Gilberto Silva: el hombre que ama a los murciélagos

Autor: 

Pedro Pablo Chaviano
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26 Marzo 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

Archivo de Juventud Técnica.

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Había comenzado la necesaria reparación del Capitolio, pero un problema amenazaba con paralizar este proceso. El colosal tamaño del inmueble y años de descuido provocaron la presencia de una especie animal especialmente común en Cuba: el murciélago.

Una comunidad de estos mamíferos voladores se interponía en el camino de la reparación más simbólica de La Habana y era necesario encontrar un modo de lidiar con este fenómeno de manera “pacífica, que evitara el exterminio o la fumigación.” Para ello, buscaron al mayor especialista de murciélagos en Cuba, un estudioso que ha dedicado su vida entera a ello: Gilberto Silva Taboada.


Nacido en La Habana, el 21 de noviembre de 1927, acumula hoy 91 años. En la actualidad es uno de los grandes investigadores de las ciencias naturales, tanto en nuestro país como a nivel mundial.

El uso de estas palabras: investigador, científico, estudioso… lo pueden calificar desde el punto de vista del quehacer, pero en cierto sentido no captan su personalidad. Más correcto sería llamarlo “aventurero”. Cuevas, montañas, bosques y exploraciones fueron su rutina durante mucho tiempo. En este momento de la vida todavía puede correr, incluso salta o se agacha como si los años tuvieran menos peso sobre él.

Su mirada tiende a ser inquieta, no permanece mucho tiempo fija en un mismo objetivo, pero se relaja al comenzar a hablar. En un principio le cuesta, intenta recordar el día preciso, la hora exacta, haciendo un espectacular ejercicio de memoria para su edad. Luego se deja llevar y sin perder de vista las fechas se pierde (o más bien se encuentra) en medio de un caudal de historias que logran sumergirte en sus experiencias y casi revivirlas junto a él.

Es interesante observar cómo, a pesar de ser una personalidad de tanto valor para las ciencias cubanas, Silva casi cuenta su vida como un espectador más. Muchas veces en sus relatos están presentes Fidel o Núñez Jiménez, pero en vez de resaltarse a sí mismo como héroe, prefiere expresar la gran admiración que sentía por el Che con quien trabajó, o contar las peripecias de su propio padre, tan impresionantes como las suyas.

 

Fotos: archivo de Juventud Técnica.

Durante su juventud, no logró terminar la carrera debido a que después del golpe de estado de 1952, Fulgencio Batista cerró la Universidad de la Habana. Esto interrumpió sus estudios y podría haber amedrentado a cualquier otro, pero Gilberto no cursaba por la necesidad de un título, sino por una profunda curiosidad hacia una ciencia que adoraba.

Profesores de la talla de Carlos Guillermo Aguayo o Luis Howell, conscientes del nivel de dedicación que hasta el momento había mostrado, lo acogieron bajo su tutela. Atendían cada duda, cada inquietud que surgiera de sus estudios casi autodidactas.

Un evento que marcó su vida fue el día que llegó a sus manos el libro Un naturalista en Cuba, escrito por el herpetólogo y ornitólogo Thomas Barbour. Entre estas páginas encontró un capítulo titulado Bats, que abordaba el tema de los murciélagos cubanos. A partir de esa lectura empezó a interesarse por el estudio de los quirópteros.


Molossus molossus, ese era el nombre de la especie que habitaba el Capitolio de la Habana. Le tomó muy poco tiempo darse cuenta. Por supuesto, conocía esta raza; sus hábitos y conducta eran factores bien estudiados por él.

“El hecho de que nos encontremos murciélagos en construcciones hechas por el ser humano no es culpa de estos animales. Ellos llevaban casi millones de años viviendo en el territorio de Cuba antes de que fuera habitado por el hombre. De hecho, la capacidad de ocupar viviendas o construcciones de cualquier tipo es una evolución reciente”, dice Silva, remarcando la importancia de estos mamíferos voladores para la fauna de nuestro país.

En una entrevista quizás le tome solo unas oraciones, pero fueron más de 465 páginas las necesarias para dejar plasmada la importancia de dichos mamíferos. Los murciélagos de Cuba es el nombre de este libro publicado en 1979, el compendio más completo e importante dentro del estudio de los quirópteros en la Isla y que le valió importantes reconocimientos nacionales e internacionales.

No obstante, fueron largos ciclos de trabajo, una vida dedicada a estudiar y a hacer avanzar la ciencia. Uno de sus más importantes aportes es haber sido miembro fundador del Museo Nacional de Historia Natural, que no existía antes de la Revolución.

En la lista de reconocimientos a su labor como científico destacan el premio Spallanzani, por la obra de la vida — considerado como uno de los más prestigiosos en lo referido al estudio de murciélagos — , y el Premio Academia 2009, otorgado por la Academia de Ciencias de Cuba.

Pero el quehacer de un investigador no se puede cuantificar en premios, ni en el reconocimiento que ello implica, sino en sus contribuciones, en las inmensas barreras del conocimiento que va desmontando para que nuevas generaciones encuentren el camino hacia un avance aún mayor.

Para su alegría, Silva recibió hace unos tres años una llamada directa de la Universidad de Harvard. Esta academia lo escogió a él para que realizara la traducción al español del libro Un naturalista en Cuba de Thomas Barbour. Le especificaron que había sido elegido por su dominio del inglés, su trayectoria como científico en la misma rama y por haber conocido al autor en persona. Pero su regocijo se encuentra, más que en el reconocimiento indudable que ello representa, en la posibilidad de aportar a aquel libro tan decisivo en su vida. Y por supuesto, entregárselo a las nuevas generaciones, del mismo modo que le llegó a él, le resulta suficiente.


Al final la solución para el dilema de los habitantes colgantes del capitolio fue bastante simple. . No era necesario fumigarlos ni matar a ninguno. Gilberto Silva Taboada conocía con exactitud los horarios de salida y entrada de esta especie. Solo precisó que cuando los murciélagos salieran en la noche para alimentarse se cerraran todos los accesos. De esta manera se evitó que entraran en la mañana, cuando intentaran regresar.

Quizás el método parezca un poco agresivo, pero Silva sabía que, a pesar de la adaptación reciente para habitar construcciones humanas, todavía eran completamente capaces de continuar vinculados a la naturaleza. A la salida del sol ya habrían encontrado un nuevo hogar.

Ver entrevista de Video:Una edición de Pedro Pablo Chaviano, quien estuvo insertado en nuestra redacción unas semanas, como prácticas profesionales. Esperen, muy pronto, el perfil multimedia en nuestra web del mayor conocedor de los murciélgos en #Cuba, el hombre que supo cómo sacarlos del #Capitolio sin químicos, sin exterminio. #MuyPronto .

https://www.facebook.com/JuventudTecnicaCuba/videos/991247987748307/?t=0.

 

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