El efecto Universidad de Google

Autor: 

Steven Novella
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14 Abril 2015
| |
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Me sigue fascinando el experimento social que hemos estado viviendo durante la última década (y puedo decir que si usted está leyendo esto, también es parte del experimento).  Internet y las redes sociales han cambiado la forma en que accedemos a la información y nos comunicamos. Los sistemas verticalistas tradicionales de difusión de información y opiniones han sido socavados,  y están siendo reemplazados por un modelo caótico de jerarquía inversa.

Todavía estamos apenas descubriendo las consecuencias de tales cambios, tanto las intencionales como las que no lo son. Un efecto causal que ha sido observado es que muchas personas piensan que han adquirido una experticia  que en realidad no poseen, simplemente por  haber “investigado” en Internet. El acceso libre a la información es magnífico, pero no se está educando al público sobre cómo usar esa información para maximizar los beneficios y evitar los errores más comunes. Las escuelas se han quedado rezagadas a la hora de enseñar a sus alumnos a utilizar la información a la que acceden en Internet. La mayoría de los adultos concluyeron su educación escolar antes de esta ola de redes sociales.

El resultado es el “Efecto Jenny McCarthy”, una celebridad que siente que puede sustituir la opinión consensuada de expertos por la suya propia en el tema de la seguridad y eficacia de las vacunas solo porque ella “hizo su propia investigación”. Es un ejemplo obvio de cómo, buscando información en Internet, alguien puede desarrollar una confianza equivocada en una opinión no científica, lo cual ilustra el hecho de que confiar en la “Universidad de Google” puede ser tremendamente desorientador.

En esto influyen algunas trampas específicas. La primera de ellas es el resultado de una serie de experimentos publicados recientemente por Matthew Fisher, un doctorante de Psicología Cognitiva en la Universidad de Yale. Específicamente, el investigador analizó el efecto que tienen las búsquedas en Internet sobre la confianza de las personas en la solidez de sus conocimientos de un tema. Por supuesto, es obvio que buscar y leer información sobre determinada cuestión aumentarán nuestra confianza en lo que sabemos sobre esta. Pero Fisher trató de controlar tantas variables como fuera posible, intentando discernir si era solo un efecto de buscar, independientemente de cuánto hubiera aumentado el conocimiento real.

El resultado mostró que la confianza en los conocimientos aumenta más cuando se busca que cuando el mismo conocimiento se ofrece directamente, aumenta más cuando se lee el mismo material on-line que cuando se presenta impreso y aun cuando el tópico no tenga información relevante on-line o las búsquedas sean filtradas. En resumen al acto de buscar en Internet por sí mismo, aumenta la confianza del individuo en sus conocimientos independientemente de la validez de la información adquirida.

Estos experimentos son complicados en su diseño y necesitarían ser replicados por otros investigadores abordando diferentes ángulos, pero de momento sí parecen indicar que tener acceso a un vasto repositorio de conocimientos que uno pueda filtrar por sí mismo eleva la autoconfianza en los conocimientos propios, sin depender de la relevancia de la información misma.

Hay otros efectos que también podrían estar influyendo, el principal entre ellos es el llamado sesgo confirmatorio. La búsqueda en línea ofrece una información copiosa de la cual podemos seleccionar (aun cuando se hace inconscientemente) aquella que confirma lo que ya creemos, o queremos creer, sobre un tema. Si hace una búsqueda en Internet sobre las vacunas podrá encontrar abundante información a favor de su eficacia y seguridad, y un volumen igualmente caudaloso de vilipendios contra ellas. Escoja cualquier tema controversial y obtendrá el mismo resultado.

El sesgo confirmatorio es poderoso y perjudicial porque crea la ilusión de que los datos respaldan nuestras creencias, dado que no nos percatamos de cuánto hemos filtrado y sesgado la información. El Internet es un terreno ideal para este sesgo.

La versión extrema de este fenómeno es lo que se ha llamado “cámaras de resonancia” (echochambers). El filtrado de la información se formaliza en comunidades virtuales cuando solo se expresa y comparte una perspectiva, mientras las opuestas son eliminadas. Este es un efecto muy extendido y lo encontramos tanto en sitios científicos y escépticos como en sitios pseudocientíficos.

Otro problema potencial es confundir conocimiento con experticia. Este es, con frecuencia, el origen de ciertos fanáticos -individuos que pueden ser muy listos y manejar un volumen importante de información fáctica pero que llegan a conclusiones absurdas en las que depositan toda su confianza. Otro problema con estos fanáticos es que rara vez se involucran con la comunidad intelectual relevante.

Relacionarse con la comunidad es extremadamente importante, especialmente cuando se trata de áreas del conocimiento complejas y muy técnicas. Para cualquier persona puede resultar muy difícil ver un problema complejo desde todos los ángulos y considerar cada perspectiva posible. Si nos aislamos tenderemos a construir una historia conveniente para esa realidad y a creer en ella con más fuerza cada vez. Compartir con la comunidad nos confrontará con quienes cuestionan nuestra interpretación y nos guiará a una comprensión más profunda del tema. Esa es la esencia de la verdadera experticia.

Estudiar un tema haciendo búsquedas en Internet exclusivamente puede resultar una fábrica de fanáticos - ofreciendo conocimientos fácticos, pero sin involucrarse realmente con las ideas. La “cámara de resonancia” puede aportar la ilusión de una comunicación, que solo se establece, sin embargo, con una comunidad sesgada y sin contradicciones. El resultado pueden ser personas que piensan que conocen suficientemente fenómenos que ni siquiera entienden. Hay un océano entre el conocimiento obtenido en la Universidad de Google y la comprensión profunda que los verdaderos expertos tienen de los fenómenos.

Conclusiones

El Internet puede estar creando un ejército de pseudoexpertos hiperconfiados. Algunos consejos pueden ayudarnos a no ser uno de ellos:

  • Sea humilde. No piense que saber un poco le convierte en un experto. Respete la opinión de los verdaderos especialistas. Puede que no esté de acuerdo con ellos, pero al menos tome en serio sus opiniones.

  • Comprenda las ventajas inherentes al consenso de expertos sobre la opinión de una persona.

  • Cuando haga una búsqueda en Internet, desvíese de su ruta habitual y trate de conseguir información que vaya en contra de sus creencias o conclusiones actuales.  Trate de entender qué plantean las diferentes posiciones y resérvese su juicio personal hasta que haya comprendido a todas las partes.

  • Esté consciente de que el Internet es una herramienta ideal para el sesgo confirmatorio. Google puede sesgar los resultados de su búsqueda. Inhabilite esa opción.

  • No olvide que, además del sesgo confirmatorio, existen sesgos organizados en Internet- cámaras de resonancia, campañas intencionadas e información ideológica tergiversada deliberadamente. Esté alerta ante las informaciones falsas y examine cada fuente con cuidado hasta asegurarse de que sea confiable.

  • Y como siempre, no hay nada que pueda sustituir a una buena dosis de escepticismo y pensamiento crítico.

Traducción libre de J. Bergado

Tomado del blog NeuroLogica

 

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