El delirio de Erastótenes

Autor: 

Adrián Moya Hernández
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02 Octubre 2020
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Crédito de fotografía: 

tomada de Bicgstok.com

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Por Adrián Moya Hernández, estudiante de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana (mención en el concurso de divulgación científica “Físicamente hablando)

En pleno siglo XXI percibimos la sensación de vivir en la sociedad de la razón y de la virtud del saber. Hemos escapado de aquellos días oscuros en los que ser obrador de la intuición y del pensamiento crítico basados en la evidencia era mal reconocido, o mejor dicho, prohibido. Las interacciones humanas en la actualidad han sido revolucionadas por la Internet, y compartimos vivencias y experiencias a través de nuestras redes sociales como nunca antes. Una realidad que, si bien alienta el flujo de la información, no necesariamente alienta el flujo de la veracidad.

Por la web de estos días se anda diseminando el discurso de La Sociedad de la Tierra Plana (The Flat Earth Society), una organización que cuenta con más de 91 mil 600 seguidores en Twitter y otros 228 mil en Facebook, las plataformas de mayor impacto dentro del mundo digital. Esta sociedad, con sede en Estados Unidos, afirma exactamente lo que presume en su nombre: que la Tierra es plana y que todas aquellas pruebas presentadas por instituciones tan reconocidas como la NASA no son más que el producto de una conspiración para negarnos la realidad.

De seguro, en estos momentos se te acercan a la mente esas sensaciones que producen el ridículo ajeno, puesto que has aprendido en la escuela y das por hecho, desde hace mucho tiempo, que la Tierra es un esferoide, una esfera no tan perfecta pero redonda después de todo. Además, has visto infinidad de veces las imágenes tomadas desde el espacio que muestran la totalidad de nuestro planeta. Pero, y si no te hubieses aprendido en la escuela cuál es la forma de la Tierra, y si los astronautas aún no hubiesen despegado para vivir su experiencia de fotógrafos al extremo, ¿qué hubieses pensado tú? ¿Asumirías que la Tierra es plana?

Alrededor del siglo III a. C., en Egipto, vivió un hombre que vio la forma de la Tierra solo a través de su intuición, completamente exento de las facilidades que nos ofrece hoy, por ejemplo, una enciclopedia digital como Wikipedia para acceder a gran cantidad de información; sin embargo gestionó el principal templo erigido al conocimiento de su época: la biblioteca de Alejandría. El hombre de quien hablo es Eratóstenes de Alejandría, quien, juntando hechos registrados en los papiros de su biblioteca, dedujo que la Tierra era redonda como una esfera e incluso fue un poco más allá y determinó la longitud de su circunferencia.

Eratóstenes sabía que en Siena (hoy Asuán, Egipto), situada a 843 km al sur de Alejandría, durante el solsticio de verano, ningún edificio proyectaba sombras y los pozos se iluminaban hasta el fondo. Esto indicaba que el Sol se encontraba lo suficientemente alto en el cielo como para que sus rayos llegaran perpendicularmente al suelo. Sin embargo, en Alejandría no ocurría esto en la misma fecha, donde sí se proyectaban sombras.

Si asumimos que el Sol se encuentra lo suficientemente lejos como para considerar sus rayos como paralelos, no se producirían sombras en ninguna parte del mundo durante este evento en el caso de que la Tierra fuera plana, pues todos los rayos incidirían perpendicularmente a la superficie. Sin embargo, las evidencias son testarudas y afirman todo lo contrario: en Alejandría, a diferencia de Siena, sí se proyectaban sombras. Esto solo es posible si la Tierra fuera una esfera, de modo que Siena fuera el punto más iluminado en el instante del solsticio, y a medida que te alejas de allí, en cualquier dirección, tu sombra crecerá de ti para hacerse más grande y visible, como cuando estás justo debajo de una farola y te alejas de ella al caminar.

 

Ahora, si determinamos el ángulo que forman los rayos solares al incidir sobre un edificio situado en Siena, el cual se denota con una letra «a» en la figura, entonces podremos lograr el mérito de Eratóstenes: determinar la circunferencia de la Tierra.

Este ángulo mide 7,5° y es igual al ángulo formado entre Siena, el centro de la Tierra y Alejandría — como se representa en la figura — , debido a una geometría característica por la cual nombramos a estos ángulos como alternos entre paralelas. Estas rectas paralelas serían los rayos solares. Dicho ángulo representa 1/48 de los 360° que forman la circunferencia de la Tierra; o sea, que la distancia entre Siena y Alejandría también representa 1/48 de la circunferencia de la Tierra. Eso quiere decir que con solo multiplicar la distancia que vimos anteriormente (843 km) por 48 obtenemos una circunferencia de 40 464 km. Este resultado es considerablemente impresionante si tenemos en cuenta el valor obtenido actualmente usando mediciones por satélites, que indica una distancia de 40 008 km.

Eratóstenes realmente no fue tan preciso en su cálculo como el explicado aquí, debido a que desconocía el método que empleamos actualmente para la medición de ángulos, la trigonometría, y usó otras vías de menor exactitud para obtener sus mediciones. Por ejemplo: la determinación de la distancia de una ciudad a otra se realizó mediante el conteo de pasos por un regimiento de soldados; y no sabemos realmente cual fue la referencia para su unidad de medición: el estadio. Sin embargo, la lógica de su pensamiento es válida y muestra resultados contundentes.

¿Cómo es posible que a más de dos mil años de este sorprendente trabajo existan personas afirmando que la Tierra es plana? Es realmente desconcertante que se ignoren esta y otras tantas evidencias, y que se difunda información sobre la base de argumentos insostenibles. En ningún momento afirmamos que debas creer a ciegas en lo anteriormente expuesto, sino que contrastes los hechos y te valgas de tus propias habilidades para poner a prueba cada una de las afirmaciones que se hacen.

En estos días que hemos estado viviendo es realmente peligroso que aún existan personas que nieguen los resultados que ha logrado la ciencia para beneficio de la humanidad. Y no hablo de personas que por cuya condición social hayan sido imposibilitados de su derecho a la educación, sino de aquellos que, con plenos grados académicos otorgados, responsables a veces de importantes cargos, incluso jefes de estado, sean capaces de negar hechos tantas veces probados por la ciencia como el cambio climático, la forma de la Tierra y hasta la efectividad de la vacunación.

En parte es consecuencia del estereotipo de científico loco que hemos construido, con cualidades arrogantes y alarmistas, completamente ajeno a la realidad y encerrado en sus teorías. Creo que es tiempo de hacer de la ciencia una parte de nuestra cultura individual e integrarla en nuestro día a día para no perdernos en este largo camino que representa la búsqueda de la verdad.

 

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