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Una política para la ciencia cubana

Dr. Roberto Mulet
08 septiembre 2025 | 1 |

En los laboratorios universitarios y en los centros de investigación del país, cientos de jóvenes y profesionales sabemos o intuimos que el conocimiento es poder, y que sin la ciencia y la tecnología es imposible transformar al país. Pero también sabemos que sin una dirección clara, el esfuerzo individual no alcanza para cambiar el rumbo colectivo.

Por eso nuestro país necesita una política nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) que sirva como programa estratégico. Esta política debe ser antes que nada realista y para eso se necesita construirla desde la base: con la participación real de instituciones científicas, universidades, sectores económicos y, especialmente, los científicos que hacen ciencia hoy.

Esa construcción debe hacerse sobre ideas concretas que puedan ser evaluadas, criticadas y mejoradas o deshechadas. Pero también es importante que esa discusión adquiera transversalidad y para lograr eso es fundamental lograr la participación y el compromiso de varios ministerios y grupos empresariales.

Construir esta política parte, al menos, de reconocer las fortalezas que aún tenemos —un sistema educativo universal, el alto compromiso de nuestros investigadores, la tradición de hacer una ciencia socialmente útil— y nuestros desafíos: escasez de divisas, bloqueo, envejecimiento del equipamiento científico, descapitalización de muchos centros y una burocratización aplastante del aparato administrativo responsable de regular la actividad científica del país.

Pero, sobre todo, pienso que una política de Ciencia, Tecnología e Innovación debe partir de una realidad grande como el sol: que nuestras universidades y centros de investigación necesitan, aún más urgentemente que en 1960, de personal capacitado. Es un sector que viene siendo golpeado por la emigración desde los años 90, pero que durante la última década ha visto este fenómeno agravarse alarmantemente.

Hemos perdido escuelas de conocimiento enteras y casi todas están deterioradas si las comparamos con los finales del siglo XX. Por eso, se vuelve imprescindible, formar doctores con alto rigor científico, no simplificar los mecanismos para obtener un título. Igualmente es fundamental conseguir que estos aspiren a permanecer en nuestro país desarrollando su carrera científica. Si queremos lograr que los diferentes actores del sistema de CTI interactúen o se conecten, antes que nada, necesitamos actores.

Yo estoy convencido que una política de Ciencia Tecnología e Innovación debe dejar claro no solo en su espíritu, sino también en sus tesis y programa, al menos las siguientes cosas:

a) Que la física, la química, la biología molecular, las matemáticas y las ciencias de la computación son fundamentales para cualquier avance tecnológico. La innovación aplicada no surge de la nada: nace en los laboratorios de investigación básica. Además, la ciencia básica forma mentes críticas, creativas y rigurosas. Enseña a preguntar, a dudar, a experimentar. Es la mejor escuela de pensamiento científico, y ese pensamiento es el que necesitamos para transformar el país. Pretender que vamos a aplicar la ciencia, si no la hacemos es como pretender ganar un mundial sin entrenar.

b) Que las universidades no son solo formadoras de profesionales, sino que también tienen la responsabilidad, igual de prioritaria, de generar conocimiento estratégico para el país. En las universidades se hallan los espacios donde se investiga, se debate, se prueba y se falla —y de esos fracasos nacen los grandes descubrimientos. Pero para que esto ocurra, las universidades y los centros de investigación necesitan  políticas que valoren la carrera académica, que premien la calidad de la investigación y que permitan la movilidad científica sin perder el talento nacional. El problema no es contar con más doctores, sino generar nuevo conocimiento y aplicaciones de avanzada. La formación de doctores es el resultado natural de ese trabajo.

c) Que para retener el talento se necesitan condiciones dignas: salarios justos, reconocimiento, estabilidad y oportunidades de crecimiento. Este es un tema estratégico, la ciencia no la hacen consignas, ni políticas, ni discursos, ni leyes. La ciencia la hacen personas, personas altamente calificadas, algunas simplemente irremplazables. Sin ellas, solo queda el humo.

d) Que es fundamental construir alianzas entre las universidades y el sector empresarial. Pero este vínculo no puede ser una fuerza que reduzca la investigación, sino al contrario, un impulso para construir desde la misma soluciones prácticas de avanzada.

e) Que la educación científica no comienza y no termina en las universidades. Esta política debería seguir la premisa de Fidel, este debe ser un país de hombres de ciencias. Para eso debe entenderse que la educación científica no se reduce a carreras universitarias específicas. Se necesita que esta educación crezca desde los primeros niveles de enseñanza, permee todo el ámbito universitario y empresarial, pero también que sea capaz de acercarse a aquellos cubanos y aquellas cubanas que abandonaron la educación curricular.

En una política de CTI, esas, y otras cosas deben transformarse en metas concretas, preferiblemente  medibles. ¿Cómo aumentará el salario? ¿Cuántos doctores formaremos en los próximos años, en qué especialidades y cuántos lograremos retener en Cuba? ¿Cómo? ¿Cuánto de sus ingresos deben invertir las empresas de alta tecnología en CTI? ¿Cuánto invertirán las empresas que no son de alta tecnología?

También debe valorar nuevas concepciones estructurales que reduzcan burocracias, e intermediarios.  ¿Necesitamos, por ejemplo, al CITMA y al MES como instituciones separadas? ¿Necesitamos una empresa de transición tecnológica en todas las universidades? ¿Hasta cuando estará la Academia de Ciencias de Cuba adscrita a un Ministerio?

Yo no tengo una respuesta clara para todas estas preguntas, pero estoy convencido de que solo desde un diagnóstico y un diseño compartido puede surgir una hoja de ruta que nos permita, primero recuperar y después hacer crecer la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en nuestro país.


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Comentarios

    Angela Leon 09/09/2025

    Más claro, ni el agua, solo hace falta que los decisores no hagan oídos sordos como tantas veces