Dengue: En la tierra de nadie y de todos

Autor: 

Toni Pradas
|
12 Agosto 2022
| |
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tomada de temas.sld.cu

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En honor a la verdad, el mes de agosto no ha empezado feliz, si de salud pública se trata. Una persistente ola de covid-19 sigue entre los cubanos, luego de darse un subidón estadístico de infecciones durante los últimos días de julio. Al cierre de ese mes, la cifra había aumentado en 199,6 por ciento respecto al mes de junio, y el promedio diario se había elevado a 68,3 casos por día. Si bien es poco, comparado con los peores momentos de la epidemia, en aquel mes fueron 22,2 infectados por día.

Por si fuera poco, un peligro inminente de contaminación sobrevuela los cielos occidentales cubanos, debido a una oscura trenza de humo que emana por la combustión de combustibles a consecuencia de un severo rayo que provocó el incendio de uno de los depósitos más grandes –luego, extendido el fuego a otros tres tanques– que posee el país en Matanzas.

Sin embargo, por la expansión geográfica que va tendiendo el virus hoy (al menos 23 municipios de 11 provincias) y el aumento de riesgo epidémico que significa para el bienestar de las personas y la eficiencia de los sistemas de atención médica, quizás sea la enfermedad del dengue la vulnerabilidad más importante hoy y por la que las autoridades sanitarias tienen las mentes ocupadas y calenturientas.

En las últimas semanas, el virus del dengue ha incrementado la cantidad de casos en el país y su expansión territorial por la inmensa mayoría de las provincias cubanas. (Foto: tomada de Dominio común)

A comienzos de 2020, el doctor Francisco Durán García, director Nacional de Epidemiología, se lamentaba ante este redactor por que el año previo se había logrado poner a raya la infección por dengue, mas la buena noticia fue opacada por la llegada pandémica del virus SARS-CoV-2, el provocador del peor contagio que haya conocido este país y el mundo.

Recientemente, ante el galopante incremento de casos de dengue este año (en la tercera semana de julio se detectaron 4776 casos reactivos del patógeno, más que los 3036 registrados en todo el primer semestre), el propio ministro de Salud, doctor José Ángel Portal Miranda, llamó a todos los territorios de país a estar alertas, pues agosto es un mes “de vacaciones, de lluvias, de calor intenso; lo que hace que sea bien compleja la situación para el control vectorial”.

De momento, las acciones para erradicar los focos de reproducción del mosquito hematófago Aedes aegypti –considerado entre las especies invasoras más peligrosas del mundo por transmitir varias enfermedades– no han tenido los resultados esperados, a pesar de emplearse cuantiosos recursos humanos y materiales con ese fin.

Sabido es que parte de la población, e incluso muchos activistas de la lucha antivectorial, no prestan todo el debido celo a la desinfección de locales abandonados, solares yermos, túneles, refugios o tanques elevados, que son algunos de los focos generadores de mayor peligro por estar ubicados en “la tierra de nadie”. Eso, sin contar que no se ha podido mantener estable el suministro de abate, insecticidas y diésel.

De momento, las acciones para erradicar los focos de reproducción del mosquito Aedes aegypti no han tenido los resultados esperados, a pesar de emplearse cuantiosos recursos humanos y materiales con ese fin. (Foto: Prensa Latina)

Si se suma a estos inconvenientes la precaria existencia de todos los medicamentos necesarios para revertir la gravedad o evitar la letalidad de la enfermedad (por fortuna, en su estado leve es relativamente fácil su atención), puede convertirse en un calvario mantener los niveles deseados de salud pública.

Mientras, el dengue tiene reservado ya un lugar entre las diez enfermedades de mayor importancia a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud

En cualquier caso, lo más complejo, según parece, es alcanzar la adecuada percepción del riesgo y la autorresponsabilidad ante el dilema del dengue, bien sea por una incompleta información sobre qué es lo que se enfrenta, o incluso por cierta desorganización que aún persiste en los servicios de salud y crea desconfianza en la comunidad, puesto que en muchos casos no han podido evitar aglomeraciones en policlínicos y hospitales, así como asumir con eficacia el saneamiento ambiental.

Si estas dos ruedas no se mancuernan, flacos resultados deben esperarse para erradicar el mayor peligro sanitario que cada año se postula en la historia contemporánea del más.

De fantasmas y corona-dengues

El dengue, se puede acuñar de mala gana, es como una cruz que carga esta nación año tras año, aun cuando es una enfermedad que apenas logra encajar una plena titularidad de endemismo.

