Facultad de Física: el retorno a casa

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
|
20 Julio 2020
| |
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Crédito de fotografía: 

Alba León Infante

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Ya los físicos pueden regresar a su casa a tiempo completo, después de 14 años de peregrinaje por las áreas de la Universidad de La Habana, a la espera de que las obras constructivas en su Facultad terminaran. A pesar de años de excusas por múltiples ineficiencias constructivas, ellos, pacientes in extremis, daban lo mejor de sí a sus alumnos.

El edificio donde radica la Facultad de Física en la UH reabrió la última de las plantas reparadas (el primer piso) y la de mayor importancia por contener los laboratorios de investigación.

La Dra. Aimé Peláiz Barranco, actual decana de la facultad, dijo “durante el largo periodo fuera de estos muros, la labor fue intensa para mantener la calidad tradicional de nuestra docencia e investigación, participando además, en el seguimiento continuo del desarrollo de la obra que considerábamos parte de cada uno de nosotros.

“Aunque impartidas en los lugares más insólitos e improvisados, ningún estudiante dejó de recibir ni una hora de clase ni una asignatura del plan de estudio previsto en todos esos años.

“Hoy recibimos la planta baja, la última parte de la obra civil donde han radicado y continuarán los laboratorios de investigación”.

Sin embargo, la decana subrayó que “si bien regresamos a locales remodelados y reestructurados, el desarrollo de las investigaciones requiere de un poco más, pues no contamos con el equipamiento básico para ello.

“Los equipos que tenemos son muy antiguos y algunos han perdido su funcionalidad debido a los años”.

No obstante, reconoce que sus “líderes científicos evalúan y enfrentan diversas estrategias para mejorar las condiciones y llevar a cabo nuevos proyectos encaminados a acercarnos más a la solución de problemas del país desde la ciencia y la tecnología”, cuestiones estrechamente relacionadas con la necesidad de disponer del financiamiento para equipos que hoy son básicos para cualquier universidad.

Por su parte, el Dr. Osvaldo de Melo Pereira, decano de la facultad en el periodo 2001–2006 recuerda que fue en esa época cuando el edificio comenzó a dar señales de deterioro lo que “promovió la clausura paulatina de locales por peligro de accidente”.

Con el paso del tiempo, el cierre del resto de los salones fue incrementándose hasta que “solo quedaron unas cuantas aulas para dar clases mientras los laboratorios del tercer piso comenzaban a verse afectados.

“Casi todos los meses teníamos un evento de derrumbe local. Estábamos de acuerdo en que había peligro y que un accidente grave podía ocurrir en cualquier momento y eso nos preocupaba sobremanera”.

Durante el 2003 la reparación general del edificio comenzó a preverse. Sin embargo, la dirección de la Universidad decidió priorizar la restauración de la Facultad de Derecho, lo que sumó algunos años más de deterioro para la de Física. Finalmente se decidió que la inversión comenzaría a fines de 2006.

“En aquella época para acometer este tipo de trabajo había que desalojar el edificio completamente y hacer de una vez toda la reparación. Situación complicada porque desocuparlo significaba una mudanza monumental. Escenario agudizado por las especificidades propias de la Facultad de Física al contener muchos equipos de laboratorio”.

La mudanza hacia los diferentes locales universitarios comenzó en el verano del 2006.

El Dr. Osvaldo de Melo narró que “las oficinas del decanato, los vicedecanatos y los departamentos pasaron a ocupar los privados de la Biblioteca Central de la Universidad.

“Los laboratorios docentes fueron repartidos entre la Facultad de Matemática y Computación, los camerinos del teatro de la de Biología, el Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales (IMRE) y el edificio Varona, en cuyas aulas, además, impartíamos lecciones a los estudiantes de Física e Ingeniería”.

Simultáneamente se desarrolló un cambio de dirección dentro de la facultad. El Dr. Ernesto Altshuler asumía la responsabilidad de liderar a un grupo importante de profesores, trabajadores y estudiantes que abandonaban su casa para instalarse, hasta nuevo aviso, en locales cedidos por otras facultades.

De Melo relata que Altshuler quien culminó la mudanza. “El traslado lo hicimos con recursos propios. Con la ayuda de estudiantes y profesores.

“Particularmente impresionante fue la subida de aires acondicionados de 1,5 toneladas por la pequeña escalera de caracol que lleva al último piso de la Facultad de Matemática donde estaría el laboratorio de Electrónica. También el acarreo en carretillas de buena parte del equipamiento de los laboratorios docentes al edificio que ocupa Biología.

