Consumo sustentable: lo que el ojo no ve

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
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19 Febrero 2022
| |
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Llega la noche e inmediatamente empezamos a encender las luces de la sala, el comedor y la cocina. Una necesidad cuasi primitiva de tener la casa totalmente iluminada, hace que derrochemos un recurso que, contrario a lo que pensamos, es obtenido de fuentes limitadas.

El empleo de la energía es tan común en nuestras vidas que solo reparamos en ella cuando nos falta. El cuerpo humano la extrae de los alimentos; los motores de los vehículos, de la gasolina o el diésel y el sistema eléctrico, del agua, el viento, el sol, el carbón o el petróleo.

Las viviendas la usan fundamentalmente en dos formas distintas: electricidad o combustible. Pero contrario a lo que nos han hecho pensar, un elevado consumo energético no es sinónimo de mayor bienestar. Podemos ser consumidores racionales y disfrutar igualmente del desarrollo tecnológico de estos tiempos.

Cuando encendemos el interruptor de la luz no pensamos que queremos consumir electricidad sino iluminar determinada habitación, buscamos el servicio que esta nos proporciona.

Conocer cuánto consumen los equipos que tenemos, incluso cuando están apagados y no desenchufados, sería un primer paso. Hay electrodomésticos que funcionan interiormente con corriente continua y disponen de una fuente de alimentación interior o exterior en forma de transformador o enchufe que permanece siempre encendida.

Fuente: tomado de la Mesa Redonda el 28 de diciembre de 2020

Una vivienda mínimamente equipada puede despilfarrar energía, aun estando deshabitada.

Ahí está el dilema

La sustitución, en los últimos años, de las bombillas tradicionales por luces Led ha contribuido a la reducción de la huella de carbono (volumen total de gases de efecto invernadero que producen las actividades económicas y cotidianas del ser humano). Sin embargo, la contaminación lumínica sigue siendo un problema difícil de controlar a nivel mundial.

En muchas grandes ciudades del mundo el exceso de luces en las avenidas o grandes letreros publicitarios convierte la noche en día. Situación que se agrava con la llegada de fechas señaladas, como la navidad.

Un artículo publicado en El Ágora: diario del agua señalaba que, “cuando se acerca la navidad, las urbes de medio mundo se engalanan con luces de todo tipo e, incluso, hay competiciones entre ciudades españolas por ver quién tiene la mejor iluminación.



 

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