Einstein: el hombre, a cien años de su Novel de Física

Autor: 

Ernesto Lahens Soto
|
10 Diciembre 2021
| |
1 Comentario

Crédito de fotografía: 

Pedro Rodríguez Trujillo

Me gusta: 

En diciembre de 1921 una noticia recorría el mundo: una de las más grandes estrellas del momento era galardonado con el Premio Nobel de Física. Se trataba de Albert Einstein.

No tocaba jazz en un renombrado club de Nueva York, no actuaba en las grandes superproducciones de Hollywood ni había ganado una medalla olímpica o roto el récord de jonrones en las grandes ligas.

¿Cómo un hombre de ciencias logró poner sobre sí los reflectores que lo equiparaban con Charles Chaplin, Johnny Weissmüller, Carlos Gardel o Babe Ruth?

Albert Einstein nació en el seno de una familia judía en la ciudad alemana de Ulm. Su madre, una apasionada melómana, trasmitió a su hijo el amor por la música, la perseverancia y la paciencia en los estudios. De su padre, Albert heredaría una gran amabilidad y generosidad, valores que se contraponen con el estereotipo judío de personas avaras.

Niño introvertido, aprendió a leer a los cuatro años, solo uno después de haber comenzado a hablar. Si bien sus padres pensaron que esto se debía a un retardo en el aprendizaje, la condición del joven Albert era solo un reflejo de su personalidad. En su infancia temprana rechazaba la compañía de niños, prefiriendo la de adultos; solo su hermana Maya podía perturbar su soledad reflexiva.

Cursó estudios primarios una escuela católica de la ciudad de Múnich, a la que se había mudado su familia al poco tiempo de él nacer, debido a asuntos de negocio. La familia Einstein era judía no ortodoxa y profesaba una fe y un pensamiento liberal, por lo que el pequeño Albert se relacionó con católicos, protestantes y agnósticos; esto fomentaría su futuro pensamiento inquisitivo, su liberalismo político y su panteísmo religioso.

En 1884 la familia sufrió un revés económico por lo que tuvieron que vender la amplia casa con jardín y mudarse a un departamento. El pequeño Albert sufrió mucho esto y entró en un fuerte estado depresivo, del cual solo saldría apoyado por los tres grandes amores de su vida: el violín, el álgebra enseñada por su tío Jakob y la Física, descubierta esta última en los libros de Aaron Bernstein.

Con tan solo nueve años entró al instituto de enseñanza secundaria con 24 meses de adelanto. A partir de ese momento brillaría mucho más que sus compañeros de clases. Pero destacarse no siempre es algo bueno, más en sistemas de enseñanzas tan dogmáticos y militarizados como los de la Alemania de la época.

Con solo tres lustros, cursando el bachillerato, tuvo un fuerte choque con el profesor Joseph Degenhart, veterano de la guerra Franco-Prusiana. El exoficial de caballería le dijo al joven Einstein que nunca llegaría a nada en la vida, luego de que este lo rectificara en clases: “tu sola presencia aquí mina el respeto que me debe la clase”.

En su vejez era común que fuera fotografiado sonriendo (Foto: As)

A partir de ese momento y hasta la entrada a la Universidad, su tío se encargaría de la educación del joven genio, fomentando el estudio de física, química, matemáticas, economía, mecánica y experimentos tecnológicos.

El mismo año en que comenzó a estudiar desde su casa, la compañía familiar sufrió un nuevo revés y se tuvieron que trasladar a la ciudad italiana de Pavía, en la región de Lombardía. Esto permitió que Albert y Jakob mantuvieran en secreto el abandono del centro docente. Su tío y mayor confidente consiguió un certificado médico por agotamiento, que le permitió presentarse a los exámenes sin represalias y obtener su título de bachiller, el cual solo respaldaba las asignaturas de ciencias.

Esto le trajo problemas cuando intentó matricular en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, teniendo que realizar exámenes de ingreso. Si bien suspendió las asignaturas de lenguas y filosofía, los profesores decidieron darle la oportunidad de ingresar a la universidad si recibía un curso preparatorio, gracias a sus calificaciones perfectas en ciencias.


Lea también


En la universidad cursó las carreras de Física y Filosofía; siempre que veía un obstáculo se sobreponía: en lugar de rehuir de la ciencia de Sócrates, decidió dominarla.

En sus años como universitario Albert rompió su capullo introvertido y se transformó en una persona muy sociable. Entre las nuevas amistades que logró se encontraba el revolucionario austriaco Friedrich Adler, con quien se adentró a las ideas socialistas y de lucha por los derechos del movimiento obrero.

Einstein no fue comunista y no compartía la idea de una revolución que derrocara el sistema capitalista, pero sí estaba a favor de una mejora en las condiciones de vida de los trabajadores y en la igualdad de derechos y oportunidades.

Tras unos meses en la universidad su vida cambiaría para siempre luego de conocer a dos personas fundamentales. Uno fue el futuro ingeniero Michele Besso, quien sería por siempre su mejor amigo. La otra fue su gran amor y compañera de investigación, la matemática serbia Mileva Marić.