“No obstante, tuvimos la cooperación de los decanos de Matemática y Biología, de la directora de Información Científico Técnica, de la dirección del IMRE y de la administración del edificio Varona en este proceso”.

Al respecto, Ernesto Altshuler recordó que “fue una partida muy dolorosa porque consistió en explorar y evaluar diversas áreas de la Universidad de La Habana, a las cuales mucho le tenemos que agradecer, para ver qué posibilidades teníamos de trasladarnos allí.

“Esta no es una facultad que simplemente necesite de aulas, sino de laboratorios docentes que le prestan servicios de clases a no menos de siete licenciaturas y eso había que mantenerlo, así como la investigación.

“Como decano creo que me tocó la etapa más dura, la de abandonar el edificio. Era psicológicamente muy fuerte porque es el trabajo inverso a lo que uno quiere, que es volver”.

El Dr. Altshuler reconoce estar muy contento, pues este fue el lugar donde estudió y defendió su licenciatura y doctorado y donde muchos años antes, su padre, el Dr. y Académico de Mérito José Altshuler se recibió de ingeniero eléctrico.

“Este es también el centro de física más importante del país, el más grande, sin menospreciar a los demás. Lo cierto es que lleva siendo más años Facultad de Física que de Ingeniería y Arquitectura. Realmente ya es más nuestra que de los ingenieros y arquitectos”.

Sin embargo, alerta que a pesar de que tener un centro físico, en el sentido del terreno, es muy importante, hay una serie de deudas de la obra civil que quedan pendientes.

“Es un edificio vistoso y los aspectos fundamentales están terminados, pero hay detalles que deben perfeccionarse. Tal es el caso de las ventanas semidestruidas del cuarto piso o defectos en el techo”.

Para la Dra. María Sánchez Colina, regresar a “su casa”, como la llama, es un sueño cumplido. Ese fue el lugar donde estudió, se enamoró de un Físico y donde su hija siguió sus pasos.

También fue el lugar que dirigió desde el 2009 hasta el 2014, en lo que considera una etapa ardua.

“A mí me tocó lidiar con la nueva dirección de la Universidad que en ese momento sufrió un cambio y fue muy difícil, porque no siempre sentí que comprendieran lo que representaba para los físicos cubanos que nuestra casa estuviera deambulando.

“Pienso que lo que hicimos fue una hazaña. Hay cosas que se afectaron, porque no es lo mismo estar sentado en un aula con sillas mirando al mar que en un teatro roto, con cuatro asientos y los estudiantes sentados en cajas. Pero la solidez de nuestra carrera se mantuvo”.

Maruchy como la suelen llaman agradece haber vivido momentos especiales como decana de su facultad. “Celebrar el aniversario 50 de la carrera en 2012 o los 30 años del vuelo de Arnaldo Tamayo al cosmos, donde varios de los experimentos realizados allí fueron diseñados por nuestros profesores fue muy emotivo para mí”.

Por su parte, Arbelio Pentón Madrigal, ex decano de ese centro de referencia para los físicos cubanos, recuerda que fue él quien recibió en septiembre de 2016 los primeros pisos restaurados y en 2018 el segundo nivel donde radicarían los laboratorios docentes.

“El inicio constituyó todo un reto. Devolverle a parte del edificio su funcionalidad, que los estudiantes y trabajadores pudieran darle vida a las aulas y oficinas tomó un tiempo”.

Con la Facultad de Física completamente renovada y en manos de profesores, trabajadores y estudiantes inicia un nuevo periodo.

“Recuperar todos los pisos es lo que faltaba para que nuestra facultad rescatara su personalidad. Unir en un mismo lugar docencia e investigación”, apuntó Pentón Madrigal.

“Ahora bien, solo comienza una nueva etapa después de concluida la obra civil, en la que tomará un tiempo importante reconstruir, rescatar y poner en marcha los laboratorios de investigación.

“Unos han conseguido sobrevivir todos estos años y otros nuevos han surgido. Sin embargo, existen algunos cuyo equipamiento no logró superar el tiempo o sencillamente quedaron obsoletos”.

Para la Dra. Aimé Peláiz, actual decana, “han sido múltiples los aciertos, desaciertos, alegrías y sufrimientos, pero lo más importante es que se ha alcanzado la meta y son muchos los que lo han hecho posible”.

Pero en lo que todos coinciden es en que los físicos tienen un problema genético llamado optimismo, de ahí que esta empresa, por muy difícil que resultara, tenía necesariamente como destino final el regreso a su casa.

 

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