Imagen: Leonid Prado
Tras el doble sismo ocurrido en Venezuela, el pasado 24 de junio, comenzaron a circular en redes sociales informaciones que vaticinan, para las próximas semanas, supuestos terremotos en la fosa de Bartlett, el sur de la región oriental y el mar Caribe, generando desinformación y miedo en los usuarios cubanos.
De ahí que JT y la Agencia Cubana de Noticias activaran su servicio VerificaEmergencias para constatar o desmentir, desde la ciencia, los fundamentos de dichas afirmaciones.
Autoridades aclaran
Enrique Diego Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional de Cuba, del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), aclaró al respecto en su perfil de Facebook:
“Ninguna de estas alertas o alarmas de terremotos han sido emitidas por una institución científica que se dedique al estudio o investigación de la sismicidad de Cuba o el Caribe”.
Sobre los emisores advirtió que “ninguno de los que se dedican a estas alarmas son sismólogos, que yo conozca. No aparece ningún nombre de prestigio, con sus artículos publicados sobre pronóstico de terremotos”.
Además, Arango Arias señaló que “de conocerse un peligro inminente relacionado con la sismicidad, los primeros que informarían a la población serían el Cenais y la Defensa Civil Nacional”.
Tomando el post como punto de partida, JT consultó al jefe del Servicio Sismológico Nacional, para profundizar en el origen de estos fenómenos y si pueden tener consecuencias para el archipiélago cubano.
¿Los recientes terremotos y sus réplicas en Venezuela pueden guardar alguna relación geológica con otros ocurridos durante el mes de junio, incluso en continentes lejanos?
“Directamente no guardan ninguna relación, cada zona límite de placas o fallas de interior de placas, donde ocurre un terremoto fuerte, tiene un periodo de acumulación y liberación de tensiones propio.
“Puede darse el caso de que un terremoto fuerte, por las vibraciones que experimenta la Tierra, en zonas que ya estén a punto de liberar tensiones, se disparen. Siempre pongo el ejemplo de lo que sucede al sacudir una mata de frutas: se caen las que ya estaban maduras y se iban a caer tarde o temprano.
“Tenemos que dejar un campo de investigación abierto, por si hay otras causas internas o externas a nuestro planeta que provoquen la ocurrencia de varios terremotos moderados o fuertes, en un periodo corto”.
¿Los acontecidos en Venezuela pueden deberse a una causa humana, como el supuesto incremento de perforaciones petroleras, sumado a un “desgaste” acumulado por actividades extractivas?
“No, los terremotos en Venezuela ocurrieron en zonas de fallas conocidas, donde anteriormente se han registrado terremotos fuertes, fallas bien estudiadas por diferentes métodos, entre ellos de paleosismicidad, geodesia, geofísica, satélites, etc, situadas en una zona límite de placas, con una tasa de deformación acumulada, donde ya se esperaba un terremoto fuerte en cualquier momento por su periodo de retorno o recurrencia de unos cien años. Nada que ver con sismicidad inducida por la extracción de petróleo u otras causas”.
Dada la cercanía, ¿los sismos de Venezuela podrían sugerir científicamente una probabilidad de actividades telúricas en la isla?
“No debe de haber influencia directa, puesto que la placa de Norteamérica, donde está situada Cuba, no está en contacto con la placa del Caribe, si no con la microplaca de Gonave, que se encuentra al sur de Cuba”.
Informados y preparados: vivimos en zona sísmica
Aunque estas falsas noticias han provocado miedo sin fundamento científico, sí es preciso conocer que vivimos en una zona sísmica y, por ende, debemos estar preparados.
Si bien los terremotos no pueden prevenirse, es posible predecirlos a largo plazo en términos probabilísticos y determinísticos, tomando en cuenta los antecedentes y zonas de mayor actividad.
Se conoce que ocurren, principalmente, en el límite de placas, donde se acumula energía por un periodo determinado, proporcional a la magnitud del mismo, según explicó Arango Arias en reciente entrevista a otro medio de prensa.
La falla que se encuentra frente a Santiago de Cuba, por ejemplo, lleva acumulando energía desde 1932, fecha que se toma como referencia porque en ese año acaeció un terremoto de 8 grados de intensidad en la escala MSK, que impactó de forma notable a esa ciudad cubana.
Es precisamente la zona suroriental del país, próxima a la falla Oriente (que es un límite de placas), la de mayor peligro sísmico. La energía acumulada entre Guantánamo y Santiago de Cuba pudiera provocar un terremoto semejante al de 1932, con una magnitud de 6.75, aproximadamente.
No obstante, las redes de monitoreo mantienen una estricta vigilancia sobre ambos extremos de la Isla, dada la inusual actividad sísmica registrada hasta el 30 de junio, cuya principal muestra es el insólito terremoto de magnitud 6.2 que el pasado 8 de junio sacudió el occidente: una zona calificada históricamente como pasiva o de muy baja sismicidad.
Ahora bien, los daños y pérdidas que causa un terremoto dependen de las vulnerabilidades que presenten los territorios.
En ese sentido llama la atención el Dr. C. Fernando Guasch Hechavarría, sismólogo y especialista en Gestión de los Riesgos de Desastres y el Desarrollo Local Sostenible.
En texto que hizo llegar a la redacción de JT, señala que “el incremento del riesgo sísmico en la región del Caribe es una realidad y está generando escenarios potencialmente críticos de desastres”.
Dichos escenarios resultan críticos, en opinión de Guasch, porque “la no concepción del Desarrollo Informado por los Riesgos (GNDR), ha provocado que las políticas públicas vinculantes con la planificación física, el ordenamiento territorial y el uso del suelo no estén en correspondencia con los niveles de peligro estimados para nuestras ciudades de hoy y que el incremento de los factores de vulnerabilidades globales (medioambientales, de infraestructura física, económicos y sociales) determinen los elevados índices de riesgos de desastres sísmicos que exhiben hoy las Grandes Antillas”.
En conclusión: ante fake news alarmantes, es preciso consultar a las autoridades u organismos competentes (en el caso de los terremotos, el Cenais). Pero que sirvan, al menos, para motivarnos a repensar, una vez más, cómo disminuir nuestras vulnerabilidades ante fenómenos de naturaleza tan destructiva.