Mileva deslumbró al joven Albert. Ella era cuatro años mayor que él, una ferviente defensora del feminismo y del poliamor. Estas condicionantes hicieron que la familia Einstein no viera con buenos ojos la relación, de la que nacerían tres hijos, la primera de ellas envuelta en misterio, por haber venido al mundo antes del matrimonio.


Lea también

 

La pequeña niña desaparece de cualquier registro poco después de nacer y la pareja nunca más habló de ella. Las hipótesis plantean que pudo ser adoptada por otra familia, criada por la madre de Mileva o que murió siendo bebé. En una carta a su familia Albert dijo de su esposa: “una persona que es mi igual y tan fuerte e independiente como yo”.

En 1904 la pareja tuvo a su segundo hijo, el futuro ingeniero Hans Albert Einstein, quien en las décadas de 1950 y 1960 desarrollaría importantes obras hidráulicas en los Estados Unidos.

Tras el nacimiento de su segundo vástago consiguió trabajo en la oficina de patentes de Zúrich, empleo que le dio la libertad económica de dedicarse a teorizar sobre la Física.

Un año más tarde publicó la Teoría de la relatividad especial. En esta plantea que cualquier experimento realizado en un sistema inercial se desarrolla de manera idéntica en cualquier otro sistema inercial, siendo especial esta ya que solo se aplica en el caso particular en el que la curvatura espacio-tiempo producida por acción de la gravedad sea nula.

La amistad entre Albert Einstein y Marie Curie es una de las más conocidas del siglo XX (Foto: archive.kpcc.org)

Una década más tarde formularía la teoría de la relatividad general, eliminando las contradicciones con la teoría de la gravitación de Newton, revolucionando así la Física. Newton había demostrado que el espacio es relativo, ahora Einstein también demostraba que el tiempo lo era. En estos años, y tras el nacimiento de su tercer hijo, la relación se deterioró y la distancia indujo que todo culminara en divorcio.

Einstein era un físico desconocido que publicaba libros que la comunidad científica consideraba erróneos. El trabajo en la oficina de patentes le daba buenos ingresos, pero lejos de sus hijos, la Física y el violín era lo único que lo mantenía a flote emocionalmente.

En 1919 su suerte cambiaría y saltó a la fama internacional como una de las grandes estrellas mundiales. Unos astrónomos de la universidad de Oxford observaron un eclipse solar apreciando la curvatura de la luz.

Los titulares no se hicieron esperar: todos los periódicos llevaban su nombre: la teoría de Einstein era cierta. Curiosamente se le dio el Premio Nobel de Física, pero no directamente por este descubrimiento, sino por sus aportaciones a la física teórica y a las explicaciones del efecto fotoeléctrico.

A partir de ese momento Einstein pasó a ser el Einstein que hoy conocemos. Un hombre famoso rodeado de admiradores de la alta sociedad: simpatizante de las sociedades de bienestar y del gobierno de Franklin D. Roosevelt.

También una estrella invitada a las alfombras rojas. Un tipo simpático y fotogénico, opuesto a todos los totalitarismos. El hombre al que le gustaba manejar automóviles y correrlos, que saltaba los escalones de dos en dos y corría por miedo a que el tiempo no le alcanzara.

Famosas son también sus amistades: Marie Curie, junto a él, la mayor genio científica del siglo XX; Charles Chaplin, con quien compartió las alfombras rojas de Hollywood; o el físico español Blas Cabrera, quien lo escoltaría a recorrer el mundo y ciudades como La Habana, en diciembre de 1930.

En el amor la vida no estaba tan ordenada. Se había casado con su prima Elsa Einstein en 1919, pero el matrimonio era más una compañía que una pareja real. Albert vivía efímeras relaciones con mujeres a las que obsequiaba libros, que, según él, siempre apreciarían y nunca se atreverían a destruir.

(Foto: American Impress)

Sus fotos y declaraciones eran tesoro codiciado por la prensa; ya no se le preguntaba solo de Física, era un gran gurú de todo el conocimiento. Se sentía orgullosamente judío, si bien negaba el hecho de que fueran el pueblo elegido por dios, quien para él no difería de la definición de Baruch Spinoza:

“Creo en el dios de Spinoza, que es idéntico al orden matemático del universo”, dijo.

Cuando por su cumpleaños 72, el fotógrafo Arthur Sasse le pidió que posara serio, pues ya existían muchas fotos suyas sonriendo. Einstein sacó la lengua. Esta imagen es asociada con el genio loco en la cultura popular, estigma alejado de la realidad.

Su pelo encrespado, herencia judía, era muy difícil de peinar, por lo que decidía no perder tiempo en ello. La ropa de lujo no le interesaba, por lo que solía vestirse de forma similar en muchas ocasiones, para no perder tiempo escogiendo ajuar. La imagen despreocupada no era un signo de locura, sino de la cordura de alguien que sabía darle importancia a lo que realmente lo ameritaba.

 

1 Comentario

Comentarios

Añadir nuevo comentario