A la vez, es imposible echarla a un lado de golpe: está presente en todas las regiones de clima tropical del planeta y últimamente en regiones de clima templado con veranos cálidos y húmedos, de manera que no es difícil que el flavivirus (este es el género del microorganismo) se traslade con relativa facilidad en la sangre infectada de los viajeros internacionales.

De momento, solo es efectivo el control con la eliminación de los mosquitos (para ser puntillosos, la hembra del mosquito, que es la transmisora), aunque el mundo ya está trabajando en una vacuna certera contra el dengue, así como en la medicación dirigida directamente al virus. Algunos investigadores, por su lado, están empeñados en conseguir un control de esterilidad genética de la plaga, una propuesta esperanzadora y a la vez aterradora, si se tiene en cuenta los posibles conflictos de equilibrio ecológico que pudieran provocarse y que el método debe sortear.

Si bien en la antigua China ya se había referenciado, sí está documentado que el dengue se expandió desde África entre los siglos XV y XIX, gracias al desarrollo de la marina mercante y la creciente migración de personas. De esta manera llegó a Las Américas. Sin embargo, el hemisferio occidental no conoció una gran epidemia hasta 1981, cuando se reportó, precisamente en Cuba, un morbo que tabuló más de 344 mil casos y 158 muertes.

Con la gran epidemia de 1981, que según estudios y confesiones de terroristas fue fruto de la guerra bacteriológica de Estados Unidos, comenzó la agonía del dengue en Cuba, enfermedad que eventualmente reaparece luego de eficazmente ser casi erradicada. (Foto: Jorge Valiente / Granma)

En consecuencia, surgió entonces en la Isla el internacionalmente aplaudido programa de control masivo nacional (con brigadas de inspectores y fumigadores que popular y paradójicamente se les llama “los mosquitos”), que incluyó un sistema de vigilancia y una red de laboratorios de diagnóstico bien establecidos.

Vale recordar que durante muchos años se mantuvo la enfermedad a raya con estos esfuerzos y hasta casi se eliminó el vector de la Isla. La mayoría del país se declaró libre del mosquito, con la excepción de la capital, La Habana (fundamentalmente por su gran tamaño y heterogeneidad), y las ciudades de Santiago de Cuba y Guantánamo (por la necesidad de estas de acumular agua debido al suministro intermitente del líquido por causas climáticas). Luego de aquella gran epidemia, se han detectado en todo el territorio nacional algunos casos importados cada año, pero durante muchos otros no se notificó ningún paciente por transmisión autóctona del dengue.

De cualquier manera, los niveles de infestación por mosquitos en los últimos lustros han sido muy elevados. De hecho, 2022 es, entre los últimos quince años, el que ha aportado más focos de vectores de esta enfermedad con nombre de origen todavía indeterminado (se cree que procede del suajili ka-dinga pepo, “provocada por un fantasma”, o dinga, también suajili; incluso del castellano dengue, término para “fastidioso”, por el típico dolor de huesos).

Detectar prontamente la existencia del virus en el cuerpo sigue siendo una clave importante para su cura. En estos momentos, sin embargo, resulta un ejercicio muy complejo para los médicos, en tanto muchos de los síntomas de dengue (que, sépase, también puede ser asintomático) son también propios de la covid-19.

Es por ello que el ojo del laboratorio adquiere mayor importancia, y para despejar bien las sospechas se recomienda realizar un test RT-PCR (hisopado) para la covid-19 y una prueba de antigenemia y serologías para el dengue. Estos, aunque se quiera, no están en abundancia como para ordenar su aplicación con un chasquido de dedos.

Las dos enfermedades pueden compartir síntomas en las primeras etapas, como son el cuadro febril, el dolor de cabeza, las dolencias musculares, el decaimiento o malestar general (astemia), las náuseas y los vómitos. Ambos sufrimientos pueden traer, además, implicaciones gastrointestinales. Lo importante, por supuesto, es hacer siempre el control lo antes posible, y tener en cuenta que tales indicios también son característicos de muchos otros procesos de origen infeccioso.

Como se ha publicado en diversos medios, la fiebre es el síntoma más común del dengue, acompañado de molestias y dolores en los ojos (generalmente detrás de los globos oculares), y los otros antes mencionados. También un sarpullido, eflorescencia o rash. Estos malestares suelen durar entre dos y siete días, pero la enfermedad se puede manifestar entre tres y 14 jornadas después de la exposición a un mosquito infectado.

Los síntomas provocados por coronavirus, por su parte, incluyen fiebre o escalofríos, tos, dificultad para respirar, fatiga, dolor de cuerpo o en los músculos, así como de cabeza, garganta, pérdida del gusto o del olfato, congestión nasal o moqueo, náuseas o vómitos y diarrea.

