Hacerlo bien, siempre bien.

Autor: 

Dr Carlos Cabal
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23 Febrero 2016
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Crédito de fotografía: 

Tomada de Granma.cu

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Muchas veces se escucha la expresión “lo que hay que hacer para resolver el problema es aplicar la ciencia y la técnica”. Eso así dicho, pocos lo discutirían. ¿Pero, por dónde empezar a aplicar la ciencia y la técnica?

Para que algo se haga y funcione bien, hay que tener en cuenta muchos factores. Algunos de ellos complejos y otros sencillos, pero todos, sin exclusión alguna, son importantes e imprescindibles.

Para hacer las cosas bien hay muy pocos caminos; unas veces estos son desconocidos; otras, los caminos son conocidos, pero se olvidan o se ignoran.Para hacer las cosas mal, en cambio, hay múltiples alternativas. Si se quiere que algo se haga mal no hace falta hacer mucho esfuerzo. Basta con no dar un paso necesario o darlo en un orden arbitrario.

Hacer las cosas bien significa hacerlas siempre bien. No es suficiente saber las vías a recorrer para que así se hagan. Además, hay que crear condiciones para cuando se repitan, también siempre salgan bien. Una de las condiciones más importantes que hay que establecer es la disciplina.

La disciplina surge con la sociedad misma. Es imposible hacer vida social sin disciplina. Sin disciplina tampoco se puede producir. La complejidad y diversidad de los factores a tomar en consideración para que todo funcione bien crece vertiginosamente, a medida que la sociedad se hace más compleja. Con el desarrollo de la producción, de la ciencia, de la  técnica, a la disciplina ha habido que ponerle apellido: tecnológica. Digamos que un componente fundamental y primario, en la ciencia y la tecnología de nuestros días, es la disciplina tecnológica. Mientras más avanzada la sociedad,  más se necesita. . Cuanta  más disciplina se adquiera se logrará un progreso superior. La disciplina tecnológica, al ser uno de los elementos más decisivos para el desarrollo y la introducción de la ciencia en la práctica social, se convierte a su vez en un factor vital para que la ciencia y la tecnología sean parte de la cultura de la sociedad.

Y claro, la disciplina tecnológica no es posible sin la disciplina individual, sin la disciplina colectiva, sin la disciplina social.

La disciplina tecnológica debe consolidarse en el puesto de trabajo. Es la labor cotidiana, organizada, bajo patrones rigurosos de exigencia, con el ejemplo y las tradiciones de cada colectivo que se cultiva y se enriquece. Ella presupone crearle al trabajador y al colectivo, no solo hábitos de conducta, sino también habilidades relacionadas con la especificidad del puesto de trabajo, con la organización de todo el proceso productivo, y de toda la vida del centro laboral.

No obstante, el hombre debe llegar al puesto de trabajo con hábitos y habilidades de disciplina creados en la familia, la escuela y en la sociedad en su conjunto.

 

La escuela; en todos sus niveles; exigiendo un rigor sistemático, ascendente, armónico, didáctico, es la que debe garantizar la formación de la disciplina consciente del futuro trabajador, del futuro ciudadano. Esto se logra en el aula y en las actividades extraescolares. La disciplina a que nos referimos no es solo aquella relacionada con el respeto o el orden en la escuela, en el aula. Leer y expresarse con claridad, implica disciplina. Escribir claro, de acuerdo a las reglas gramaticales también la exige. A la hora de realizar los cálculos aritméticos, de cumplir con las tareas y las evaluaciones es necesario cultivarla.  La disciplina trae aparejada sacrificios pero esos sacrificios son siempre útiles, a la corta y a la larga. Por lo contrario, el sacrificio sin una rigurosa disciplina, es inútil o poco efectivo. Trabajar intensamente, sin disciplina, por lo general conlleva que el efecto positivo de ese trabajo sea muy pobre o nulo.

En la escuela, igual que en la producción, hay que elevar a un pedestal más alto a la disciplina, la eficacia, el rigor, la exigencia y la racionalidad. Allí,  las notas, las calificaciones, el índice académico... tienen que ser un reflejo más exacto de cuán cerca está ese alumno o grupo de alumnos de ser lo que la sociedad necesita que ellos sean. En la producción, las evaluaciones del trabajo, las promociones, los estímulos,... deben hacer corresponder cada vez mejor lo que se es con lo que se debería ser.

Los hábitos y habilidades de disciplina en el ser humano, en los colectivos y en la sociedad generan capacidades para asumir con efectividad la solución de problemas complejos de la sociedad moderna. Sin disciplina no hay ciencia, ni hay tecnología. El propio desarrollo de la economía depende en gran medida de los saltos que demos en la consolidación  de una cultura tecnológica. Defender  la Patria, además de otros cardinales factores, requiere rescatar, cultivar la disciplina y la dedicación consciente, con amor, de manera sistemática y eficiente, en la producción y la introducción de los logros de la ciencia en la vida socio económica del país.

Aplicar la ciencia y la técnica significa, primeramente, fomentar una disciplina y una cultura tecnológica. Hacer las cosas como deben de hacerse, hacerlas bien y siempre bien.

Este artículo se publicó originalmente en el periódico Sierra Maestra, el 28 de Mayo de 1997.  Por la vigencia de los temas que planeta en el contexto del reordenamiento del sistema de ciencia en el país, su autor lo ha puesto a disposición de los lectores de Juventud Técnica

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