía consciente de que la conservación de estos ecosistemas es también la conservación de su propio bienestar y del de las futuras generaciones.


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