La principal diferencia entre ambas enfermedades, pues, es que el dengue no afecta las vías respiratorias superiores. Por lo tanto, no se suele observar congestión nasal o moqueo, o falta de olfato y gusto.

Todo puede complicarse –siempre hay un pero– si pacientes con covid-19 dan falsos positivos para dengue, algo posible por la sola observación de los síntomas. En cambio, puede ser más controversial si ambas enfermedades coinciden en un paciente a la vez.

Del llamado “corona-dengue” es poco lo que se conoce por el momento, pero se han reportados pocos casos en el mundo y con evolución satisfactoria. Las consecuencias para la salud dependerán, por supuesto, de la respuesta inmunológica del paciente ante dos enfermedades virales: una que afecta principalmente el sistema, y otra más bien a nivel general.

En busca de la inmunidad

Cuatro variedades del arbovirus –mnemotecnia para definir a los virus transmitidos por artrópodos– del dengue (DENGV 1, 2, 3, 4) provocan la enfermedad con diversas gravedades en el padecimiento. La buena nueva es que, en general, cada una consigue provocar en el ser humano la inmunidad contra el serotipo correspondiente, pero, eso sí, no protege contra las demás variedades.

Se pueden dar casos de reinfecciones con los diferentes serotipos y dependiendo de la secuencia del virus involucrado, la frecuencia y las condiciones al momento de la reinfección, el dengue puede presentarse con síntomas hemorrágicos graves que, de no ser tratados adecuadamente, pueden llevar a la muerte.

Las autoridades sanitarias insisten en recomendar acudir rápidamente al médico en caso de ser visible los síntomas del dengue para un emprender un tratamiento oportuno y descartar otras enfermedades que comparten parecidos indicadores. (Foto: Infomed)

No existe un tratamiento específico para el dengue, mas en todos los casos se recomienda el consumo de abundante líquido y determinados medicamentos para paliar los síntomas. En los pacientes que sufren un shock durante su enfermedad, pueden llegar a emplearse a utilizar líquidos intravenosos y terapia de oxígeno. En cualquier circunstancia, es el médico la única autoridad calificada para su empleo.

De momento, decíamos, las personas solo logran inmunidad total ante el dengue si se infectan con sus cuatro serotipos. Es por ello que la ciencia está abocada hace décadas en la búsqueda de alguna vacuna satisfactoria para una, varias o todas las variantes del virus en conjunto.

Tal como aseveró el presidente de BioCubaFarma, doctor Eduardo Martínez Díaz, La industria biotecnológica y farmacéutica del país también trabaja desde hace tiempo en el desarrollo de proyectos de vacunas, medios de diagnóstico y medicamentos para combatir el dengue. El reciente pedido del presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, para encontrar un fármaco preventivo autóctono, ha acelerado el desarrollo de varios proyectos para enfrentar el impacto del dengue en la población.

En busca de más rapidez en el diagnóstico, el Centro de Inmunoensayo está trabajando en nuevos sistemas basados en la tecnología SUMA (Sistema Ultra Micro Analítico). Por su parte, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) y el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), están inmerso en proyectos de investigación relacionados con vacunas y antivirales.

Según Martínez Díaz, la industria nacional cuenta con trabajos basados en bioinformática, que se han centrado en estudiar la interacción del virus con su receptor. A partir de esos conocimientos, dijo, se están diseñando moléculas que tengan un efecto antiviral específico contra el dengue; que eviten, por ejemplo, la entrada del virus a la célula.

Mientras tanto, adquiere mayor importancia mantener la vigilancia que se iniciara varias décadas atrás, en el orden clínico, epidemiológico, entomológico y de laboratorio. También la vigilancia molecular y virológica, para identificar el tipo de patógeno a través de una prueba de PCR que se realiza en el IPK, como centro de referencia, y en los laboratorios de Higiene, Microbiología y Epidemiología de las provincias de La Habana, Villa Clara y Santiago de Cuba.

Es posible la infección simultánea por dengue y covid-19, conocida mediáticamente como coronadengue. Sin embargo, no se trata de una nueva enfermedad ni se ha reportado hasta el momento como altamente peligrosa. (Foto: www.pulzo.com)

Las autoridades sanitarias, por su parte, siguen insistiendo a la población conocer los síntomas y signos de alarma que preceden al estado crítico de la enfermedad, así como acudir de inmediato a los servicios de salud para evitar que este peligroso virus pueda cobrarse vidas sin hacérsele resistencia médica.

Dicho en otras palabras, se impone ahora jerarquizar la prevención y control, y a la par elevar los niveles de percepción del riesgo de la población, responsable, en primera instancia, de su propia salud y la de todos los ciudadanos del país.

 

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