Mirar la ciencia con perspectiva de género no es una consigna coyuntural. Es una necesidad estructural. Con esa premisa, el Instituto de Cibernética, Matemática y Física (ICIMAF) desarrolló su sexto Taller por la inclusión de niñas y mujeres en carreras STEM, como parte de la jornada por el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia.
El espacio, ya consolidado dentro de la institución, reunió a investigadoras, profesoras, estudiantes universitarias y niñas vinculadas a círculos de interés en robótica y medio ambiente. Más que una conmemoración, el encuentro funcionó como plataforma de articulación entre generaciones.
Referentes que abren camino

En un país insular, la investigación marina es estratégica. La doctora Ida Mitrani Arenal, investigadora titular del Instituto de Meteorología y miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, compartió su experiencia en la oceanografía física, un campo históricamente complejo y con escasa presencia femenina en sus inicios.
Especialista en la interacción océano-atmósfera y en la dinámica del mar Caribe, ha dedicado décadas al estudio de procesos vinculados a inundaciones costeras y variabilidad climática. Con más de 145 publicaciones científicas y una amplia labor docente en la Universidad de La Habana, su trayectoria combina investigación aplicada y formación de nuevas generaciones.
Vocaciones que se construyen

Las historias de Liz Diana, María Claudia Argote y Massiel de la Fe Rivero confirman que la vocación científica no surge de un momento aislado, sino de procesos acumulativos: concursos académicos, docentes influyentes y experiencias tempranas en la universidad.
Liz Diana transitó de una vocación inicial por la Medicina hacia las Matemáticas, motivada por una profesora de Física en noveno grado. Participó en concursos desde la primaria y, ya en el preuniversitario, se incorporó a la Astronomía tras un curso impartido por profesores del planetario en 2023. Destaca la preparación intensiva y el trabajo en equipo, así como la presencia equilibrada —e incluso mayoritaria en algunas ediciones— de muchachas en estos espacios.
Para María Claudia Argote, la Física fue primero una elección académica. La confirmación llegó en una escuela de verano, cuando identificó su propio interés por la astronomía en el testimonio de otra estudiante. La práctica con equipos y el intercambio con profesores reforzaron su decisión, junto a la influencia de su madre, ingeniera en Automática.
Massiel de la Fe Rivero también señala como decisivos los concursos y la escuela de verano. Subraya la importancia de los referentes femeninos dentro de la facultad. “Ver profesoras e investigadoras liderando proyectos aporta confianza y desmonta estereotipos”.
Aunque aún define su proyección profesional, se visualiza vinculada a la investigación y la docencia. La exposición temprana y el acompañamiento docente resultan determinantes para sostener la elección científica.
Robótica y sostenibilidad desde edades tempranas
El encuentro compartió las experiencias del Taller de Robótica, impartido por la Dra. Leslie Mora Ávila, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, dirigido a niñas del Centro de Educación Ambiental.Las participantes integran un proyecto comunitario que desarrolla acciones de reforestación, creación de viveros y bancos de semillas, así como iniciativas de reciclaje.
A partir de esa experiencia nació “Reciclín”, un robot diseñado para clasificar residuos.El prototipo, construido con el sistema EV3, incorpora un microcontrolador programable, motores y un brazo mecánico que deposita los desechos en cestas diferenciadas por colores: rojo para vidrio, verde para papel y azul para plástico.
Más allá del ensamblaje técnico, el ejercicio promovió pensamiento lógico, creatividad y comprensión de los desafíos ambientales. Las niñas no solo programaron; diseñaron soluciones.

Brechas persistentes
La Dra. Nana Geraldine Cabo Bizet, profesora e investigadora de la Universidad de Guanajuato, México, abordó los desafíos que aún enfrenta la participación femenina en ciencia.
Las brechas, señaló, se manifiestan en dinámicas cotidianas dentro de espacios académicos: intervenciones ignoradas, ideas desvalorizadas o reconocidas solo cuando otro las repite. No siempre son confrontaciones abiertas; muchas veces operan de forma sutil.
A ello se suma el desafío de la conciliación. La carrera científica exige movilidad, productividad y competitividad internacional, factores que pueden entrar en tensión con responsabilidades de cuidado y expectativas sociales. No es un problema individual, sino estructural.
La inclusión femenina en la ciencia no depende únicamente del talento individual. Exige referentes visibles, experiencias tempranas, acompañamiento académico y transformaciones institucionales sostenidas. Sin esos elementos, la igualdad seguirá siendo aspiración; con ellos, se convierte en política científica.
